No quiero pedir perdón CAPÍTULO 23
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CAPÍTULO 23

Sasaengs

R.E.D

Solo falta una semana para que inicie la gira, y siento que las veinticuatro horas que tiene el día no son suficientes.

Mi agenda está repleta hasta el día en que viajemos a Estados Unidos.

Entre entrevistas, fotos para revistas, invitaciones a eventos, ensayos y reuniones.

Acabamos de regresar, pero ya estamos hablando de las canciones para el siguiente disco.

De igual manera, nos preparamos para que, en cuanto termine la gira, seamos ocho.

Lee Hyun Sik es el siguiente que debe enlistarse.

Las pocas horas libres que tengo las utilizo para descansar o para componer. También trato de pasar tiempo con mi hermano y mi sobrina. En esta primera parte de la gira vamos a estar un mes fuera.

Hoy es uno de esos días en los que tengo unas horas libres antes de ir a ensayar con los miembros.

Tuve una sesión de fotos muy temprano que duró casi siete horas.

Luego regresé a mi casa y dormí dos horas.

Ahora estoy a punto de salir para ir a comer a casa de mi hermano.

Es sábado, y eso lo sé gracias a que he visto el calendario, porque con tanto trabajo ni siquiera soy consciente de qué día de la semana es.

Tomo las llaves de mi auto y me miro en el espejo antes de salir. Hace unos días mi cabello volvió a su tono negro, y eso me facilita mezclarme entre la gente. Aún lo tengo corto. Me puse ropa cómoda para ensayar. Después de la comida debo ir directo a la agencia.

Estoy por salir de casa cuando el intercomunicador del edificio comienza a sonar.

Atiendo, y desde la recepción me dicen que han llegado varios regalos a mi nombre y que acaba de llegar una entrega de comida a domicilio.

Le doy las gracias a la persona de seguridad del edificio.

Le pido que, por favor, se deshaga de los regalos y también de la comida. No he pedido nada.

Por mucho que quisiera mantener el lugar donde vivo de forma privada, ha sido imposible, pero debo decir que la seguridad, por lo menos, es bastante buena.

No solo soy yo; hay varias celebridades que viven en este edificio.

Las fans son importantes, pero aquellas que no conocen límites son realmente molestas.

No solo son las llamadas telefónicas, también son los regalos que mandan a mi casa, o cuando publican en las redes sociales fotos de mis días libres.

Las ocasiones en las que invaden mi tiempo personal.

Pero lo que aún me molesta más es cuando molestan a mi familia.

Yo puedo soportarlo, pero no es justo que ellos tengan que pasar por algo así.

Camino a casa de mi hermano, desconecto mi mente del trabajo para disfrutar de un par de horas simplemente como Ji Soo.

Toco el timbre del apartamento y puedo escuchar la televisión y las risas de mi sobrina. Eso es todo lo que necesito en este momento. Mi cuñada abre la puerta y nos saludamos. Ji Hoon está en la cocina, y mi sobrina está en medio de la sala, rodeada de juguetes y a la vez viendo dibujos animados.

—Su Min, saluda a tu tío.

—Tío, annyeonghaseyo —dice con su vocecita, y quiero comérmela a besos.

Me acerco y la abrazo. Me encanta lo pequeña que es. Me gustaría que se quedara así para siempre. Recuerdo la primera vez que la vi: era tan diminuta que me daba miedo tomarla en brazos.

—La comida está casi lista. Lleva a Su Min a lavarse las manos.

—Hola, hermano. No te cuesta nada saludarme.

—Hola, hermanito. Ahora lleva a Su Min a lavarse mientras ponemos la mesa.

Así lo hago. La llevo conmigo y la ayudo a lavarse. Al volver, vamos directo a la mesa y la siento en su silla.

—¿Ya están listos para iniciar la gira?

Da Li está sentada junto a su hija mientras esta come.

—Sí, ensayamos a diario y de verdad estamos ansiosos por comenzar. Aunque luego seguro nos vamos a quejar de lo cansados que estamos.

—Podrás ver a papá y mamá. —Ji Hoon también está pendiente de Su Min mientras come.

—Sí, eso me tiene animado. Ojalá pudiera quedarme por más tiempo.

Mientras comemos, me cuentan sobre las últimas hazañas de mi sobrina, quien ha resultado ser un poco inquieta. No paro de reír con sus ocurrencias.

Antes de irme, me ofrezco para ayudar a limpiar. Ji Hoon y yo recogemos todo y lo llevamos a la cocina.

—¿Has estado bien?

—Sí, mi agenda está hasta el tope, pero estoy bien.

—Es tu primera gira después de mucho tiempo.

—Me voy a cuidar.

A través de los años, claro que he pasado por algún músculo lastimado. Nada de gravedad. Nada que me haga estar fuera del escenario.

—¿Has sabido algo de la chica de la cafetería?

—Ha pasado más de un mes. Tengo entendido que iba a pasar las fiestas con su familia. Que, por cierto, no sé dónde es.

—No me dijiste que te dio su teléfono. ¿No le has escrito?

—He estado tan ocupado que, cuando lo recuerdo, es muy tarde para enviar un mensaje.

—Creí que esa chica había causado un gran impacto en ti. Tomando en cuenta que fuimos hasta esa cafetería sin saber si la encontraríamos. Pero parece que no fue así.

—Sí, lo hizo. Pero sabes que no es tan fácil.

—Deberías escribirle —me dice antes de salir de la cocina.

Saco mi teléfono del bolsillo de mi pantalón. Miro la pantalla durante un largo rato. No sé qué decirle.

Ji Soo:

Annyeonghaseyo. Deseo que hayas pasado felices fiestas junto a tu familia.

Espero que nos podamos volver a ver cuando esté de regreso.

Esta última línea me tomó varios minutos escribirla. Borré y escribí varias veces. Ha pasado poco más de un mes desde que nos vimos en mi cumpleaños. Y ahora, de la nada, aparezco. Soy un tonto. Me guardo el teléfono y me dispongo a despedirme para ir a la agencia.

—Cuídate. Come bien, no bebas tanto y no te lastimes.

—Ahn Ji Hoon, estaré bien. Pareces mi padre.

—Siempre seré tu hermano mayor.

Cuando llego a la agencia, voy a la sala de práctica.

Soy de los primeros en llegar y no me sorprende ver las cámaras.

Filman los ensayos para crear contenido para nuestro canal de YouTube.

Saludo a los miembros y a las personas del equipo.

Luego me dirijo a una esquina, me siento en el piso y saco mi teléfono.

Estoy viendo unas fotos que me envió mi hermana cuando justo llega un mensaje, y al ver el nombre de quién lo envía, sé que la sorpresa se dibuja en todo mi rostro.

Leilani:

Hola. Espero que también hayas pasado unas bonitas fiestas. Mañana viajo de regreso a Seúl.

Me río como tonto al ver su respuesta. Algunas personas del staff me observan, pero no les presto atención.

Ji Soo:

Mi agenda está repleta, pero si logro encontrar unas horas libres, ¿podríamos vernos para un café?

Luego de darle al botón de enviar, me digo que no he pensado bien mis palabras. No puedo salir a la calle como cualquier persona a tomar un café con una mujer. Mientras espero que me responda, me doy golpecitos en la frente con el teléfono.

—Detente, vas a hacerte daño.

Levanto la mirada para encontrarme con Se Rim, parado frente a mí con las manos en los bolsillos de su pantalón. Luce bastante relajado.

—¿Pasó algo? —Se sienta a mi lado.

Le muestro mi teléfono para que lea los últimos mensajes.

—¿Es la chica de la fiesta?

Asiento.

—Sé lo que estás pensando. Siempre hay una forma, pero tienes que ser muy cuidadoso.

No alcanzo a ver la respuesta a mi mensaje porque nos llaman para iniciar el ensayo. Es casi medianoche cuando terminamos, y recuerdo revisar mis mensajes.

Leilani:

Claro, me dejas saber el día y la hora.

Ji Soo:

Revisaré mi agenda.

Ayer, o debo decir hace unas horas, mientras regresaba a casa, no podía parar de pensar en cuál es la mejor manera de poder tener ese encuentro con ella sin sentirme atormentado por la idea de que alguien nos pueda ver.

Me gustaría poder conocerla mejor y también pasar tiempo con ella, pero tengo que ser realista, porque me toca hacer las cosas de forma diferente.

Estoy terminando de desayunar antes de que mi mánager pase por mí para llevarme a la agencia a una reunión, y luego Se Rim y yo iremos a un photoshoot para una revista.

Al final del día regresaremos a ensayar.

El intercomunicador de la puerta suena y miro el reloj: llegaron por mí.

Mi mánager tiene la clave de acceso, pero me levanto para ver la pantalla y le abro la puerta.

He aprendido que debo confirmar que es alguien conocido antes de abrir.

De igual manera, él sabe que, si estoy en mi día libre, no está permitido entrar a mi casa.

Solo tiene la clave en caso de que me quede dormido o de una emergencia.

Le ofrezco una taza de café mientras voy a buscar mi bolso para salir. En el camino hablamos de la gira y de los lugares donde vamos a ir por primera vez. Atlanta es una de esas ciudades que no hemos visitado antes. Espero que tengamos tiempo para explorar un poco la ciudad.

Ya en la agencia, me dirijo a una de las salas de juntas.

Poco a poco todos comienzan a llegar, y unos minutos después da inicio la reunión.

Hablar de lo que va a suceder en el futuro es algo que puede asustar a muchos.

Para nosotros, planificar lo que va a ocurrir, prácticamente en un lapso de un año, es normal.

Sabemos que puede haber cambios en el camino, pero conocemos la dirección en la cual debemos ir.

Se Rim y yo nos retiramos un poco antes de que termine la reunión, ya que debemos ir a cumplir con nuestra agenda, en la cual vamos a tomarnos unas fotos para una revista.

Nos desplazamos juntos en el mismo auto y aprovechamos para hablar de temas tan triviales como que su madre lo ha llevado a comprar ropa, como si su clóset no estuviera ya lleno.

Hemos atravesado la ciudad para llegar al lugar donde serán las fotos.

Ya allí, vamos al área de maquillaje y peinado.

En las siguientes cinco horas nos tomamos tantas fotos, juntos y separados, y hay tantos cambios de vestuario, que me hacen sentir un poco mareado.

Al terminar, necesitamos ir a comer antes de regresar a la agencia para el ensayo.