No quiero pedir perdón CAPÍTULO 22 #3
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CAPÍTULO 22 #3

La tienda que está a mis espaldas es una de ropa para niños, pero eso es lo que menos importa en este momento. Me muevo hacia la entrada. Veo cómo sigue observándome y vuelve a sonreír.

—Ya estoy dentro de la tienda.

—Dime el nombre.

Veo los carteles y le doy el nombre.

—Bien. Necesito que te mantengas dentro, no te muevas de allí.

No sé cuánto tiempo ha pasado cuando veo a aquel hombre parado en la parte de afuera de la tienda, viendo hacia donde yo estoy.

Sostengo el teléfono tan fuerte que la mano me duele.

Los ojos se me llenan de lágrimas y mi respiración se acelera.

Recuerdo entonces lo que sucedió años atrás, justo en un centro comercial, cuando nos vio a Claire y a mí y nos tomó unas fotos.

—No le des ese poder, Leilani. Respira hondo.

Por un momento siento como si Tae Yang estuviera parado a mi lado.

—Ya vamos por ti.

Cierro los ojos un momento para poder recuperar la compostura y respiro hondo. Al volver a abrirlos, el hombre no está. Miro alrededor de la tienda, me siento desesperada, no sé si ha entrado, pero no logro verlo por ningún lado.

Sé que ha pasado largo tiempo cuando una de las chicas se me acerca para preguntarme si necesito ayuda. Tae Yang está al otro lado de la línea tratando de estar presente mientras da órdenes.

—Viene hacia mí.

Alcanzo a decir cuando lo veo caminando hacia donde estoy. Comienzo a temblar y mi cuerpo se contrae de tal manera que me empieza a doler.

—Es una excompañera de la universidad, que tenía muchos años sin ver —le dice a la chica que está con él, mientras le pide que lo espere en la entrada—. Acércate a alguien del personal de la tienda.

Intento hacerlo, pero mi cuerpo está tan contraído que mis pasos son tan erráticos que lo siguiente que pasa es que él me corta el paso.

—Leilani, ha pasado mucho tiempo.

El teléfono casi se me cae de la mano.

—Maldita sea, ¿dónde está? —escucho a Tae Yang gritar—. Sarang, escúchame, aguanta un minuto más. Verás a un hombre entrar a la tienda, se llama Alexander Lachlan, es un amigo mío.

Trato de moverme, pero mi cuerpo no responde. Estoy anclada al piso. Tengo frente a mí al hombre que me acosó hasta llegar a golpearme.

No es hasta que un hombre alto se para a mi lado, y veo cómo aquel otro hombre da unos pasos atrás, que puedo parpadear e intentar entender qué está pasando.

—Señorita Smith, soy Alexander Lachlan, amigo del señor Park. Me pidió que viniera por usted.

No logro dar ni un paso hacia adelante y me desvanezco.

Han pasado dos días desde el encuentro en el centro comercial.

Aunque fue algo inesperado y solo por mera casualidad, me removió tanto que tuve que llamar a la que en su momento fue mi psicóloga.

Necesitaba que alguien me escuchara y me ayudara a guiar mi mente a un lugar seguro nuevamente.

Aquella tarde, cuando desperté en casa, me encontré con la misma mirada triste y llena de culpa que tenía Claire en aquel entonces.

—No es culpa tuya.

—Debí estar contigo. Hubiera podido, por fin, golpear a ese maldito.

Casi tres horas de carretera nos separan de Sídney. Vamos en camino hacia Hyams Beach. El caluroso día de verano va cambiando de imagen mientras salimos de la ciudad y nos dirigimos hacia la playa.

Me siento tranquila. Ya ha pasado el shock de aquel día y pretendo disfrutar de mis últimos días en casa.

En un momento me sentí culpable por no poder reaccionar de manera diferente ese día en el centro comercial.

Me sentía culpable de que él se diera cuenta de que su presencia me afectaba, pero luego de hablar con mi psicóloga entendí que hice lo que debía hacer.

Aunque hubiera sido más rápido llamar a mis padres o a Claire, reaccioné de la forma que recordaba debía hacer si me sentía en una situación de peligro.

Tomar mi teléfono y llamar a mi contacto de emergencia. Park Tae Yang.

El hecho de que Tae Yang pudiera contactar a alguien tan rápido solo refuerza que la familia Park cuenta con muchas conexiones, y es capaz de mover sus hilos a kilómetros de distancia.

Tuve que asegurarle a Tae Yang que estaríamos bien yendo sin seguridad a pasar año nuevo en la playa.

Fue una discusión bastante extensa, y no le bastó con una llamada.

Hizo una videollamada conmigo que duró casi una hora.

—No es necesario que un guardaespaldas me acompañe.

—Él sabe que estás en Sídney y no me voy a sentir tranquilo hasta que te subas al avión.

—Tú mismo me dijiste que no le diera poder. Eso es lo que estamos haciendo si no puedo volver a salir de mi casa sin que alguien me acompañe. Iremos a pasar año nuevo a la playa y voy a estar bien. Estaré rodeada de gente.

Mi argumento siguió por unos sólidos quince minutos hasta que por fin lo dejó pasar.

—Está bien. El día que vayas al aeropuerto, Lachlan te acompañará.

—Puedo ceder en eso.

No tenía ganas de seguir discutiendo con él.

—Cuando llegues a Seúl, Kang Han Se va a estar esperando por ti.

—¡Director Park!

—Aquí estaremos por horas. Yo no voy a ceder tan fácil.