No quiero pedir perdón CAPÍTULO 22 #2
47%

CAPÍTULO 22 #2

Hablamos durante un rato sobre mi experiencia en el concierto, y a pesar de que nos contamos todo, prefiero no hablar sobre el hecho de haber conocido a uno de ellos y de haber ido a su fiesta de cumpleaños.

Prefiero no alimentar algo que seguro no va a volver a pasar.

Más adelante se lo contaré. Cuando no sea más que algo para recordar.

La tarde comienza a caer sobre la bahía y me desconecto por un momento con la vista. Vivir lejos me ha enseñado también a valorar más el lugar de donde vengo.

—Me encanta que estés en casa.

Claire y yo nos damos otro abrazo antes de despedirnos en el estacionamiento.

—Nos vamos a divertir mucho en estas vacaciones. Muero por ir a la playa.

Quedamos en vernos dentro de unos días para que por fin pueda conocer a su novio.

Mis días en casa transcurren con total calma. Como no trabajo durante las vacaciones, ocupo mi tiempo haciendo todo lo que se cruce en mi camino. He estado leyendo mucho para poder compensar el tiempo en que no lo hago porque estoy trabajando.

Unos días antes de Navidad, conozco al novio de Claire y debo admitir que es un chico muy agradable, y que se nota a kilómetros de distancia que está enamorado de ella.

Me siento feliz por mi amiga. Se merece solo cosas bonitas, y también me alegra que haya una persona en su vida que pueda estar pendiente de ella.

La distancia que me separa de Seúl no quiere decir que me haya desconectado del todo de mi vida allí.

Me he mantenido en comunicación con Hyun Jin, quien me repite que me extraña, pero que a la vez le alegra que esté con mi familia.

Y, por qué no decirlo, también me ha hecho reír mucho al recordarme cuánto me odia porque las temperaturas en la capital de Corea del Sur están bajo cero mientras aquí estamos en pleno verano.

También he hablado con Tae Yang, aunque las charlas con él tienen un tono un poco más serio. Hemos estado hablando del libro que me regaló y que terminé de leer hace unos días.

—Estaré de regreso para celebrar Seollal.

—Voy a estar fuera del país. Tenemos que viajar luego de año nuevo; estaré de regreso hasta mediados de febrero.

—No lo recordaba. Hyun Jin tampoco estará. Va a ir a Estados Unidos, en parte de la gira, para encontrarse con aquel chico que conoció.

Eso me hace recordar que, desde que llegué a casa, no he tenido noticias del chico de la cafetería. Me siento un poco tonta refiriéndome a él de esa forma. Pero es que no sé cómo hacerlo. No nos conocemos bien y no sé si nos volveremos a ver.

Hoy es Navidad, estamos en la playa, y aprovecho para enviarle un mensaje a mis amigos bajo cero en Seúl.

Mientras Hyun Jin me repite mil veces que me odia, Tae Yang me dice que espera algún día poder pasar unas fiestas en un lugar como en el que estoy.

Ambos son tan diferentes, pero al mismo tiempo tan parecidos.

Tae Yang ama a su hermana como nadie, y a pesar de que pelean, o en ocasiones él puede sonar duro con ella, sé que la quiere como a nadie.

También estoy segura de que en algún momento de su vida llegará esa mujer a la que amará con toda esa intensidad.

Recuerdo la primera vez que lo vi, aunque fue a través de la pantalla de una computadora; el impacto que sentí fue algo inesperado.

Luego, cuando nos conocimos en persona, debo decir que me dejó aturdida.

Es un hombre con una belleza difícil de explicar, y aunque al principio puede dar una imagen dura, cuando lo conoces te das cuenta de que es un hombre maravilloso.

El sonido de mi teléfono me saca de mis pensamientos sobre Tae Yang. Es una videollamada de Hyun Jin.

—Te odio.

—Me llamas para repetirme lo que me has estado diciendo desde que llegué. —Me río porque sé que no lo dice con mala intención.

—Hoy estamos a menos quince grados y tú, mientras tanto, en la playa bronceándote.

—Te llevaré Tim Tams.

—Más vale que vengas con una maleta cargada.

Siempre regreso con muchos regalos para ellos, aunque siempre me dicen que no es necesario que lo haga. Y desde que les llevé Tim Tams por primera vez, tengo que llevarle por separado a los hermanos Park.

—¿Qué harán hoy?

—Papá, Tae Yang y yo vamos a cenar juntos en casa. Será temprano. Mi hermano va a salir con sus amigos.

—¿Y tú?

—Mis amigos me invitaron a salir, pero aún no sé si lo haré. Este año está siendo diferente: Morgan está en Estados Unidos y tú en Australia.

—Pero yo vengo a Australia cada año.

—Sí, pero esta vez es diferente. No quiero que me malinterpretes. Sé cuánto planeas este tiempo con tus padres, pero es raro.

Sus palabras me dejan un poco preocupada. No quiero pensar que algo esté pasando, pero no insisto.

Claire y yo nos veremos esta tarde después de su trabajo.

Antes de eso voy a aprovechar para ir a Westfield a comprar algunos regalos que me hacen falta.

Este año vamos a pasar año nuevo en Hyams Beach.

Hace mucho tiempo que no vamos a esta playa, por lo que estoy ansiosa.

Como siempre, hemos rentado una casa y pasaremos unos días allí.

Pero, al regresar, voy a volar a Seúl. Por eso debo aprovechar este par de días en Sídney para comprar lo que me hace falta, porque luego no tendré tiempo.

Le envío un mensaje a Claire avisando que he llegado al centro comercial y que me deje saber cuándo haya terminado con el trabajo, para poder salir de aquí y llegar a tiempo al lugar donde vamos a cenar.

Quiero aprovechar bien el tiempo, por lo que hice una lista de lo que voy a comprar y los lugares donde lo puedo encontrar.

El lugar no está tan lleno y me muevo con tranquilidad por las tiendas.

En el segundo piso hay una tienda donde venden ropa de caballeros.

Sé que Tae Yang se va a enojar conmigo, pero eso no me preocupa.

Su padre y él usan corbata en el trabajo.

Veo también unos gemelos de plata que son perfectos.

Pido que los pongan en unas cajas de regalo, y una de las dependientas de la tienda me ofrece unas tarjetas con un grabado elegante para poner los nombres.

Al terminar, me entregan las cajas y salgo.

Ya solo me falta comprar un regalo más y estaré lista.

Camino hacia las escaleras cuando, en medio de la gente que viene subiendo, lo veo.

El cuerpo se me congela. No puede ser él.

Viene tomado de la mano de una chica. Ambos sonríen.

Alcanzo a dar unos pasos hacia atrás y, sin querer, tropiezo con una persona.

Y es en ese momento que él levanta la vista y nuestras miradas se encuentran.

Hace cinco años que no lo veía. Por su culpa, mi vida dio un giro tan inesperado que me hizo mudarme de casa y refugiarme en otro país.

Él sonríe y se me hiela la sangre. Logro alejarme de la escalera, pero no sé qué hacer. Aunque toman dirección contraria a donde estoy parada, se voltea varias veces, y me parece escucharlo decirle a la persona que va con él que ha visto a alguien que conoce.

Sin querer, choco con la pared. Abro mi cartera y logro sacar mi teléfono. No le quito los ojos de encima, y él se detiene frente a una tienda; la chica entra y él saca su teléfono y se mantiene afuera, observándome.

Con el teléfono en la mano, de forma automática marco el número uno. Mi llamado de emergencia. Y no es hasta que escucho su voz que mi mente se percata de que la persona que me contesta está a kilómetros de distancia.

—¿Sarang?

Escucho que repite mi nombre varias veces y su tono va pasando de la normalidad a la desesperación.

—Sarang, respóndeme. ¿Qué pasa?

—Tae Yang. —La voz me tiembla—. Él está aquí.

—¿Quién? Sarang.

—El hombre que me acosaba hace cinco años. Está parado a unos metros y no me ha quitado la mirada de encima.

—¿Dónde estás? ¿Estás con alguien?

—No, estoy sola en Westfield, un centro comercial.

Lo escucho maldecir, y en el fondo de la llamada hay ruidos de puertas y movimiento.

—Necesito que hagas exactamente lo que te diga. Respira, Sarang, no va a pasar nada. Entra a la tienda que tengas más cerca y mantente conmigo en el teléfono.

Lo escucho gritar:

—¡Necesito a alguien en Sídney, ya!