CAPÍTULO 22
Mi casa y los recuerdos
Sarang
Llegué a Sídney hace tres días y me he dedicado a comer y dormir. Regresar a casa me hace sentir bien. Me recarga de nuevas energías poder disfrutar de la comida de mamá todos los días, de las conversaciones con papá. Mis encuentros con mis amigos y pasar tiempo con Claire.
Me alegra haber podido llegar a este punto en el cual he logrado equilibrar mi vida de la mejor forma. Y cuidar de mi salud mental ha sido un factor importante. He vivido un proceso de sanación que me ha tomado tiempo, pero puedo decir que, luego de cinco años, me encuentro en un lugar mejor.
Esta tarde veré a Claire. Iremos al distrito de negocios, a un lugar que se llama Café Sydney.
Yo nunca he ido, pero Claire lo conoce muy bien y me ha contado que tiene una vista maravillosa de la bahía de Sídney.
A pesar de que vengo a casa cada año, hay mucho que ha cambiado, y también nosotras lo hemos hecho.
Claire sigue siendo la misma en muchos aspectos, pero en otros ha...
no puedo decir “cambiado”; más bien ha madurado.
Hemos madurado ambas. Ahora trabaja en otra agencia de marketing y tiene un equipo de personas a su cargo.
Siempre me dice que hablar de “equipo” es mucho decir cuando en realidad son solo dos personas, pero a mí no me importa lo que ella diga.
Me siento orgullosa de lo mucho que ha crecido como profesional.
Su vida personal también ha dado un giro, y está saliendo con un chico al que espero conocer durante esta visita.
Se llama David y me ha hablado tanto de él que siento que lo conozco.
Me ha mostrado fotos, pero no es lo mismo.
En el fondo, Claire sigue siendo mi amiga del colegio.
La que fue mi primera lectora y que lo ha continuado haciendo a través de los años.
Con la que paso los veranos yendo a la playa y con la que disfruto hablar de cualquier cosa.
Mis padres no están en casa cuando por fin hago mi camino hasta la cocina en busca de una taza de café.
Regreso a mi habitación y busco uno de los libros que traje para leer.
Durante las vacaciones procuro no trabajar.
Estoy iniciando un nuevo proyecto, y lo único que me tengo permitido es tomar notas en una de mis libretas.
Tengo todo el día para simplemente no hacer nada antes de tener que arreglarme para salir de casa, por lo que me desconecto del mundo y me sumerjo en las páginas del libro que estoy leyendo.
No sé cuánto tiempo ha pasado, pero el hambre me hace despegarme de las páginas para ir en busca de algo de comer. Parece que aún sigo estando sola en casa. Busco en el refrigerador algunas sobras de la comida de ayer y las meto en el microondas. Mientras la comida se calienta, sigo leyendo.
El pitido del aparato me hace dar un brinco y decido que mejor pondré en pausa un momento el libro y comeré tranquila. Me sirvo la comida y también un vaso de agua. Recuerdo entonces que dejé mi teléfono en la habitación y subo a buscarlo.
Mientras como, reviso las redes sociales.
Paso mucho tiempo viendo las reseñas o vídeos que hacen los lectores hablando sobre mis libros.
Si alguien me hubiera dicho, cuando comencé a escribir, que me dedicaría a lo que me apasiona de verdad, no lo podría creer.
De igual manera, pensar que me mudaría, diría que me estaban tomando el pelo.
Han pasado cinco años desde que me mudé a Seúl y todavía sigue siendo un tema de conversación en casa.
Tengo claro que mi decisión de mudarme a otro país fue impulsada por todo lo que me estaba pasando en ese momento.
Era mi manera de escapar de toda la situación.
Desconectarme y poner distancia con la persona que me estaba acosando.
Irme fue mi válvula de escape. Pero ahora que todo ha quedado en el pasado, mis padres, o debería decir de forma concreta, mi madre, me han preguntado varias veces si no es momento de regresar a casa.
Me ha recalcado varias veces que puedo regresar a casa con ellos, y que respetarán mi decisión si quiero vivir sola en otro lugar.
Pero, a pesar de eso, por el momento, regresar no está dentro de mis planes. Tal vez más adelante lo haga.
Estoy terminando de limpiar cuando escucho la voz de mamá desde la puerta. Unos segundos después la veo colocar unas bolsas llenas de frutas sobre la mesa.
—Hija, ¿dormiste bien?
Se acerca a mí y me da un beso en la frente. Siempre lo ha hecho desde que era una niña.
—Es asombroso cómo mi cama sigue sintiéndose tan suave y familiar.
Ambas nos miramos durante unos segundos y yo espero, con temor, que toque el tema de regresar a casa, pero al final no lo hace.
Decide, en su lugar, ordenar todo lo de la compra.
Sobre la mesa está el libro que estaba leyendo, y veo que lo observa con cara de no entender nada, y eso me hace sonreír.
—¿Qué estás leyendo?
—Es una novela de suspenso que me regaló Tae Yang.
Vuelve a mirar la portada oscura del libro.
—Has avanzado mucho en el idioma cuando ya puedes leer libros completos.
—A veces tengo que buscar ayuda si no entiendo alguna palabra.
Me acerco, tomo el libro y mi teléfono.
—Voy a darme una ducha. Esta tarde voy a salir con Claire.
—Diviértanse.
Tomo la llave del auto de mamá y salgo de casa con suficiente tiempo para llegar, pero también para dar una vuelta por la ciudad.
Aunque vengo cada año, siento que en ese tiempo la ciudad cambia tanto.
Todos me dicen que no es así, pero para mí sí lo es.
Es realmente maravilloso no tener que llevar capas de ropa encima gracias al invierno.
Aunque hoy el día está bastante fresco, no estamos a menos cero grados como está Seúl en este momento.
Navegar a través del distrito financiero de la ciudad me hace recordar cuando era adolescente y soñaba con trabajar en uno de estos altos edificios.
En ese momento, escribir era un pasatiempo.
Al llegar donde me ha citado, me siento un poco fuera de lugar.
Se nota que la mayoría de las personas están saliendo del trabajo mientras yo estoy de vacaciones.
Le envío un mensaje a Claire para avisarle que ya he llegado y pido una mesa para nosotras.
Aprovecho que el lugar no está tan lleno para tomar unas fotos.
La vista de la bahía es todo un espectáculo.
Le envío una de las fotos a Hyun Jin. La he invitado varias veces para que venga conmigo a Australia, pero su trabajo no ha dejado que nos podamos organizar.
Mientras espero, pido una bebida. Un mocktail no me hará daño. Pongo mi teléfono a un lado para no distraerme. En los últimos años he aprendido a disfrutar de estos momentos en los cuales solo soy yo con mis pensamientos. O, simplemente, no pensar en nada.
No sé cuánto tiempo pasa antes de que vea a Claire entrar en el lugar.
La última vez que nos vimos fue justo hace un año, cuando vine para esta época.
Con su trabajo, y ahora su vida de pareja, todo ha cambiado.
Creo que cada una ha encontrado su camino.
No puedo pedirle que vaya a visitarme, aunque la invitación siempre está abierta para cuando quiera hacerlo.
Ella también me ha preguntado varias veces si no pienso regresar a casa, ahora que ya ha pasado el tiempo y que puedo volver a tener una vida normal.
Al llegar hasta mí, me da un abrazo tan apretado que me llega al alma. Esos abrazos que te hacen sentir tan bien de estar en casa.
—Me encanta tu nuevo corte de cabello.
Es lo primero que dice al soltarme. Coloca su bolso sobre la mesa y le hace señas a uno de los meseros para que le traiga lo mismo que yo estoy tomando.
—Casi no podía salir de la oficina, por eso me he tardado un poco.
—No te preocupes.
Su bebida llega casi de inmediato.
—¿Qué te parece el lugar?
—Me gusta. Y de verdad tiene una bonita vista.
—Sídney no es lo mismo sin ti.
Le tomo la mano cuando la escucho decir esas palabras. Nunca nos habíamos separado por tanto tiempo.
—Pero ahora tienes a David.
—No es lo mismo. Y no me malinterpretes, lo adoro, pero tú ocupas un lugar especial en mi vida. Pero cambiemos de tema. Tengo muchos planes para estas vacaciones.
—¿Y David?
—Pronto lo vas a conocer.
—¿No vas a pasar las fiestas con él?
—Él sabe que mi prioridad es estar contigo. Se unirá cuando pueda. Además, tú regresarás a Corea y él se quedará aquí conmigo. Lo veo casi a diario. A ti no.
Su comentario me hace reír. Claire nunca va a cambiar.
Pedimos algo ligero para comer mientras pasamos de los mocktails a algo un poquito más fuerte.
A pesar de que nos mantenemos en comunicación por mensajes o llamadas, estar sentadas una al lado de la otra hace que, a pesar de estar hablando de cosas o momentos de los cuales ya hemos hablado, todo se sienta diferente.
—¿Por qué no me contaste que fuiste con Hyun Jin al concierto de BEATS?
Por un momento siento temor de que Hyun Jin le haya contado el motivo por el cual fuimos al concierto, y trato de buscar las palabras adecuadas.
—¿Hyun Jin te contó?
—No, ella tampoco lo hizo. Pero lo vi en sus redes sociales. Subió algunas fotos y te vi allí.
Mantengo mi expresión lo más neutral posible.
—Me invitó y sentí curiosidad.
Los ojos de mi amiga comienzan a brillar.
—Pero eso no significa que me voy a volver una fan como ustedes. —La señalo con un dedo porque sé hacia dónde se dirige su mente.
—Pero te gustó el concierto, ¿verdad? No puedes negar que hacen buena música.
—Tienes razón, no lo puedo negar.
—Debo confesarte que al principio me sentí un poco enojada contigo. Muchas veces te pedí que me acompañaras, inclusive cuando estuve en Seúl, y no quisiste. Pero fuiste con Hyun Jin.
—Pensaba que después de tantos años ya habías superado el tema de los celos hacia ella.
—Ya lo superé. Prometo que la próxima vez que vayas a Seúl, iré a un concierto contigo.