No quiero pedir perdón CAPÍTULO 18 #3
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CAPÍTULO 18 #3

—No seas aburrido, puedes usar el resto del cuerpo. ¿Verdad, Su Min?

Es cuando escucho a mi sobrina decir “tío Ji Soo”. Hago algunos movimientos y las escucho reír. Enseguida se abre la puerta. Ji Woo pone a mi sobrina en el piso y no deja que suelte lo que llevo en las manos.

—¡Ji Soo!

Prácticamente se lanza sobre mí, y mientras tanto mi sobrina se abraza a una de mis piernas.

—Cuidado. Déjame poner esto en algún lado.

Me suelta y me ayuda con las bolsas mientras yo levanto a Su Min y la hago reír al pegarme a su cuello. El lugar huele a comida casera.

En la sala, mis abuelos están sentados viendo la televisión. Dejo a Su Min volver con su tía.

—Abuelo, abuela.

Me inclino para saludarlos y luego me arrodillo frente a ellos para abrazarlos.

—Oh, mi Ji Soo. —Ella sostiene mi rostro entre sus manos—. ¿Cómo estás, hijo? ¿Te ves cansado? Estás muy delgado. ¿Ya comiste?

—Estoy bien, abuela. Comí algo antes de salir de casa. Hola, abuelo.

Él, al contrario, solo me da un beso en la frente.

Es un hombre de pocas palabras, pero siempre, cuando lo he necesitado, me ha dado los mejores consejos.

Ellos me cuidaron cuando regresé a Corea para entrenar.

Nunca podré devolverles todo lo que hicieron por mí.

Por eso, cuando decidieron que querían mudarse fuera de la ciudad, los ayudé, aunque muchos se opusieron.

Al final decidieron mudarse a la isla Jeju.

Una de mis tías vive allí, muy cerca de ellos, por lo que no están solos.

—Te traje algo, abuela.

Me levanto y voy por las flores que le compré. Al entregárselas, me da un beso en la mejilla y me dice que vaya a ver a mis padres, que están en la cocina.

Me asomo a la cocina y los veo moviéndose de un lado a otro. Por su parte, Ji Woo y Su Min han tomado una de las cajas de fresas que compré y están sentadas en una mesa cerca de la ventana comiendo.

—Mamá, ya estoy en casa.

—¡Oh, mi bebé!

Rápido se seca las manos y se acerca para abrazarme. Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que nos abrazamos que siento que no me quiero separar de ella. Papá se acerca y nos abraza a los dos.

—¿Cómo estás, hijo?

—Bien, papá.

—Déjame verte. Estás muy delgado.

—Lo mismo me dijo la abuela. Estoy bien, mamá.

—¿Estás a dieta?

—Sí, pero puedo romperla hoy. Extraño tu comida.

—Mamá, Ji Soo no está delgado, mira todos esos músculos. —Ji Woo me señala de pies a cabeza.

—Ya casi está listo. Hicimos toda la comida que te gusta.

Ella no le presta atención, por lo que le saco la lengua a mi hermana. Me ofrezco para ayudarlos, pero se niegan de forma rotunda, por lo que decido sentarme con Ji Woo y mi sobrina.

—No coman tantas fresas o no podrán comer, y por lo que veo, hicieron suficiente para alimentar a un ejército.

—¿Aún tienes el cabello rojo?

Me quito el gorro y acomodo un poco mi cabello, que aún sigue estando corto.

—Sí, pero no sé si lo van a cambiar para los conciertos.

—Este regreso ha sido alucinante. Me gusta mucho la canción y ya escuché todo el álbum.

—No he tenido mucho tiempo para ver cómo va todo, pero supongo que bien, por lo que me cuentas. ¿Cómo va la universidad?

—Bien. Estoy emocionada por iniciar mi último año.

Busca su teléfono y me muestra algunas fotos de sus amigos y de la universidad. Mis hermanos pudieron disfrutar de esa etapa. Yo tuve que tomar clases virtuales para obtener mi diploma. Hubiera deseado poder vivir la experiencia y, así como mis hermanos, tener recuerdos y amigos.

Cuando la comida está lista, nos sentamos a la mesa.

Ji Hoon y Da Li vienen en camino. Les cuento a todos un poco de cómo va todo en el trabajo, pero luego me dedico a escuchar lo que ellos tienen que contarme.

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que estuvimos juntos.

Cuando llegan mi hermano y su esposa, la conversación se centra en ellos y en los detalles de todo lo que ha aprendido mi sobrina a su corta edad.

Mi segundo día libre y quería quedarme en casa, pero mi hermana me ha pedido que la lleve a una cafetería que vio en las redes sociales, y luego organizó para que nos encontremos con Ji Hoon y tengamos una cena de hermanos.

No me niego, porque mi agenda volverá a estar ocupada y debo aprovechar el tiempo que me quede libre para poder pasar unas horas con ellos.

Voy por ella y luego nos dirigimos a la cafetería adonde quiere ir.

Mientras vamos en camino, me cuenta sobre lo que quiere hacer mientras esté en Seúl.

Logramos convencer a mis abuelos de que se queden para que vayan al concierto, y luego mi hermana irá a Jeju unos días con ellos.

Tal vez mis padres se animen también. Y deberían hacerlo para que descansen.

Encuentro un lugar para estacionarme y, mientras caminamos al local, mi hermana me toma por el brazo.

Ella siempre ha sido una hermana amorosa.

Cuando me mudé de vuelta a Corea, lloró mucho y me pidió muchas veces que me quedara con ella.

Ji Hoon ya estaba en la universidad y sus prioridades eran otras.

Aunque siempre hemos tenido una buena relación entre los tres.

El local no está lleno, por lo que pedimos nuestras bebidas y buscamos un lugar para sentarnos.

La chica de la caja me observó con detenimiento mientras hacíamos la orden, pero luego de tantos años he aprendido que, si no me lo preguntan, tampoco les aclaro la duda que tienen.

Nos sentamos junto a una ventana desde donde se ve parte de la ciudad.

—¿Hace cuánto no venías a un lugar así?

La miro porque ahora me está hablando en inglés.

Para ella es su primera lengua, y el coreano, un idioma que aprendió por herencia.

Aunque en casa no se han perdido las costumbres, mis padres lograron, con mucho esfuerzo, adaptarse a vivir lejos de casa.

Ella habla ambos idiomas con fluidez, pero depende de con quién esté para hablar en uno o en el otro.

—Ha pasado ya un tiempo. Tal vez desde el servicio militar. Mi agenda ha estado llena y no he tenido mucho tiempo libre.

—Entonces tratemos de hacerlo mientras esté aquí en Seúl. Te he extrañado mucho.

—Yo también.

El sensor comienza a vibrar sobre la mesa y me levanto para ir hasta el mostrador. No hago caso a las miradas y le doy las gracias a la persona que me entrega los cafés y el pastel que mi hermana pidió.

Mientras hablamos y tomamos café, el chat del grupo se activa y comienzan a llegar muchos mensajes, por lo que tomo el teléfono que puse sobre la mesa.

Están hablando de los vídeos que se grabaron de los retos de baile.

Se ha vuelto muy popular en los últimos años hacer retos de baile cada vez que un grupo tiene su comeback o cuando una canción se hace viral en las redes sociales.

Siento, en muchas ocasiones, que es una presión extra que se nos pone encima, ya que no es solo ir a grabar a una estación de televisión, es también aprenderse en cuestión de minutos una parte de una coreografía y grabarlo.

Yo lo he hecho si me lo piden directamente, porque me da un poco de pena decirles que no, y más aún si es un grupo junior.

Pero, en general, lo dejamos en manos de los bailarines del grupo.

A Se Rim no le cuesta nada y a Han Bin le gusta hacer esos retos. Haru los acompaña solo por diversión.

Por eso, cuando en nuestra segunda semana de promoción varios grupos junior se nos acercaron para pedir grabar los retos, no nos negamos.

Pero Han Bin estaba especialmente entusiasmado porque uno de los días de presentación coincidimos con un grupo de chicas que se llama SunFlower.

Debutaron hace un año y les ha ido muy bien, pero eso no es todo: a él le llama la atención una de ellas.

Por eso, cuando se acercaron y le pidieron que hiciera el reto, se puso más nervioso de lo normal.

Y, al parecer, logró captar su atención, porque, antes de retirarnos del estudio, fueron a nuestro camerino para saludarnos y nos regalaron dos discos firmados por cada una.

Nuestra sorpresa fue que le entregaron en las manos uno a Han Bin, y luego, de camino a su casa, mientras revisaba el disco, encontró una nota doblada con un número de teléfono y el nombre de la chica.

Esa misma noche nos enteramos, y recuerdo haberle dicho que hacía mucho tiempo que no veía un movimiento así.

En los años que llevamos, nos pasó en una u otra ocasión.

A mí una vez, a Se Rim también, y creo que a Sung Hoon.

—¿Qué pasa?

—No, los miembros están hablando de los vídeos de los retos de baile. Han Bin grabó algunos mientras estábamos de promoción.

—Oh, sí, los vi. Me encanta uno que hizo con las chicas de SunFlower.

El comentario me hace reír y luego ella me muestra los mensajes que hay en el vídeo.