CAPÍTULO 17
El precio de la fama
Hoy tengo el día libre, pero voy camino a casa de mi hermano para recogerlo y que vayamos a ver el apartamento que vamos a alquilar para nuestros padres.
Anoche, luego de llegar a casa del ensayo, fui directo a la ducha y de allí a la cama.
Cada vez está más cerca la fecha del comeback y también el inicio de la gira.
Me levanté a las ocho y pensé en ir al gimnasio, pero al final desistí de la idea.
Iré en la noche. Al llegar, le envío un mensaje para avisarle que estoy esperando por él.
Mientras baja, reviso mi teléfono. A pesar de lo que la gente piensa, tengo muy pocos amigos y mucho menos famosos.
Tengo un mensaje de mi hermana preguntando si quiero que me traiga algo de Estados Unidos.
Le pido algunos dulces que acá no venden y que, cada vez que los como, me trasladan a momentos de mi infancia.
Unos toquecitos en la ventana me advierten de la presencia de mi hermano. Quito el seguro de la puerta.
—Hola, hermanito.
—Alexander.
—¡Uf! Esther ha estado enviando fotos de todo lo que le ha comprado a Su Min.
Cuando llegamos a Estados Unidos, encontramos que para muchos era difícil recordar nuestros nombres, por lo que decidimos adoptar nombres más occidentales.
Ji Hoon se hacía llamar Alex; Eric, para mí; y mi hermana, a pesar de que su nombre es muy fácil, cuando creció nos pidió llamarla April.
Pero nosotros la llamamos Esther, que era el nombre de una profesora realmente amargada en el colegio donde estudiamos.
Ella odia que la llamemos así, pero esa es la idea: sacarla de quicio.
—No quiero saber cuánto pagará de sobrepeso.
—Nos tocará a nosotros pagarlo.
Nos dirigimos entonces al lugar donde nuestra familia va a vivir por más o menos un mes en Corea. Mientras nos muestran el lugar, tomo algunas fotos para enviárselas a nuestros padres.
Tengo muchas ganas de verlos y, a pesar de tener mucho trabajo, aprovecharé cada minuto libre para pasar tiempo con ellos.
—¿Vamos a comer?
—¿No tienes que regresar temprano a casa?
—Da Li y Su Min fueron a casa de mis suegros.
Buscamos un lugar cerca del área donde nos encontramos, pero que a la vez no esté tan lleno.
Al entrar al local, encontramos una mesa libre. Pedimos kalguksu y, a los pocos minutos, la mesa se comienza a llenar de comida.
—Creo que, durante el tiempo que papá y mamá estén aquí, Su Min se quedará con ellos.
—Seguro no querrán separarse de ella ni un instante. Da Li noona, ¿qué opina?
—No es que vayamos a separarnos de ella durante todo ese tiempo, pero podremos tener un poco de espacio para nosotros. Es difícil con una niña pequeña en casa.
Mi teléfono comienza a sonar y, como pasa muchas veces, es un número desconocido.
—Es increíble que esto pase tan seguido.
—¿Volverás a cambiar tu número?
—No, es tan molesto tener que hacerlo. Pero también es agotador que el teléfono suene y no sea alguien conocido o algo importante. Es solo alguien que quiere asegurarse de que es tu número para luego vender la información. Pero no hablemos de eso. Es un tema que me hace enojar.
La conversación toma otro rumbo, a pesar de que mi teléfono suena un par de veces más.
—¿Cómo está Tae Yang?
—Bien. Hace poco salimos a tomar algo. Con mucho trabajo, como siempre.
—¿Irá con ustedes a la gira?
—Sí, y desde ya se está quejando.
Reímos.
—Creo que se está haciendo viejo más rápido.
—No debe ser fácil para él llevar el peso de la empresa.
—Tienes razón. Su padre sigue al frente, pero, aun así, tiene muchas responsabilidades como director y heredero de la empresa.
—Su hermana, ¿está bien?
—Sí, Hyun Jin creo que es su cable a tierra cuando las cosas se ponen difíciles. No importa si se la pasan peleando todo el día.
Comemos durante unos minutos en silencio.
—¿Cuánto tiempo vas a estar fuera?
—Serán como seis meses. Pero regresaremos a Corea entre cada parte de la gira. Cuando termine en Estados Unidos, regresamos aquí, creo que por dos semanas, y seguimos.
—Estoy muy orgulloso de ti, Ji Soo.
—Hyung.
—Te lo he dicho muchas veces y lo seguiré haciendo. Y de igual manera le diré a tu sobrina lo magnífico que es su tío, para que ella también se sienta orgullosa.
—Todavía recuerdo el vídeo que me enviaste de la primera vez que me vio en la televisión.
Ambos reímos porque el recuerdo de Su Min mirando la televisión con toda su atención y señalando cada vez que aparecía en pantalla es un momento memorable.
El restaurante se está comenzando a llenar, pero las personas a nuestro alrededor no nos prestan atención, por lo que me siento tranquilo.
Son personas que se nota que trabajan cerca.
Valoro el tiempo que paso con mi hermano y también valoro poder tener un espacio de vida privada en el cual pueda salir sin preocuparme por encontrarme con fans.
Y no es que no los valore, pero también es importante que recuerden que somos seres humanos y que queremos tener tiempo para disfrutar de un día de descanso normal, como lo podría hacer cualquiera.
Tampoco quiero que mi familia se sienta incómoda o que sea blanco de aquellas fanáticas que no conocen los límites.
Mi hermano se pasa las manos por el vientre cuando termina de comer. Yo estoy listo para tomarme una siesta luego de la comida. Nos levantamos y, al momento de pagar, mi hermano no me deja hacerlo. He aprendido a no discutir con él sobre esto.
—¿Puedes acercarme a casa de mis suegros? Así puedo regresar con Da Li y Su Min a casa.
—Claro.
Al llegar a mi casa, me acuesto en uno de los sillones de la sala.
Tomaré una siesta. Escucho el sonido de mi teléfono y, en medio de la bruma del sueño, me remuevo en el sofá e intento sacarlo de mi bolsillo sin abrir los ojos.
Al lograrlo, abro un ojo para ver la pantalla.
Las malas experiencias me han enseñado a hacerlo.
El nombre de Hyun Jae ilumina la pantalla.
—Yeoboseyo.
—Hyung, ¿podemos ir a tu casa?
—¿Ahora?
—Sí.
—Está bien.
Al cerrar la llamada, casi de inmediato tocan la puerta. Me paso las manos por los ojos con fuerza antes de levantarme. Al mirar por la pantalla, los veo a todos parados afuera. Al abrir la puerta, no me dan tiempo de saludarlos cuando comienzan a llenar de zapatos mi entrada.
—Ya estaban aquí cuando llamaste.
Hyun Jae hace un gesto afirmativo al entrar. No están todos los miembros, solo los cuatro más pequeños: Han Bin, Soon Young, Haru y Hyun Jae.
—Hoy es mi día libre. Se supone que también puedo librarme de ustedes.
Comienzan a sacar comida y unas botellas de cerveza y soju.
—Siéntanse como en casa.
Mientras ellos se apoderan de mi casa, voy a cambiarme de ropa. Al regresar, me los encuentro a todos en la sala. Han despejado la zona para sentarse en el suelo y han puesto toda la comida y la bebida en la mesita del centro.
—¿Dónde están los demás?
—Todavía tenían compromisos en sus agendas.
—Hyung, hoy se volvieron a meter a la agencia.
Han Bin suena asustado. Miro a los demás.
—¿Pasó algo?
—Al parecer se colaron por el estacionamiento. Solo llegaron a la segunda planta porque las puertas requieren un acceso especial —explica Soon Young.
—La agencia ya colocó un comunicado en las redes sociales.
Han Bin me muestra su teléfono. Estuve desconectado mientras estaba con mi hermano y, luego, cuando llegué a casa, no vi los mensajes del chat de los miembros.
El comunicado aparece en todas las redes sociales de la agencia y ya se ha replicado en varias cuentas que se dedican a informar, o desinformar, sobre el mundo de la música.
Como lo dice el comunicado, es algo que se ha vuelto un problema recurrente.
Por eso, en el edificio de la agencia, todos los accesos, tanto a elevadores como a las diferentes plantas, requieren una tarjeta de entrada.
Inclusive nos explicaron cómo se maneja la entrega de mercancía para las cafeterías o cuando hay alguna reparación en el edificio.
La primera vez que algo similar sucedió, la agencia se encontraba en un edificio de tres plantas, en el cual la seguridad no era tan férrea.
En esa ocasión, un par de chicas llegaron hasta una de las salas de ensayo.
A pesar de que el personal de seguridad y los mánagers las sacaron, ya habían tomado algunas fotos que luego fueron a parar a las redes sociales.
—No vamos a beber tanto, mañana nos toca grabar desde temprano.
Todos me miran y saben que cada uno es responsable de lo que hace, porque todos somos adultos, pero que, de igual manera, no debemos afectar a los demás. Y eso no es solo hacia los miembros, también hacia todo el equipo que trabaja con nosotros.
Hablamos de vídeojuegos, sobre series, películas, y también de lo que trataremos de hacer mientras estamos de gira.
Como ir de compras o comer en algún restaurante que hayan recomendado.
Mucha gente piensa que no salimos, pero sí lo hacemos.
Lo único es que nos toca ir en compañía de alguien de la agencia.
En ocasiones nos hemos escapado solos, aunque sabiendo que luego recibiremos un llamado de atención.
Son las siete de la mañana y ya estoy sentado en la sala de maquillaje y peinado.
Hoy vamos a grabar para nuestro canal de YouTube.
Mientras nos arreglan, unos conversan, otros cantan y otros están callados con sus teléfonos en la mano.
Cuando terminan con todos, nos dirigen a donde vamos a grabar.
Primero se harán entrevistas individuales y luego nos encontraremos todos en una de las salas.