CAPÍTULO 15
Ji Soo
El insomnio ha sido mi compañero la mayor parte de mi vida como artista.
Las largas horas de ensayo, las grabaciones nocturnas, las ideas que no se detienen nunca en mi cabeza.
Todo eso ha hecho, a lo largo de los años, que mi reloj esté completamente al contrario del de cualquier persona que tiene un trabajo de ocho horas.
Por eso, cuando entré al ejército, pensé que no lograría cumplir con mis días como se debía.
Tenía miedo de no aguantar. Porque, mientras bailaba, los días eran cansados y terminaba casi a las cuatro de la mañana, y tal vez solo durmiera un par de horas para volver a empezar, o podría dormir hasta las cinco de la tarde y comenzar a esa hora.
Pero el ejército me hizo ver todo de forma distinta, y cuando era hora de apagar las luces, mi cuerpo estaba exhausto.
Tal vez la adrenalina es lo que me mantiene despierto.
Hoy tengo el día libre y me levanté a las diez.
Creo que dormí lo suficiente, a pesar de que me acosté a las cuatro de la mañana.
Me preparo algo para desayunar. Mientras espero, pongo ropa en la lavadora y acomodo mi cama.
Recojo ropa que está tirada en mi vestidor.
Anoche, cuando llegué, no quería ordenar nada.
Enciendo la televisión para tener un poco de ruido de fondo.
Tal vez esto sea una forma inconsciente de no sentirme tan solo.
Estuve viviendo casi seis años con otras ocho personas y ahora tengo un lugar solo para mí.
Algunos de ellos se mudaron juntos, pero a pesar de que en momentos extraño el caos de esos días, prefiero mi espacio.
Luego de comer, hago una lista de compras.
Podría pedirlo por la aplicación, pero quiero salir a hacerlo yo mismo.
Entro a mi clóset y me pongo unos pantalones de deporte bastante grandes, negros, una camiseta del mismo color y una gorra que me regaló mi hermano.
Me pongo unas zapatillas y, por mucho que no quiera cubrir mi rostro, tomo una mascarilla.
Mientras tomo el elevador desde la planta dieciocho, me distraigo con el celular.
Unos pisos abajo se detiene, y al abrirse las puertas, me encuentro con una pareja que para nadie en este país es desconocida.
Son una de las parejas de actores más queridas.
Despego mis ojos del teléfono y me inclino para saludarlos.
El aparato nos lleva de forma silenciosa hasta el sótano, donde, con una leve inclinación de cabeza, nos despedimos.
Al salir del estacionamiento, me encuentro con las siempre abarrotadas avenidas de Gangnam.
Me uno al tráfico y conduzco hacia un vecindario alejado del lugar donde vivo.
Enciendo la radio y escucho una de mis playlists en Spotify.
Música que me lleva de vuelta a mis días en Boston.
Mamá siempre nos dice que nuestro hogar es donde nuestro corazón se encuentra.
Y el mío está dividido entre Estados Unidos y Corea.
Llego al estacionamiento del supermercado y, antes de descender del auto, me pongo la mascarilla.
Me aseguro de que la gorra cubra mi cabello.
En mi teléfono tengo la lista. Entro, tomo un carrito y me lanzo a la aventura de pasar desapercibido en el supermercado.
Mientras recorro los pasillos tomando lo que necesito, me olvido del resto del mundo. No hay tanta gente.
Estoy por terminar cuando me detengo en el pasillo donde está el ramen. Estoy buscando el que me gusta cuando escucho a alguien hablando inglés a unos metros de mí. Y enseguida escucho mi nombre.
—¿Ji Soo?
Estaba a punto de lograrlo. Solo unos paquetes de ramen y podría ir hasta la caja. Nadie me habría prestado atención. Me volteo hacia ella y, al mismo tiempo, hacemos una inclinación.
—Lo siento, sé que no debo invadir tu espacio privado, pero mi amiga y yo vinimos desde Los Ángeles de vacaciones. ¿Te puedo pedir un autógrafo?
—Sí, claro. —Noto que su amiga se mantiene a cierta distancia—. ¿Tu amiga no se quiere acercar? ¿Llevan mucho tiempo en Corea?
Ella de inmediato le hace una seña y se acerca de forma tímida. Me piden que les firme en una libreta que tienen. Les pregunto sus nombres. Generalmente solo escribiría mi nombre, pero ya que ha sido un encuentro casual y lo han pedido de forma amable, que sea especial.
—Llegamos hace unos días.
—¿Y les ha gustado?
—Sí, demasiado. También iremos a la isla Jeju y a Busan.
—Espero que lo disfruten.
—¿Podemos tomarnos una foto?
—Está bien.
Una de ellas saca su teléfono y nos tomamos una selfie.
—Gracias, gracias. Somos Voice desde que debutaron y los vamos a seguir apoyando. Estamos esperando con ansias su próximo comeback.
—Gracias por apoyarnos.
A la agencia no le va a gustar esto, pero ya está hecho. Esa foto va a circular por las redes en las próximas horas. Tomo el ramen y me dirijo a la caja.
Al regresar a casa, guardo toda la compra. Luego me cambio de ropa y bajo al gimnasio. Un par de horas de ejercicio no caen nada mal. Esta noche me voy a encontrar con Tae Yang, por lo que es mejor entrenar ahora.
El lugar está vacío. Desde que me mudé, he venido pocas veces porque generalmente hago ejercicio en el gimnasio que está en el edificio de la agencia.
A pesar de que siempre hemos entrenado para poder tener la resistencia necesaria para cantar y bailar durante dos horas de concierto, hace más o menos tres años decidí enfocarme en darle más definición a mi cuerpo.
Escucho música en mis audífonos mientras hago mi rutina en las máquinas y las pesas.
Miro las caminadoras, pero esas las dejo para cuando esté en la agencia.
Recuerdo la primera vez que nos hicieron cantar mientras corríamos en las máquinas.
Solo fueron unas pocas líneas y terminamos tirados en el suelo sin poder respirar.
Ahora, después de tantos años, somos capaces de cantar canciones completas mientras nos ejercitamos.
Nuestra capacidad pulmonar está casi al nivel de un atleta de alto rendimiento.
Luego de una ducha, me recuesto en mi cama y programo la alarma para tomarme una siesta de una hora antes de salir a encontrarme con mi viejo amigo. Me toma un par de minutos, y algunos mensajes, quedarme dormido.
Tae Yang y yo nos volvimos inseparables desde el colegio.
Y agradezco a la vida que lo haya puesto en mi camino.
A pesar de que mi hermano está cerca, Tae Yang me ha ayudado en momentos difíciles.
Experiencias que no me atreví a compartir ni siquiera con mi hermano.
Aquellos comentarios desagradables en el colegio o esos días en que me salía del dormitorio.
Nos vamos a encontrar en un restaurante de barbacoa al cual nos gusta ir.
En mis días como aprendiz, cuando tenía tiempo libre, él y yo salíamos a divertirnos.
Y en una de esas salidas conocimos este restaurante.
—Vamos a comer.
—Quiero comer carne, pero, hyung, tú pagas.
—Te aprovechas de mí.
—Eres mi hermano mayor, además tienes mejor posición económica que yo.
Nuestra diferencia de edad es solo de unos pocos meses.
Y nunca hice distinción entre su posición económica y la mía.
A menos que implicara una buena comida. Yo asistía a un buen colegio, pero era todo gracias al esfuerzo de mis padres.
Hasta que no debutara y todas nuestras deudas con la agencia estuvieran saldadas, no podría invitarlo a comer como se debía.
—Está bien, te invitaré una rica comida. Te lo mereces después de trabajar tanto. Conozco el lugar perfecto. El sitio para llevar a un hombre famoso como tú.
No es un lugar en algún barrio popular de Seúl. Es más, en su momento era solo visitado por locales y algún que otro extranjero que se aventurara a probar sus delicias sin tener referencia alguna.
—No soy famoso y tampoco quiero ir a esos restaurantes donde van los famosos.
Sabía que su padre se codeaba con gente de mucho dinero. La naturaleza de su trabajo lo llevaba a conocer a mucha gente influyente.
Y así terminamos en este restaurante en el cual estoy entrando. Siempre nos sentamos en una mesa al fondo del salón, desde donde Tae Yang puede ver la puerta, y nos queda cerca una salida de emergencia a un costado del restaurante. Cosas de guardaespaldas.
Cuando éramos adolescentes no era un lugar popular, pero luego, con el pasar de los años, en una de las paredes del local comenzaron a aparecer fotos de cantantes y actores famosos que en algún momento habían ido a comer, y el lugar se llenaba de gente que quería estar en el mismo sitio donde sus artistas favoritos habían estado.
En la pared también aparecía yo. En una ocasión vine con uno de los chicos y también con un amigo que forma parte de otro grupo.
No tengo muchos amigos famosos, al contrario de lo que muchos piensan.
Tae Yang llega poco después que yo. Pasa a mi lado y me da una palmada en la espalda para luego sentarse frente a mí.
—¿Cómo estás?
—Cansado. Todos los preparativos de su gira me están volviendo loco.
Me río por su comentario. No es la primera vez que salimos de gira y siempre se queja de lo mismo. Pedimos de comer y algo de beber, lo cual no demora en llegar.
—¿Cómo está Hyun Jin?
—Bien. Preparándose para viajar a Estados Unidos con papá. Logró convencerlo de que la lleve y de ir a ver a Morgan.
—Sabes de lo que es capaz y no debería sorprenderte.
—Tienes razón. Ha sido así toda la vida. La consentida de papá. Y tú, ¿cómo has estado?
—Conoces mi agenda mejor que yo. Aparte de todo el trabajo, bien. Hace poco fui a visitar a mi hermano. Cuidé de mi sobrina por unas horas.
—Ji Hoon se atreve a tomar riesgos.
—¡Yah! En serio, hice un buen trabajo atendiéndola.
Mi amigo ríe. Tomo una botella de soju y la abro para servirle un trago. Luego él me sirve uno a mí y brindamos. Comenzamos a asar la carne, y entre la comida y los tragos, Tae Yang logra relajarse.
—Tomaré un descanso luego de que ustedes terminen su gira.