No quiero pedir perdón CAPÍTULO 14 #2
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CAPÍTULO 14 #2

Al llegar, le envío un mensaje a mi hermano para avisarle, y su respuesta es un frío “buena suerte”.

Sobre la mesa hay un listado de cosas que debo hacer: desde cambiarla de ropa, limpiar sus manitas, darle agua en su vasito, darle la comida, y un montón de cosas más.

Parece que no regresarán a casa jamás. Después de cambiarla de ropa y buscar unos pantalones y una camiseta de mi hermano para cambiarme también, inicio con la lista.

Su Min tiene tanta energía que comienzo a entender por qué mi hermano me deseó suerte.

No es hasta el final de la tarde que logro que se quede tranquila. Luego de comer algo de fruta, nos acostamos sobre una colcha que hay en su habitación. Y, luego de algunas palmaditas en la espalda, logro que se duerma, y yo la sigo.

Unos pequeños dientes se clavan en uno de mis dedos. Abro un ojo con cuidado y la veo mirándome mientras me muerde de nuevo y se ríe. Escucho un ruido afuera y estoy seguro de que ya han regresado sus padres.

—¿Dormiste bien?

Ella me mira y luego se voltea para acomodarse y ponerse de pie inmediatamente. Se acerca a la puerta cerrada, por lo que me levanto y la ayudo a abrirla. Sale disparada directo hacia su padre, quien la espera agachado con los brazos abiertos.

—Hola, hermano.

Se acerca para abrazarme mientras sostiene a Su Min. Me pasa una mano por el cabello.

—La última vez que te vi aún tenías el cabello negro.

—Esto significa que he regresado al trabajo.

—Regresaste apenas pusiste un pie fuera de la base.

—Ji Soo, annyeong —me saluda Da Li, la esposa de mi hermano—. ¿Te quedas para comer, cierto?

Jeong Da Li es la mujer que hizo que mi hermano regresara de los Estados Unidos antes de lo planeado, y con quien él decidió formar una familia. Con su boda me gané otra hermana.

—Sí, claro.

—Toma a tu sobrina mientras Da Li y yo terminamos con la cena.

Su Min pasa a mis brazos y me acurruco con ella en uno de los sillones.

Mientras ella juega con mi camiseta y me toca el cabello, observo la dinámica de mi hermano y su esposa.

No es la primera vez que lo hago, y debo decir que en ocasiones siento envidia.

Pueden ser una pareja tanto dentro como fuera de su casa.

Salir y tomarse de las manos sin tener el temor de que alguien los vea o les tome una foto.

Ir a donde quieran sin tener que cuidar cada uno de los detalles para evitar que los vean juntos.

Cuando firmamos el contrato con nuestra agencia, el hecho de que dentro de las cláusulas nos impusieran que no podíamos tener una relación sentimental en un periodo de tres años me llamó la atención.

Pero en ese momento no entendía la magnitud de los eventos que podrían ocurrir gracias a tener una relación y hacerla pública.

Tres años pasaron en un abrir y cerrar de ojos gracias a que solo nos dedicamos a trabajar.

No había tiempo para nada. La cláusula expiró sin darnos cuenta.

Y no fue hasta que se desató un escándalo, gracias a unas fotos que le tomaron a uno de los miembros de otro grupo tomado de la mano junto a su novia saliendo de un restaurante, que entendí la magnitud de todo.

Pasé en ese momento por varios estados de ánimo, incluyendo la rabia.

No entendía por qué había que disculparse por el hecho de amar a otra persona.

De querer tener una pareja. Sabemos que nuestras fans son importantes, pero si nos apoyaban, podrían entender que también tenemos derechos.

Y eso también me llevó a conocer el lado oscuro, no solo de las redes sociales, donde la gente se oculta tras perfiles falsos para inundar con mensajes de odio las plataformas donde nos conectamos con las fans.

También están aquellas fanáticas que cruzan la línea e invaden tu espacio personal.

Por eso, cuando Lee Hee Sun y yo comenzamos a pasar más tiempo juntos ensayando, yo sabía que me gustaba, pero la razón me decía que era mala idea.

Si alguien se enteraba fuera de mi círculo, sería un desastre.

Pero el tiempo comenzó a pasar y no me la podía quitar de la mente. Antes de hablar con ella, tuve una larga conversación con Se Rim. Estábamos en el dormitorio y aproveché que Han Bin estaba fuera.

—Hyung, pidamos algo de comer. Yo invito.

—Se supone que yo debo invitarte a ti porque soy el mayor.

—No me opongo. Yo pido y tú pagas.

—Me gusta más tu estilo de Estados Unidos.

Comimos y luego nos tiramos, cada uno en su cama, y fue allí que me animé a hablarlo con él.

—Hay una chica que me gusta.

De inmediato se puso de lado y apoyó la cabeza en su mano.

—Es una de las bailarinas. —Me hizo un gesto con la mano para que continuara—. Se llama Lee Hee Sun. Me gustaría poder conocerla más. Sé que le gusta la música y, obviamente, el baile.

—¿Y por qué no lo haces?

—Sabes que no es tan fácil. No podemos tener una cita como las parejas normales. Ir al cine o ir a comer. O ir a comer algo a un puesto en la calle.

—Todo eso lo puedes hacer, siempre y cuando sea con cuidado. Me tienes a mí, a los miembros, a tu hermano, a tu amigo Tae Yang. Sabes que ninguno de nosotros va a estar ventilando tu vida privada, pero también podemos ayudarte.

—Pero si alguien se entera, eso puede crear un gran problema, no solo para mí, también sería un problema innecesario para el grupo y para ella.

—Ji Soo, no puedes ignorar lo que sientes solo por esto.

Todos somos adultos y sabemos la responsabilidad que tenemos.

Pero pregúntate cómo te sentirás si dejas pasar la oportunidad de vivir esta etapa en tu vida.

¿Qué sucederá si renuncias ahora y, en un par de años, te gusta otra chica? ¿Te rehusarás también?

Esas preguntas dieron vueltas en mi cabeza durante varios días.

Cuando por fin tomé una decisión, me senté con ella una noche en que estábamos ensayando.

Se Rim se sentó junto a nosotros. Aún no se lo había contado a los demás y necesitaba a alguien que me cubriera.

Intercambiamos números de teléfono y, a partir de allí, inició nuestra relación.

Las manitos de Su Min agarrándome los labios hacen que vuelva a centrar mi atención en ella.

Han pasado un par de días desde que estuve con mi familia. Mi agenda sigue saturada, pero tendré un par de días libres muy pronto.