No quiero pedir perdón CAPÍTULO 14
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CAPÍTULO 14

Mis luchas

Son casi las once de la noche y afuera está lloviendo.

No es una lluvia tan fuerte que le impida a la gente salir a las calles, por lo que tomo un paraguas.

En el elevador me acomodo la gorra. Llevo una mascarilla para cubrir mi rostro.

Al llegar a la entrada del edificio, me pongo la mascarilla y abro mi paraguas antes de salir a la calle.

Salir a caminar bajo la lluvia es algo que comencé a hacer desde que era trainee. El hecho de que la gente a mi alrededor esté concentrada en caminar rápido para llegar a su destino y no le preste atención a los que caminan junto a ellos crea el momento perfecto para que nadie note mi presencia.

En esa época lo hacía para despejar mi mente cuando me sentía abrumado por todo lo que estaba viviendo, aunque sabía que al regresar seguro me esperaba un regaño por salir del dormitorio o del edificio de la agencia sin avisarle a nadie.

Ahora lo hago para darle un descanso a mi mente cuando estoy estresado, cuando quiero sentirme libre de caminar por la calle sin que alguien me reconozca.

Sin los fans no seríamos nadie, pero hay personas que no conocen los límites.

Se olvidan de que somos seres humanos y de que tengo derecho a una vida fuera del trabajo. Fuera del ojo público.

Recuerdo una ocasión, cuando ya nos habían mudado al dormitorio que sería nuestro hogar.

Aparte de las peleas que hubo hasta que logramos equilibrarnos, en aquel momento no éramos del todo conscientes de que cada uno podía estar también librando una batalla personal.

Estar lejos de casa, de nuestras familias y amigos. En una ciudad que varios no conocían.

Aquel día, era extraño, pero regresamos temprano al dormitorio.

Yo tenía varios días sintiéndome mal, y aunque Se Rim me preguntó en diferentes ocasiones si me pasaba algo, mi respuesta siempre fue que solo estaba cansado.

Esa parte era cierta. Estaba físicamente agotado.

Mi rutina diaria consistía en levantarme a las cinco de la mañana, prepararme para ir al colegio, regresar al dormitorio a cambiarme de ropa, o, en ocasiones, iba directo del colegio a la agencia a ensayar o tomar clases.

Hacía mis deberes en los pocos minutos libres.

Si al regresar al dormitorio no había terminado, me quedaba despierto hasta hacerlo.

Dormía un par de horas y volvía a comenzar otra vez.

Esperar a tomar un día libre cada quince días se volvió mi motivación, pero el día se pasaba tan rápido que no alcanzaba a hacer nada más que dormir todo lo que podía.

Pero también estaba agotado mentalmente.

El estrés no había disminuido con el hecho de que ya éramos un grupo en preparación para nuestro debut.

El trabajo se trasladaba a los estudios de grabación y a los ensayos.

La presión iba en aumento y yo no podía más.

No quería llamar a casa porque sabía que mis padres se darían cuenta de que algo no iba bien.

No quería defraudarlos a ellos también. Pero necesitaba un descanso de más de un día.

Necesitaba desconectarme de todo y de todos, porque me estaba convirtiendo en un chico malhumorado y no me gustaba.

Por eso, ese día, cuando regresamos al dormitorio, puse dentro de mi mochila del colegio algunos artículos personales y salí con la excusa de ir a hacer deberes.

Estaba en mi último año de secundaria, por lo que a nadie le pareció extraño, aunque el mánager que estaba a cargo de nosotros dudó durante un largo rato y tuve que mostrarle una de mis libretas llenas de asignaciones.

Me dijo que debía estar de vuelta a cierta hora o tendría problemas.

Al salir a la calle, respiré hondo, y fue cuando me pregunté adónde ir.

Si regresaba a casa de mis abuelos, sabía que les generaría preocupación, pero de igual manera los llamé para avisarles.

La única persona que podía ayudarme era Tae Yang.

Nos encontramos en una cafetería cerca de la academia a la que iba.

—¡Yah, Ahn Ji Soo! —dijo en tono amenazador mientras me daba un golpe en la cabeza al momento de entrar a la cafetería—. ¿Vas a renunciar?

Se sentó frente a mí.

—Eso me dolió. —Me pasé la mano por donde me había golpeado—. Y no, no voy a renunciar, pero necesito un descanso. Uno de verdad.

—¿Le avisaste a alguien?

—¿Crees que me hubieran dejado salir si les hubiera avisado? Perdón por ponerte en esta situación, pero no sabía a quién llamar. Solo les dije a mis abuelos.

—Está bien. Puedes quedarte en mi casa. Hablaré con papá.

—Solo serán unos días.

—Puedes quedarte todo el tiempo que quieras. Pero te advierto que Hyun Jin está de visita.

—En este momento prefiero contestar sus preguntas que este estrés que siento.

Pasé las siguientes dos semanas en casa de la familia Park.

Tae Yang habló con su padre primero y luego lo hice yo.

Quería que le explicara por qué me escapé.

Para suerte mía, si puedo llamarlo de alguna manera, él era amigo de uno de los ejecutivos de la agencia, por lo que habló en mi nombre con ellos pidiendo que me dieran mi espacio.

Me sentía mal por los miembros. Me fui sin decir nada, y seguro ellos también se sentían como yo y tenían más fuerza para continuar.

O no se atrevían a expresarlo. Se Rim y Han Bin me enviaban mensajes a diario, y aunque yo no les respondiera, lo seguían haciendo.

Tae Yang me mantuvo al día con mis clases en el colegio. Y su hermana fue una fuente constante de diversión. Ayudaba en lo poco que me dejaban hacer en casa, pero lo más importante es que tuve tiempo para mí. Para Ji Soo. Para hacer lo que quería sin tener que cumplir con una agenda.

El día que regresé, fui hasta la agencia.

Todos estaban ensayando. Al abrir la puerta de la sala de práctica, todo se quedó en silencio.

Dejé mi mochila en el suelo, doblé las rodillas y me incliné hasta que mis manos y mi frente tocaron el suelo.

Pedí perdón por haberme ido sin avisar. Los miembros me ayudaron a levantarme y, uno a uno, se acercaron para abrazarme mientras yo hacía una profunda reverencia y pedía perdón otra vez.

El último en acercarse fue Se Rim. Me abrazó y me dijo al oído que no tenía que pasar por estas cosas solo, que siempre podía hablar con él.

Me dio unas palmadas en la espalda y se alejó.

Está comenzando a escampar, por lo que es momento de regresar a casa. Mi teléfono vibra dentro de mi chaqueta y, al sacarlo, me encuentro con un mensaje de Tae Yang.

Park Tae Yang:

Avísame cuando tengas un tiempo

libre para ir a tomarnos algo.

Me conoce demasiado bien para saber que es necesaria esa salida. Han estado pasando muchas cosas.

Son las tres de la mañana cuando apago todas las luces para poder dormir. He puesto el despertador para levantarme a las ocho, ya que tengo un día bastante largo.

—Annyeonghaseyo —saludo a las personas que se encuentran en la sala.

Esta mañana tuve que correr un poco porque me quedé dormido, pero logré estar listo antes de que pasaran a buscarme.

Desayuné en la van y, al llegar a la agencia, fui directo a que me maquillaran, peinaran y cambiaran de ropa.

Lo primero en mi agenda del día es grabar unos mensajes para las redes sociales del grupo.

Luego iremos a un estudio de grabación junto a otros de los miembros para grabar para un show de un canal de YouTube que es muy popular.

Al regresar a la agencia, tenemos una reunión, y como la mayoría no hemos tenido tiempo de comer, lo hacemos en una de las salas de juntas con algunas personas de la agencia.

Mientras todos prestamos atención a lo que nos están planteando sobre la gira, veo a Sung Hoon sacar su teléfono.

Escribe algo rápido y, al instante, los teléfonos de todos los miembros vibran.

Algunos sobre la mesa y otros en los bolsillos.

Esto no pinta bien: ha enviado un mensaje al chat del grupo.

Ya sabemos que no debemos tomar el teléfono al mismo tiempo, por lo que lo hacemos por turnos.

Veo miradas y sonrisas dirigidas hacia mí, por lo que tomo mi teléfono.

Sung Hoon, BEATS:

Debemos ir todos a casa de Ahn Ji Soo para hacer una fiesta de bienvenida.

Ji Soo:

Es una mala idea.

Se Rim se pone en modo líder y nos pide a todos que pongamos atención.

Al terminar la reunión, todos dicen que quieren hacer una fiesta en mi casa y llevar regalos.

El apartamento donde vivo lo compré antes de iniciar mi servicio militar, y cuando los miembros lo vieron, tenía solo unas pocas cosas.

Los siguientes dos días mi agenda sigue igual de agitada, pero mañana solo tengo una entrevista en la mañana y todo el resto del día libre, así que le aviso a mi hermano que voy a pasar por su casa para visitar a mi sobrina.

Me pregunta si me atrevo a pasar por ella a la guardería.

Claro que puedo hacerlo. Salgo de casa con suficiente tiempo para llegar hasta la de mi hermano, subir a su apartamento y buscar las llaves de la minivan donde está la silla de Su Min.

Fue muy enfático en que no puedo moverla sin la silla.

Hoy es uno de esos días en los cuales salgo a la calle como cualquier persona. Conduciendo mi propio auto, vestido como quiero, con la cara sin maquillaje. Sin mascarillas, solo unas gafas de sol y una gorra para cubrir mi cabello. Hoy soy simplemente Ahn Ji Soo.

Al llegar a la guardería, hay pocos padres recogiendo a sus hijos, por lo que me siento tranquilo.

Al llegar mi turno, saludo a la encargada y le doy mi nombre.

Ji Hoon avisó que yo iría a buscarla. Le toma unos pocos minutos a mi sobrina reconocerme y correr hacia mí.

La tomo en mis brazos y hundo la nariz en su cuello. Amo su olor y ella se ríe a carcajadas.

Mi sobrina es una niña risueña, por lo que en el trayecto a casa se mantiene tranquila y me va mencionando lo que ve a través de la ventana.