No quiero pedir perdón CAPÍTULO 13
28%

CAPÍTULO 13

Beats

Pasaron cuatro años antes de que por fin pudiéramos debutar. Recuerdo que, cuando llegó el momento, sentía tanto miedo de que al subirnos al escenario se me olvidara la letra o alguno de los pasos de la coreografía. Ensayamos tanto para ese día que todo tenía que salir perfecto.

La empresa organizó una conferencia de prensa para presentarnos, y una semana antes del lanzamiento también debíamos ensayar en el lugar donde veríamos por primera vez a los periodistas.

Dónde pararnos, cuándo movernos, dónde sentarnos.

La noche anterior era tanta nuestra ansiedad que no podíamos dormir, por lo que buscamos una forma de distraer nuestra mente, y como no nos dejaban salir del dormitorio, pedimos comida a domicilio y nos instalamos todos juntos en la sala.

Nos comprometimos a no hablar sobre lo que pasaría al día siguiente.

Debíamos hablar sobre cualquier cosa que no fuera trabajo.

Fue difícil al inicio, pero nos relajamos contando anécdotas sobre casa, nuestros hermanos, amigos, hasta novias que algunos tuvieron en el colegio.

Estuvimos despiertos hasta muy tarde, solo dormimos un par de horas.

Cuando nos levantamos, nos preparamos para estar listos a la hora que pasarían a buscarnos.

El ambiente estaba tan tenso que se podía cortar en el aire.

Todos estaban concentrados. Unos escuchaban la canción de debut una y otra vez en sus auriculares, otros escuchaban algo diferente.

Algunos repasaban los pasos de la coreografía.

Yo sentía que había ensayado tanto que hasta dormido podía bailar.

Mi cuerpo se movía solo. Llegamos al lugar y de inmediato nos comenzaron a preparar.

Cabello y maquillaje. Había tanta gente del staff a nuestro alrededor que sentí tanto pánico que tuve que salir un momento.

Me senté en el pasillo y, después de unos minutos, una botella de agua apareció frente a mí.

Levanté la vista para encontrarme con Se Rim parado a un lado.

Cuando tomé la botella, se sentó junto a mí.

Tenía en el cabello unas pinzas y ya estaba arreglado, solo le faltaba cambiarse de ropa.

—¿Estás bien?

—Sí, solo necesitaba un poco de tranquilidad.

—Te entiendo. Todos estamos muy nerviosos.

—Hyung, lo vamos a hacer bien, ¿cierto?

—Claro que sí.

Nos quedamos unos minutos sentados allí en medio del pasillo sin decir una sola palabra.

Cuando llegó mi turno para sentarme en la silla para que me arreglaran, aproveché para escribirle a mis padres. Era tarde en casa, pero ellos sabían que era un día muy importante para mí. Ellos no habían podido venir, pero me prometieron que cuando tuviéramos nuestro primer concierto lo harían.

Todos vestidos, le pedimos al equipo que nos dejara solos unos minutos, y cuando todos salieron, solo hubo palabras de ánimo entre nosotros. Habíamos trabajado muy duro para llegar hasta ese momento.

Nos abrazamos y, cuando tocaron la puerta, salimos para caminar todos juntos por el pasillo que nos llevaría al salón donde sería nuestro debut.

A través de los monitores en la parte de atrás del escenario podíamos ver lo que ocurría en la sala.

Estaba completamente abarrotada de gente.

Pronto escuchamos al presentador y, al cabo de unos minutos, comenzó un vídeo, el cual era nuestra señal para prepararnos para salir.

Uno a uno fuimos saliendo a medida que en la gran pantalla el vídeo mostraba imágenes de cada uno.

Cuando los nueve estábamos ya en el escenario, el nombre del grupo iluminó la pantalla. BEATS. Iniciaba así nuestro camino.

Los flashes de las cámaras no se detenían, y luego de presentarnos brevemente, cada uno hicimos una reverencia y salimos del escenario para cambiarnos de ropa y presentar la canción de nuestro debut.

Fueron casi cuatro minutos que parecieron eternos, y todos dimos no el cien, sino el doscientos por ciento.

Al terminar la presentación, salimos del escenario y el pasillo se vio lleno de cuerpos colapsados.

Habíamos utilizado toda nuestra energía para dar la mejor presentación, incluso algunos tuvieron que correr al baño a vomitar.

Me senté en el suelo en una esquina y me puse a llorar. No podía parar a pesar de que todos me decían que había salido bien la presentación.

Al regresar al dormitorio, la mayoría fuimos directo a la cama.

Cuando me levanté unas dos horas después, el dormitorio estaba en silencio.

Llamé a mis padres para contarles cómo había salido todo.

Preparé algo para comer y regresé a la cama.

Teníamos que levantarnos muy temprano para comenzar con las promociones.

La empresa había invertido mucho en nosotros, y teníamos que trabajar igual de fuerte para poder ser reconocidos.

Unos meses después del debut nació nuestro fandom.

Los bautizamos como Voice. Nuestras canciones se escuchaban en la radio, pero todavía nos faltaba mucho por recorrer y por aprender.

Como que no era bueno para nuestra salud mental estar pendientes de los charts, de cuánto alcance tenían los vídeos o, incluso, del número de nuestras ventas.

Trabajábamos sin descanso, y la planificación de lo que vendría más adelante me hacía sentir, en ocasiones, abrumado.

No se había terminado de promocionar el primer álbum, que solo era un single, cuando ya se estaba preparando el siguiente comeback, para el cual debíamos grabar más canciones. Sería nuestro primer mini álbum.

Nuestra meta en común era que nuestro nombre se escuchara por todos lados y que la gente nos reconociera.

Antes de debutar, decidí usar mi nombre, Ji Soo, y así fue mi presentación.

Dentro del grupo había tres raperos, incluyéndome, y todos usamos nuestros nombres.

Pero eso cambió unos meses después de nuestro debut.

Aquel día nos presentamos en un festival universitario.

Nos sentimos emocionados de que nos invitaran.

El nombre del grupo aparecía junto al de grandes artistas a los cuales de verdad admiramos.

El equipo encargado del vestuario nos pasó las piezas y todos nos vestimos de negro.

Salimos al escenario, como siempre, llenos de energía, la cual se veía reflejada en nuestros pasos de baile.

Mientras cantábamos la última canción que teníamos preparada, en el momento en que terminé de cantar mi parte y de desplazarme a mi posición, el paso de baile siguiente hizo que mi pantalón se rasgara justo en la entrepierna, dejando a la vista la ropa interior roja que, poco inteligente de mi parte, había decidido ponerme ese día.

A partir de ese momento, nuestras queridas Voice comenzaron a llamarme Red.

Nunca podría olvidar aquel momento vergonzoso, pero al final decidí darle otro giro y, en vez de lamentarme todo el tiempo, me adueñé del nombre y pasé a ser Red dentro del grupo.

Las fans decían que Red era mi alter ego: el rapero fuerte sobre el escenario, diferente al chico atento y juguetón con sus fans que es Ji Soo.

La fecha de nuestro primer aniversario no la podré olvidar.

No solo porque estábamos felices de poder llegar hasta allí sin haber colapsado de tanto trabajo, sino también porque fue en esas fechas cuando mi mejor amigo fuera del grupo, Park Tae Yang, y mi hermano mayor —quien decidió de último minuto regresar a Corea— decidieron, casi a la vez, que sería buena idea ingresar a su servicio militar.

Ahn Ji Hoon es mi hermano mayor por tres años. Hemos sido unidos desde siempre, y al momento en que decidí aceptar la oportunidad de regresar y convertirme en músico, él siempre me apoyó. Siempre estuvo a mi lado a una llamada o un mensaje de distancia.

Mi hermano no había renunciado a su nacionalidad coreana y yo tampoco lo haría, pero no pensé que tomaría la decisión de una manera tan repentina.

Les avisó a mis padres, luego me envió un mensaje, y lo próximo que supe es que se estaba subiendo a un avión para regresar.

Después entendería otras razones que lo ayudaron a tomar la decisión.

Tae Yang, por su parte, me había comentado su idea de realizar el servicio militar antes de entrar de lleno a trabajar en el negocio de su padre.

Lo que no me esperé fue que ambos lo hicieran casi al mismo tiempo, dejándome con un espacio vacío cuando necesitaba más apoyo.

No es que no pudiéramos hablar, pero no sería tan fácil como tomar el teléfono y realizar una llamada.

Tendría que esperar a que ellos pudieran usar los teléfonos, y esto también significaba que, tal vez, cuando eso sucediera, yo no podría atenderlos.

Volver a ensayar luego de mi servicio militar está siendo tan satisfactorio como agotador.

Igual que cuando iniciamos. Cuando tenía mis descansos, solía aprovechar para pasar tiempo con mi familia, pero también me reunía con los miembros para poder bailar un rato.

No tantas horas como es común en los ensayos, pero quería mantenerme activo en esa parte que se ha vuelto esencial en mi vida, como lo es la música.