CAPÍTULO 12 #2
Hay una pelea que jamás olvidaré, porque cada vez que la recuerdo me da mucha risa: cuando Sung Hoon y Soon Young se pelearon porque uno usaba los calzoncillos del otro.
Parecían niños marcando sus iniciales en la ropa interior, pero aun así siguió pasando, y luego con otros miembros también.
Al final decidimos que cada uno usaría una marca distinta, así sería más fácil saber de quién era cada prenda.
Estoy tan metido en mis recuerdos que, de pronto, ya estamos entrando al estacionamiento del edificio de la empresa.
Tomo mi bolso de deporte con ropa para cambiarme.
No es difícil saber en cuál sala de ensayo están todos: se escuchan risas y pasos fuertes, como si alguien estuviera corriendo.
Y tengo razón, porque al abrir la puerta veo a Hyun Sik y Young Jae corriendo por toda la sala.
La comida ya llegó. Dejo el bolso a un lado, y el primero en acercarse es Hanbin.
—Hyung, ¿cómo estuvo la entrevista?
—Me gustó. Espero que algún día podamos ir todos.
—Me encantaría ir.
—¿Se Rim y Haru ya llegaron?
—Todavía no.
—Tengo mucha hambre.
—Chicos, vamos a comer.
Me encargo de calmarlos a todos y sentarnos a comer. Estamos a mitad de la comida cuando llegan los que faltaban. Al terminar, nos reunimos para revisar la agenda de promoción del nuevo álbum y los detalles de la gira.
Tendremos dos semanas de promoción bastante intensas, luego dos fechas de concierto en Corea a fines de noviembre, algunas presentaciones especiales de fin de año, y después estaremos fuera del país varios meses.
Hemos tenido giras muy largas, de hasta tres meses fuera, pero en esta lo que más me emociona es que, en una parte del recorrido, podré ver a mi familia y a mis amigos: en la fecha que estemos en Nueva York.
Mis padres y mi hermana vendrán a los conciertos en Seúl, pero no es lo mismo; espero tener tiempo de hacer una visita rápida a casa y pasar, aunque sea unas horas, con mis amigos.
Después de la reunión volvemos a la sala de ensayo.
Esta gira marca un antes y un después para nosotros.
Yo no participé del comeback anterior, así que debo aprenderme las coreografías y ensayar las canciones para apoyar en algunas líneas.
Haremos un repaso de canciones de discos anteriores, y también tendré oportunidad de cantar un par de temas de mi disco en solitario.
Son casi las dos de la mañana cuando terminamos. Estoy tirado en el suelo de la sala de ensayo. Se Rim se agacha junto a mí.
—Levántate, no te vayas a quedar dormido ahí.
Eso es un recuerdo de nuestra época de trainee varias veces, al terminar de ensayar, estaba tan cansado que me quedaba dormido en el suelo.
Me extiende la mano y me ayuda a levantarme.
Me revuelve el cabello con cariño, y eso me hace reír.
Se Rim fue un gran apoyo cuando llegué a la empresa; para él tampoco fue fácil, porque tuvo que mudarse de Busan a Seúl sin conocer a nadie.
Es un apasionado del baile. Se podría decir que fue mi primer amigo al volver a Corea.
Él y Park Tae Yang me ayudaron mucho en los momentos difíciles.
A Park Tae Yang lo conocí en el colegio. Al regresar, tomé clases con tutores antes de ingresar a la escuela. Antes de que papá volviera a Boston, se dio a la tarea de buscar un colegio que cumpliera sus expectativas, y así entré a uno privado, donde conocí a Tae Yang.
Cuando nos conocimos, él pasaba por un momento difícil: su madre había fallecido, y su padre había decidido enviar a su hermana menor a Estados Unidos.
No era un chico rebelde, pero sí muy callado, aunque a pesar de eso era de los más populares de la escuela.
Al llegar yo, fui novedad; mucha gente se me acercó solo porque había vivido en el extranjero.
En ese momento no quería que nadie supiera que era trainee; sentía que se iban a burlar de mí, sobre todo si no lo lograba.
Al único que se lo conté fue a Tae Yang, y le hice prometer que no se lo diría a nadie.
—Así que quieres ser idol.
—Le prometí a mis padres que si en un año no me siento cómodo, o no he avanzado, vuelvo a casa.
—Yo podré ir a visitarte. Qué coincidencia que mi hermana también vaya a vivir a Boston.
—¿Por qué tu padre solo la manda a ella?
Sus ojos se clavaron en mí, y sentí la necesidad de disculparme por el comentario. Así lo hice. Aun así, él respondió a mi pregunta.
—Papá no lo ha dicho en voz alta, pero sé que se siente perdido desde la muerte de mamá. No sabe cómo guiar bien a Hyun Jin, y por eso la va a enviar a casa de una de mis tías.
Una vez que su hermana se fue a Estados Unidos, nos volvimos cada vez más cercanos. Mis horarios no me dejaban mucho tiempo libre, pero cuando lo tenía, salíamos a divertirnos como los adolescentes que éramos.
Park Tae Yang es hijo de una familia reconocida en Seúl, dueña de una de las agencias de seguridad más prestigiosas: un chaebol en todo el sentido de la palabra.
Pero nunca se ha comportado así, ni conmigo ni con nadie a su alrededor.
Todos saben que tiene dinero, pero él no alardea de eso.
Por eso hemos sido buenos amigos tantos años, y también porque fue el primero en defenderme cuando mis compañeros se enteraron de que era trainee, sin temerle a las consecuencias.
Aquella mañana llegué al colegio como todos los días, pero noté que, a mi paso, la gente se volteaba a mirarme, y muchos se reían o murmuraban entre ellos.
Ya había pasado mi límite de un año, y había decidido quedarme.
Al llegar a mi salón saludé a mis compañeros y volví a notar el ambiente raro.
No entendí qué pasaba hasta que una de las chicas de la clase se me acercó: alguien había visto una foto de un grupo de aprendices de la empresa en la que yo aparecía, y el rumor había corrido por todo el colegio.
—Ji Soo, annyeong. ¿Es cierto que vas a ser idol?
Su pregunta me tomó por sorpresa unos segundos.
No es que me avergonzara de querer ser artista, pero no quería que me trataran distinto, ni que la gente intentara aprovecharse de mí, porque en la empresa había otros grupos muy conocidos.
Estaba por responder cuando uno de los chicos —de esos que disfrutan intimidando a todos— se acercó y me abrazó.
—Así que quieres ser de esos que usan maquillaje y bailan dando brincos por todos lados.
Lo dijo tan alto que sus amigos alrededor se rieron.
—A ver, enséñanos algunos pasos de baile —siguió, y se puso a bailar de forma ridícula.
La chica que me había preguntado se veía apenada. Fue entonces cuando apareció Tae Yang.
—¿Qué está pasando?
—Uhhh, vienes a proteger al idol.
Todos volvieron a reír. Tae Yang me miró.
—Por lo menos él sabe qué quiere hacer con su vida. No como otros.
La clase se quedó en silencio.
—Sí, estoy entrenando para ser músico.
Se escucharon comentarios despectivos por lo bajo, y risas ahogadas.
—¿Músico? ¿De los que se maquillan?
—No le prestes atención, Ji Soo —Tae Yang me hizo una seña con la cabeza para que siguiera hacia mi escritorio.
—Claro, el chaebol huérfano es quien te va a proteger ahora. A eso se dedica su familia.
El salón se quedó en silencio, y la reacción de Tae Yang fue tan rápida que nadie la vio venir, ni siquiera el que recibió el golpe directo en la cara.
Todos terminamos en la dirección. El padre de Tae Yang llegó visiblemente molesto, pero al enterarse de lo que realmente había pasado, se le bajó un poco la tensión.
Ha sido parte importante de mi vida desde entonces, y todavía lo es.
Ahora de verdad me protege, no solo a mí, sino a todos los miembros: su empresa de seguridad es la que nos cuida.
Cada vez que recordamos aquel episodio del colegio nos reímos mucho de las vueltas que da la vida; aquel comentario, antes de la pelea, terminó haciéndose realidad.
Al llegar a mi apartamento me cambio de ropa.
Ya no vivo con el resto de los miembros; antes de empezar el servicio militar decidí buscar un lugar propio, porque ya tenía el dinero suficiente.
Cuando cobramos por primera vez, repartí todo el dinero entre mis padres y mis abuelos.
No tenía otra forma de agradecerles todo lo que habían hecho por mí durante esos años.
Mis abuelos me cuidaron a mí, y también acogieron a los miembros como parte de la familia.
Me siento agotado. Pongo el despertador; por más que quisiera dormir hasta las tres de la tarde, solo tengo unas horas antes de volver a la sala de ensayo.