No quiero pedir perdón CAPÍTULO 12
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CAPÍTULO 12

Mis inicios

—Bienvenido.

Saludo a todos en el estudio con una leve inclinación.

En el lugar hay unas diez personas encargadas de las cámaras y los micrófonos.

El ambiente se siente relajado, y eso me hace sentir cómodo.

Es mi primera entrevista después de terminar el servicio militar.

Todavía llevo el cabello corto, pero ya me lo tiñeron de mi característico rojo, y he vuelto a ponerme los aretes.

Mi mánager se acerca y me entrega una bebida; no puedo negar que estoy un poco nervioso.

Pero es hora de volver a todas mis actividades.

Al cabo de unos minutos se acerca Daniel Han, el anfitrión del podcast. Él también es cantante, y empezó su carrera muy joven.

Aunque es un par de años mayor que yo, tenemos una conexión especial: nació en Estados Unidos y luego vino a Corea para cumplir su sueño de dedicarse a la música.

Yo nací aquí, pero mis padres emigraron a Estados Unidos cuando mi hermano y yo éramos niños, y una audición me trajo de vuelta.

—Ji Soo.

—Hyung.

Nos saludamos con un abrazo.

—Te ves bien. ¿Cuándo fue la última vez que nos vimos?

—Si no me equivoco, fue antes de entrar al ejército, en uno de nuestros conciertos, después de que Se Rim y Hyun Sik vinieran a grabar.

—Wow, ¿dos años?

—Sí, dos años.

—El tiempo pasa sin que nos demos cuenta.

Alguien del equipo se acerca a entregarnos el guion de la entrevista, aunque ya lo había visto porque se lo enviaron a la agencia unos días antes. No hay que seguirlo al pie de la letra, pero sirve como base para la conversación.

—Como ves, vamos a hablar un poco de tu experiencia en el servicio militar, de cómo empezó tu carrera, y siéntete libre de contar lo que quieras. Por último, hablaremos del próximo comeback del grupo.

—Me parece bien.

—Empezamos en unos minutos. ¿Quieres algo de tomar?

—Agua está bien.

—¿Qué estás tomando tú? ¿Café?

—Así es.

Le pide a una chica del equipo que ponga cerca de mi silla un vaso de agua, y para él, otro café helado. Ella le pregunta si quiere algo más, y él contesta que con el agua está bien.

Terminan de acomodar los micrófonos en el set. Pongo el teléfono en silencio. Me indican dónde sentarme, ajustan el micrófono frente a mí y se aseguran de que esté cómodo.

—Esta es una charla entre amigos. Hasta ellos participan —señala a los chicos de su equipo—. Siéntete como en casa. Haremos la entrevista en inglés, pero si quieres mezclarlo con coreano, no hay problema. Vamos a divertirnos.

Daniel empieza a aplaudir para animar a su equipo, y todos lo siguen. Yo también aplaudo y les agradezco su trabajo.

—Bienvenidos a todos a este nuevo episodio. Soy su amigo Daniel Han, y hoy tenemos un invitado muy especial. Acaba de regresar de servir a la nación: rapero, compositor, miembro del grupo BEATS. Con nosotros, Ahn Ji Soo, mejor conocido como RED.

Todos aplauden de nuevo.

—Para mí es un gusto presentarles a mi amigo idol, rapero, modelo, súper talentoso, Ji Soo.

—Wow, muchas gracias por esa presentación. Y gracias por invitarme.

—Es tu primera entrevista después de terminar el servicio militar.

—Así es.

—Sabemos que durante ese tiempo el fandom del grupo se mantuvo informado sobre cómo estabas, y que el grupo tuvo mucha actividad. En cierta forma es una ventaja ser un grupo de nueve miembros. Eres el segundo en terminar el servicio militar, ¿correcto?

—Sí. Primero entró Se Rim, y a la mitad de su servicio me tocó a mí. Y debo decir que los demás lo hicieron muy bien mientras estuvimos fuera.

La entrevista arranca así, y después hablamos un poco de cómo llegué a la agencia. Eso me hace recordar la audición.

Cuando tenía ocho años, mis padres decidieron emigrar a Estados Unidos y nos mudamos a Boston.

Mi hermano tenía once, y mi hermana menor nació dos años después de llegar a la ciudad.

Al principio fue difícil adaptarnos, sobre todo por el idioma: nuestro inglés era muy básico, pero pusimos mucho empeño en aprender.

Ocho años después de vivir en Boston, una tarde, mientras buscábamos canciones de grupos coreanos, nos apareció un anuncio sobre unas audiciones que una agencia haría en Nueva York.

La música siempre había sido parte importante de mi vida: tomé clases de piano y algo de baile.

Me gustaba ver vídeos de los grupos populares en Corea y aprenderme parte de las coreografías.

No era muy bueno, pero me divertía mucho.

Me costó convencer a mis padres de que me llevaran a la audición.

Me hicieron prometer que no me desanimaría si no me elegían.

Hicimos un viaje familiar, y me sorprendió la cantidad de chicos y chicas que se presentaron.

Cuando llegó mi turno, elegí una canción de uno de mis grupos favoritos —siempre me gustó el rap, así que canté la parte de uno de los raperos— y me pidieron bailar un poco.

Los pocos pasos de coreografía que sabía me sirvieron.

Volvimos a casa, y los días pasaron sin señales de la agencia, pero, como les había prometido a mis padres, no me desanimé y seguí con mi vida normal. Me sentía feliz de haber vivido la experiencia; tenía algo distinto que contarles a mis amigos.

Un mes y medio después, mamá recibió una llamada: querían que viajara a Corea para empezar a entrenar.

Yo tenía dieciséis años, y aunque al principio no lo creía, pensando que mis padres no lo aceptarían, me equivoqué: me apoyaron en esa nueva aventura.

Les prometí que, si al cabo de un año no me sentía a gusto o no había avanzado, volvería a casa con ellos.

Papá regresó conmigo a Corea, y empecé mi vida como *trainee*.

Quedé al cuidado de mis abuelos maternos, ya que papá tuvo que volver por su trabajo.

Fue muy duro estar lejos de mi familia a esa edad, y al mismo tiempo entrenar e ir a la escuela.

Pero en el camino hice amigos nuevos y buenos, tanto entre los *trainees* como en mi nuevo colegio.

—¿Cuánto tiempo fuiste trainee?

—Cuatro años. Debutamos hace ocho.

Viajar por mis recuerdos, por lo que ha sido mi vida desde que volví a Corea, es una verdadera montaña rusa de emociones.

Cuando regresé, puse todo mi empeño en aprender lo que podía.

Pero debo confesar que hubo muchos momentos en los que quise recoger mis cosas y volver a Boston con mi familia.

Me sentía agotado, y me desanimaba ver cómo, cada cierto tiempo, iban descartando a mis amigos.

Me ponía triste cada vez que alguno salía, era enviado a entrenar con otro grupo, o incluso se iba a otra agencia.

Llegó un punto en el que no quería hacerme amigo de nadie, para no volver a pasar por el trago amargo de verlo partir.

—Cuando se publique esta entrevista, ya habrán hecho el comeback con todo el grupo junto.

—Sí, y creo que estaremos de gira.

—Cuéntale a Voice sobre este álbum.

—Como mencionaste, es nuestro regreso como grupo completo. Feel It es el nombre del álbum, y traemos mucha música con sonidos nuevos para nuestros fans.

—Sé que ustedes están muy involucrados en la producción.

—Sí, hemos puesto mucho de nosotros, y esperamos que a todos les guste lo que hemos hecho.

Hablando de nuestro último comeback termina la entrevista. Miro el reloj: han pasado casi tres horas.

—El tiempo se pasó volando.

—Lo hiciste muy bien, Ji Soo.

Nos abrazamos y nos tomamos fotos para redes sociales.

—Me imagino que están ensayando para las presentaciones de promoción.

—Ya sabes cómo es. Ensayamos a diario, y también estamos viendo lo de la gira. Vamos a Estados Unidos a inicios del próximo año, pero antes haremos algunos conciertos aquí.

Me despido de todo el equipo y les agradezco de nuevo su trabajo.

Al revisar el teléfono, hay varios mensajes en el chat del grupo; todos coinciden en que es hora de comer.

La mayoría de los miembros están ensayando.

Se Rim, Haru y yo estamos cumpliendo otros compromisos de agenda.

Nos ponemos de acuerdo sobre qué pedir y quedamos en encontrarnos en el edificio de la empresa.

Hoy no queremos comer nada de la cafetería.

Ya en la camioneta, lo primero que hago es buscar una toallita para quitarme el maquillaje, y una gorra.

—Hyung, vamos a pedir de comer. ¿Te pido lo de siempre o quieres algo distinto?

Siempre pedimos del mismo restaurante, uno cerca de la empresa que nos gusta a todos. Y eso ya es difícil de por sí: poner de acuerdo a nueve personas.

Cuando llegué a Corea para convertirme en “trainee”, pasé de tener mi propia habitación a compartir litera con tantas personas como fuera posible.

Cuando ya estábamos todos los miembros juntos, nos mudamos a un lugar un poco más grande.

Al ser nueve, teníamos tres habitaciones, y jugamos piedra, papel o tijera para decidir quién dormiría con quién, aunque luego hubo algunos cambios.

A mí me tocó compartir con Se Rim, elegido líder del grupo, y con Hanbin, el *maknae*.

Yo quedaba en medio, entre el mayor y el menor.

Aun así, nuestra relación se volvió muy cercana.

No es que con los otros seis no me llevara bien, pero dormíamos en la misma habitación y teníamos largas conversaciones después de practicar.

Con el tiempo necesitábamos poner algo de orden en casa.

Para mí, que crecí en un hogar donde mamá nos hacía tener todo ordenado, era imposible llegar después de doce horas de práctica y no ponerme a recoger el desastre de los demás.

Eso provocó nuestra primera pelea —una verdadera guerra, más bien—, y después de eso Se Rim nos sentó a todos y repartimos las tareas de la casa: limpieza, comidas, reciclaje, lavado de ropa.

Así me gané que todos me llamaran ”omma”, porque decían que era como la madre del grupo.

Aprendimos a tomar decisiones juntos para vivir en armonía.

Claro que no todo era color de rosa: de vez en cuando surgían problemas, y nos sentábamos a resolverlos.