No quiero pedir perdón CAPÍTULO 13 #2
29%

CAPÍTULO 13 #2

Mis padres siguen viviendo en Estados Unidos junto a mi hermana menor, Ahn Ji Woo, quien ahora es una mujer adulta y está en la universidad estudiando arquitectura.

Ji Hoon está aquí en Corea desde que regresó para hacer su servicio militar.

Ahora es un hombre casado y tiene una hija de dos años.

Enamorarse fue la razón principal por la cual regresó antes de lo planeado.

Las redes sociales le ayudaron a reencontrarse con una excompañera de una de las academias a las que iba luego de la escuela, y fue tal su conexión que regresó para hacer su servicio militar y así poder estar cerca de ella.

Al finalizar, iniciaron una relación más formal y luego decidieron casarse.

Ahn Su Min, mi sobrina, es la batería que me recarga cada vez que tengo oportunidad de ir a visitarlos.

Trato de hacerlo cuando en mi agenda tengo más de un día libre para poder disfrutar de ella sin tener que contar las horas.

Una palmadita en la espalda me hace regresar a la sala de ensayos. Estamos puliendo la coreografía para nuestro regreso.

—Vamos, desde el inicio, una vez más —dice nuestro coreógrafo.

Todos sabemos que no será solo una vez más.

No nos queda una gota de sudor más en el cuerpo.

Llevamos horas ensayando. Y mientras lo hacemos, graban las sesiones para luego subir los clips a nuestro canal de YouTube.

De igual forma, tenemos marcada en nuestras agendas la fecha en que debemos grabar el vídeo de la práctica.

Pero en ese no habrá sudor como ahora. Será más elaborado, con ropa casual, dependiendo del gusto de cada miembro.

Y, seguramente, haremos un par de versiones con diferentes vestuarios.

Una vez más se convirtieron en tres horas de ensayo. Y al terminar, a pesar de estar cansados, necesitábamos comer y luego ir a dormir.

A los del staff no les agrada mucho la idea de que comamos fuera sin avisarles previamente, pero ya deberían estar acostumbrados.

Hay un restaurante al cual nos gusta ir y que queda a pocas cuadras del edificio de la agencia.

Es casi medianoche y no creo que nadie se imagine que justo en este momento salgamos todos por la puerta principal del edificio rumbo a la calle.

Pero, aun así, todos los que trabajan con nosotros y que aún están en el edificio salen junto con el grupo.

Una vez, hace un par de años, hicimos algo similar y nos encontramos con un grupo de fans acampando cerca.

Por suerte, no pasó a mayores: solo hubo algunas fotos y firmas.

Luego les pedimos que, por favor, no pasaran la noche allí.

Caminamos de forma animada, conversando en grupos pequeños, hasta llegar al local.

Es un restaurante pequeño y un negocio familiar.

En las paredes es gracioso ver fotos de nosotros desde que éramos trainees.

Descubrimos aquel pequeño restaurante una tarde, luego de que terminamos de practicar, y nos hicimos clientes asiduos.

Uno de aquellos días, la dueña se nos acercó y nos preguntó si éramos amigos del colegio porque siempre estábamos juntos.

Le explicamos de la forma más sencilla por qué siempre nos veía juntos, y ella, de inmediato, le contó a su esposo.

Todos reíamos porque ella aseguraba que éramos famosos y ni siquiera sabíamos si llegaría el día en que debutáramos.

Pero cuando por fin lo hicimos y comenzamos a tener un poco de popularidad, su negocio también se vio beneficiado gracias a las fans que lo visitaban con la idea de poder sentarse en las mismas mesas que nosotros ocupábamos.

Solo hay una mesa ocupada por una pareja que realmente no nos presta atención.

Sin la ropa y el maquillaje, pasamos un poco desapercibidos.

Los que llevamos el cabello teñido lo cubrimos con gorras para no llamar la atención en casos como este.

Ocupamos la misma mesa de siempre y los del equipo llenan el resto.

Nos conocemos el menú, por lo que de inmediato pedimos.

Las conversaciones se vuelven un poco ruidosas; el local es todo para nosotros cuando los últimos clientes se van.

Hoy mi día no inicia tan temprano: debo ir al estudio de grabación, pero me ha tocado hora en la tarde, por lo que pude dormir un poco más.

Ahora que terminé mi servicio militar, es cuando realmente puedo disfrutar de mi nueva casa.

Venir unas pocas veces durante mis descansos no se compara en nada con esto.

Aprovecho para limpiar y ordenar mi espacio.

Todavía me falta comprar algunos muebles y ordenar la habitación que será mi espacio para crear música.

No puedo montar un estudio completo aquí, pero sí tener una parte pequeña, con una pequeña consola para hacer mezclas, mi computadora, un par de micrófonos y audífonos.

Me detengo un momento para pedir algo de comer, y justo al terminar, recibo un mensaje de mi hermano preguntando cuándo tendré tiempo libre. Lo llamo para poder poner el altavoz mientras paso la aspiradora.

—¡Yah, Ahn Ji Hoon! —grito en el momento en que contesta el teléfono.

—Mi hermano pequeño —contesta con un tono amenazador—. Solo espera que te tenga cerca. Por suerte salí a buscar un café. ¿Estás en la empresa?

—Estoy en casa. Tengo que ir al estudio en la tarde.

—Avísame cuando tengas un espacio. Te llevaré a comer algo delicioso.

—¿Pasa algo?

—No te preocupes. ¿Acaso no puedo invitar a mi hermano a comer? Casi no nos hemos visto desde que saliste del servicio militar.

—Lo sé. Te prometo sacar un tiempo para ir a visitarlos antes de que inicie toda la promoción del nuevo disco.

—Por lo pronto me conformo con una cena y unos tragos con mi hermano.

—Voy a revisar mi agenda y te aviso.

Al terminar la llamada, recibo varios mensajes de él con fotos de la pequeña Su Min, y me siento un momento para disfrutar de ellas.

Recuerdo que, cuando nació, nos encontrábamos en Japón cumpliendo con varias fechas de conciertos.

Pasó una semana desde su nacimiento para que pudiera conocerla.

Pedí permiso, me bajé del avión y corrí de inmediato a casa de mi hermano.

Fue amor a primera vista. Ella es la princesa de la casa, no solo de la de mi hermano, sino también de la mía y la de mis padres, aunque se encuentren lejos.

Me llega un mensaje para avisar que la comida ha llegado. Voy a buscarla porque después de comer tengo que prepararme para esperar que vengan por mí.

Camino a la empresa, reviso el chat del grupo.

En la mañana, algunos de los miembros tenían actividades en sus agendas, como fotos para revistas y entrevistas, mientras que a otros les tocaba ir al estudio.

Esta tarde solo iremos los raperos. BEATS está dividido en tres subunidades, cada una, a su vez, con tres miembros: los vocalistas, los bailarines y los raperos.

Lee Hyun Sik, Jeon Young Jae y Shim Sung Hoon conforman la unidad de los vocalistas.

Kim Se Rim, quien es nuestro líder, Choi Han Bin y Yamamoto Haru son los bailarines.

Y Seok Soon Young, Park Hyun Jae y yo somos los raperos.

Al acercarnos al edificio de la empresa, puedo ver, a través de los vidrios tintados de la van, algunas fans cerca de la puerta principal.

Sé que son fans nuestros por las camisetas que llevan puestas.

Ingresamos rápidamente al estacionamiento subterráneo.

Un par de minutos después estamos en la planta del estudio.

Al abrir la puerta, me encuentro con un espacio lleno de gente: están los técnicos y algunas personas de la agencia.

En los amplios sillones están tirados, prácticamente, uno encima del otro, Han Bin y Haru.

Han Bin es el maknae del grupo y, aunque ya es tan alto como los demás, no deja de ser nuestro hermano pequeño.

Recuerdo que, cuando nos conocimos, ambos conectamos de inmediato.

Él lucía tan asustado. Su mirada era como la de un venadito frente a los faroles de un auto, y yo me sentí con el deber de protegerlo, aunque yo también fuera un niño.

Frente a la consola está sentado Hyun Jae, quien es el miembro que ha producido nuestros discos en los últimos seis años.

Después de nuestro debut, estuvo dos años aprendiendo todo lo que era necesario para poder producir música.

Eso dice él, pero en realidad todos sabemos que lo traía con él desde el inicio.

En nuestra época de trainees, dedicaba el poco tiempo libre que nos quedaba a escribir música.

Yo soy un rapero que tuvo que entrenar mucho para llegar al nivel en el que me encuentro.

El potencial que vieron en mí para ocupar esa posición fue algo que ni yo mismo me hubiera imaginado, y con el pasar del tiempo he reforzado la idea de que estoy donde debo estar.

Al contrario de mí, Hyun Jae lo lleva en cada centímetro de su piel: la música y su posición como rapero.

Saludo con una leve inclinación a las personas que se encuentran en la sala.

—¡Hyung! —Han Bin salta del sillón—. Hola, ¿ya terminaron de grabar sus partes?

—Sí, hace unas horas. Luego subimos a una de las salas para hacer una transmisión en vivo mientras comíamos.

Me acerco a Hyun Jae y le doy unas palmaditas en la espalda.

—Jagiya.

Hyun Jae se gira en la silla.

—Es tu turno.

Me quito la chaqueta y saco mi teléfono del bolsillo.

Allí tengo la letra que escribí para la canción.

No todos los grupos tienen la libertad de que los dejen escribir sus propias líneas.

Entro a la cabina, me quito la gorra, me coloco los audífonos, y por las siguientes dos horas sigo las instrucciones de Hyun Jae.

Al terminar, cambio de posición con él para que pueda grabar su parte.

Damos por terminada la sesión una hora y media después.

—Muchas gracias, señor productor.

Se inclina frente a mí al salir de la cabina. Me acerco y le doy un abrazo.

—Lo estás haciendo muy bien.

—¿Te vas a casa? —dice en un tono que reconozco.