CAPÍTULO 10 #3
—Winter me contó que eres de Australia —empieza Da Mi, y se lo agradezco.
—¿Winter?
Hyun Jin se ríe, tapándose la boca con la mano.
—Cuando estaba en Estados Unidos necesitaba un nombre fácil de pronunciar. Me encanta el invierno, por eso Winter. Solo mis amigos cercanos me llaman así.
—¿Tú también estudiaste en Estados Unidos?
—No, pasé un año de intercambio en Nueva Zelanda. Vuelvo cada vez que puedo; tengo muchos amigos allá. Winter y yo nos conocemos desde niñas.
—Fuimos casi a la misma guardería —dice Da Mi, y ambas ríen.
Mientras comemos me cuentan de cuando iban juntas a la escuela. Del otro lado de la mesa estalla una carcajada, y me resulta un poco extraño ver al director Park riendo con los demás; siempre lo he visto con esa imagen de hombre serio de negocios.
—¿Te gusta mi hermano? —Me susurra Hyun Jin al oído.
La pregunta me sorprende.
—No, no. No es lo que piensas.
Ella ríe.
—No le has quitado los ojos de encima hace rato.
—Es que las pocas veces que lo he visto, nunca lo había visto tan relajado.
—Siempre lo has visto en modo trabajo. No te voy a negar que puede ser un poco aburrido, el pobre, y su sentido del humor es algo pesado. Pero cuando se trata de divertirse, sabe hacerlo bien.
La miro un poco sorprendida.
—No me mires así —sonríe de nuevo—. Mi hermano es un hombre joven que tuvo que madurar demasiado pronto.
Un suspiro profundo me hace voltear hacia Da Mi.
—Es el hombre ideal para cualquier mujer.
Hyun Jin hace una mueca de desagrado, y esta vez soy yo la que ríe.
—Dejemos de hablar de él. Leilani, ¿tienes planes para el próximo fin de semana?
—Por ahora no. Pienso quedarme en casa a trabajar.
—¿A qué te dedicas? —pregunta Da Mi, con curiosidad.
Por un momento pienso en decirle que escribo, pero lo descarto enseguida. Hyun Jin sabe a qué me dedico, obviamente, pero no dice nada.
—La universidad donde estudié en Australia tiene un convenio con una universidad local, y voy a dar unas tutorías de literatura a estudiantes extranjeros.
Para conseguir la visa de larga estadía, uno de los requisitos es aportar a la economía con mi trabajo, así que decidí compartir lo que sé con otros estudiantes.
Me costó bastante mantener todo esto en secreto para que no llegara a oídos del chico que me acosaba.
—Si te animas a salir, Da Mi y yo vamos a un concierto el sábado por la tarde. Mi hermano nos consiguió entradas para una banda que se está volviendo muy popular. Es amigo de uno de los chicos del grupo.
—¿Una banda de chicos?
—Vives en un país donde son muy populares.
—No estoy muy familiarizada. Claire, mi mejor amiga, lo ha intentado, pero no lo ha logrado.
—Si te animas, avísame. Seguro nos divertimos.
—Claire y tú se llevarían muy bien. Cada vez que habla de su grupo favorito, lo hace con tanta pasión que me deja maravillada. Es increíble cómo la música puede unir a la gente.
—Para mí, la música fue mi línea directa con casa cuando vivía en Estados Unidos. Me hacía sentir cerca de mi hogar y de la gente que quiero.
En sus palabras percibo un halo de tristeza; hasta su sonrisa cambia, y en su mirada se dibuja algo más triste todavía.
—A mí me gusta escuchar música mientras trabajo. Claire me regaló unos audífonos que uso mucho, porque bloquean el ruido exterior. Es como meterme en una burbuja.
Con ese comentario logro desviar un poco la conversación. Seguimos hablando de música, de literatura, de que pronto florecerán los cerezos. Hyun Jin y Da Mi me prometen llevarme a verlos.
Miro el reloj, son casi las once de la noche, y si no me apresuro no llegaré a casa en metro. Algunos ya se han despedido.
—Creo que es hora de irme.
—Nosotros podemos llevarte.
—Oh, no, no hace falta.
—Le digo a mi hermano. No creo que se oponga.
—No quiero molestar. Todavía llego al metro.
—No digas tonterías.
Hyun Jin se levanta y va donde su hermano; hablan unos segundos y él me mira. Ella vuelve y me dice que van a pagar la cuenta y que ya podemos irnos. Abro la cartera para sacar la billetera.
—¿Qué haces? Cierra eso. Eres nuestra invitada.
—Pero...
—Nosotros invitamos.
—Ya llegó mi taxi —Da Mi se levanta y se pone la chaqueta—. Fue un gusto conocerte, Leilani. Espero que nos veamos pronto.
Las dos amigas se despiden.
—Ya podemos irnos nosotros también.
Salimos justo detrás del director Park. Va hablando por teléfono, con un par de amigos a su lado.
Nos quedamos en la acera esperando. Al cabo de unos minutos se detiene frente a nosotros un elegante auto negro.
Baja un hombre y se acerca; alcanzo a entender cuando el director Park le pregunta si ya comió, y él responde que sí y le da las gracias.
Entonces abre la puerta trasera del auto.
—Señoritas.
—Oppa, ¿no vienes con nosotras?
Apenas entiendo lo que hablan; parece que él se queda con sus amigos.
—Espero que haya disfrutado de la velada, señorita Smith.
—Sí, muchas gracias por la invitación.
Nos acomodamos en el asiento trasero, y antes de arrancar él le da instrucciones al conductor.
—Espero no estar desviándote mucho del camino a casa —menciono.
—No te preocupes por eso.