No quiero pedir perdón CAPÍTULO 9 #3
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CAPÍTULO 9 #3

Hoy es Navidad, y no es excepción para ir a la playa.

Claire y yo usamos los trajes de baño que compró en Zimmermann y nos ponemos gorros navideños.

En la playa hay mucha gente con gorros similares; algunos hasta trajeron árboles de Navidad para decorar.

No perdemos tiempo en meternos al mar. Las olas están perfectas.

Perdemos la noción del tiempo deslizándonos y disfrutando cada momento; no salimos del agua hasta que se nos arrugan los dedos.

Es hora de la barbacoa. Papá prepara todo mientras el padre de Claire organiza las bebidas y le ayuda con los utensilios.

Mamá y la madre de Claire arreglan la mesa y ponen algunos adornos.

Claire se mete a la ducha, y yo busco qué ponerme.

Cuando llega mi turno, el agua fría cae sobre mi piel caliente y se siente delicioso.

Al salir del baño, encuentro a Claire tirada en mi cama.

—Esta ha sido la mejor Navidad de todas.

—Sí, ha sido increíble.

—Estarás en casa el próximo año, ¿cierto?

—Solo estaré fuera un año. El tiempo pasa volando. Además, eso no significa que no vaya a venir durante el año, y tú también puedes ir a visitarme.

—Tienes razón.

Me estoy desenredando el cabello cuando se para a mi lado.

—No te había dado tu regalo de Navidad.

—Ya compraste los trajes de baño.

—Te dije que eso fue con descuento.

Me entrega una cajita con un lazo rojo enorme. Por el tamaño, debe ser una joya. Dejo el cepillo a un lado, quito el lazo y abro la caja. Dentro hay una tarjeta, es de un estudio de tatuajes.

—¿Un tatuaje?

—Pensé que sería buena idea hacernos un tatuaje de amigas. ¿Recuerdas que lo hablábamos en la escuela?

—Claro que lo recuerdo.

—Y qué mejor momento que este. No importa en qué parte del mundo estemos, siempre vamos a estar juntas. Eres mi mejor amiga, Lani.

No quiero llorar, pero las lágrimas se me acumulan igual. Nos abrazamos.

—Voy a regresar.

—Espero que sí.

Cuando nos separamos, hablamos del diseño mientras termino de desenredarme el cabello.

Al salir a la terraza, el aroma de la barbacoa lo llena todo.

Vamos por unas cervezas, y en ese momento mamá empieza a cantar Six White Boomers, y de inmediato vuelven los recuerdos de mi infancia.

Claire y yo cantamos a todo pulmón; seguro nos escuchan hasta las casas vecinas, aunque no hay una sola persona en este país que no haya cantado esta canción alguna vez.

Recuerdo que, de niña, viendo las películas navideñas en la tele, le preguntaba a mamá por qué Santa tenía renos en vez de canguros ayudándolo con el trineo, y si eso significaba que ya no ayudaría a Joey a encontrar a su madre.

Seguimos cantando, abrazadas. Mamá toma fotos con el teléfono mientras nosotras hacemos las poses más ridículas.

Cuando la comida está lista, nos sentamos todos juntos. El olor se mezcla con la brisa marina. Mientras comemos, hablamos del trabajo, de mi nuevo libro, del último proyecto de papá. Pero en algún momento el tema de mi mudanza cae sobre la mesa.

—¿Ya tienes fecha para tu mudanza?

—Mamá, te pedí que no tocaras el tema.

Tomo la mano de Claire bajo la mesa. Su madre no lo dice con mala intención; al contrario, luce apenada.

—Disculpa si la pregunta te incomodó. Sabemos que es una decisión difícil, con todo lo que ha pasado.

—No pasa nada, tía Hannah. Planeamos viajar a mediados de enero.

—Claire nos mostró las fotos de su viaje juntas. Habló del viaje por días.

—¡Papá!

El comentario del padre de Claire relaja el ambiente.

Es pasada la medianoche cuando Claire y yo nos preparamos para dormir. Tomamos unas cervezas, no las suficientes para emborracharnos, solo para estar un poco achispadas. Me acuesto y, poco después, ella se recuesta a mi lado. Quedamos frente a frente.

—Perdona si el comentario de mamá te hizo sentir mal.

—No pasa nada. Estoy empezando a pensar que el tema de mi viaje a Corea se ha vuelto casi tabú, y no quiero que nadie lo vea así.

Sí, tomé la decisión por todo lo que ha pasado, pero no quiero que la vean como algo negativo.

Yo estoy emocionada. Y sé que será una experiencia que voy a disfrutar al máximo.

Veo su rostro y sé que algo le preocupa.

—¿Qué te pasa por la cabeza?

Tarda unos segundos antes de hablar.

—Me da miedo que te guste tanto que no vuelvas.

—Eso no va a pasar.

—No sabes lo que puede pasar. ¿Y si conoces al amor de tu vida?

—Ya vas a empezar a fantasear.

Ambas reímos.

—Puedes enamorarte como en las series. Vas caminando por las calles de Seúl, tropiezas, y de la nada aparece un chaebol que te atrapa entre sus brazos, en cámara lenta.

Y ahí se enamora de ti, y lucha contra su familia, que ya lo tiene comprometido con la hija de otra de las empresas más poderosas del país.

—Deberías empezar a escribir historias tú.

—Aquí la escritora eres tú.

Nos quedamos calladas un buen rato. Claire se acurruca contra mí, y entonces oigo unos ruiditos: su cuerpo empieza a temblar.

—¿Estás llorando?

Niega con la cabeza, pero sé que miente, así que la abrazo.

—No llores, por favor. Verte así me hace sentir mal.

—Entonces no te vayas.

—Han sido meses muy difíciles, y tú más que nadie lo sabe. Ahora mismo necesito darme un tiempo para que mi mente esté mejor. Quiero poder salir de casa sin sentir que me vigilan.

—Has sido muy fuerte.

—Muchas veces no me he sentido así.

Levanta el rostro para mirarme.

—No lo dudes nunca. Eres una mujer muy fuerte —afirma.