CAPÍTULO 5 #2
Han Se sonríe al ver que Claire me hace una seña pidiéndome cinco minutos más, y Jong In se para a su lado.
La camioneta avanza un poco más adelante y entonces se acerca un elegante auto negro.
Del lado del pasajero sale el director Park, vestido completamente de negro, con un abrigo largo y gafas de sol.
Sigo sus movimientos: camina con elegancia y una seguridad absoluta.
Su presencia llena el espacio de una forma especial; el aire se carga de una energía distinta.
Habla con los hombres que llegaron antes.
—¿Es un buen jefe?
—Sí, lo es.
—Es joven, ¿cierto?
—Lo es, pero muy respetuoso con la gente que trabaja con él, con todos en general. Puede tener mal carácter en ocasiones, pero es un buen hombre. Su padre ha hecho un buen trabajo con él y con su hermana.
Me llama la atención que no diga sus padres, y aunque muero de curiosidad, no pregunto. El director Park tiene un aura especial.
Los gritos de las chicas en la puerta me hacen mirar hacia donde está Claire.
Frente a nosotros se estacionan tres camionetas negras.
Primero baja más personal de seguridad. Al cabo de unos minutos, las puertas laterales se abren y, casi al unísono, varios chicos descienden de ellas.
El ruido de las cámaras es ensordecedor.
Todos apuntan hacia ellos. Hago un conteo rápido mientras se alinean en el punto exacto donde Claire me hizo parar para las fotos. Son nueve.
—¿Quiénes son?
—El grupo se llama BEATS.
—¿BEATS? —Claire debe estar en las nubes; la he escuchado hablar de ellos—. ¿Son muy populares aquí?
—Debutaron hace un par de años y están ganando mucha fama últimamente.
A Claire le encanta el k-pop, y aunque ha intentado que a mí también me guste, aún no lo ha logrado.
Cuando el grupo comienza a cruzar la calle, veo a todo el personal de seguridad moverse, y al director Park colocarse junto a los chicos como uno más de ellos.
Algunos llevan el rostro cubierto con mascarillas y gorros amplios; otros, lentes oscuros.
Saludan a las cámaras mientras entran al aeropuerto, seguidos por la masa de gente.
Claire llega hasta mí y me abraza.
—Esto es el broche de oro de nuestro viaje a Corea del Sur.
—Es uno de tus grupos favoritos, ¿cierto?
—¿Bromeas? Los sigo desde que debutaron. Sabía que pronto viajarían a Japón, pero nunca me imaginé que sería justo hoy, en este momento. Soy una mujer feliz de haberlos visto tan de cerca.
—Es hora de irnos, Claire.
—¡Por Dios, ¿y si los vemos adentro, cuando pasemos el control de seguridad?! Vamos, rápido.
Nos llevan de vuelta al auto para recoger las maletas.
Nos despedimos de Jong In, mientras Han Se nos acompaña adentro; nos dice que esperará hasta que entremos a la sala de espera.
Antes de pasar el primer control, ambas le damos las gracias por cuidarnos.
Claire le dice algo en coreano y luego, sin que él lo espere, le da un abrazo rápido.
Sabemos que no es parte de su cultura, así que para él resulta evidentemente extraño. Yo le sonrío e imito a mi amiga.
Cruzamos el primer control. Es hora de volver a la realidad.
Para nuestra sorpresa, al cruzar y buscar la señalización hacia nuestra puerta de embarque, vemos al director Park. Se acerca y nos saluda.
—Permítanme acompañarlas a su puerta de embarque.
—No es necesario. Sabemos que está ocupado.
—Ustedes también son nuestras clientes.
Con eso, da por terminada la conversación y nos hace un gesto para que caminemos hacia donde debemos ir.
Se coloca a mi lado, y mientras avanzamos puedo sentir más cerca esa energía especial que percibí minutos antes.
También alcanzo a oler su perfume, un aroma a madera, tal vez, fresco y masculino.
Al llegar a nuestra puerta, hace una reverencia.
—Espero que hayan disfrutado su estancia en Corea del Sur, y que tengan un buen viaje de regreso a casa.
—Gracias —contestamos a la vez, y lo vemos alejarse.
—Ese hombre me pone mal. Es tan hermoso que no me deja pensar con claridad. Sigo creyendo que podrías volverlo protagonista de una de tus novelas.
Tratamos de descansar durante las diez horas de vuelo. Al llegar a Sídney, mis padres nos esperan, pero lo que me sorprende es encontrarme con un hombre al que no conozco y que ellos me presentan como mi nuevo guardaespaldas.
—Esto no es necesario, mamá.
—Pensamos que sí lo es, hija. La agencia que te cuidó en Corea trabaja con ellos y los recomendó.
Claire me toma de la mano y la aprieta para que me calme.
En casa solo quiero encerrarme en mi habitación a dormir. Por un momento soy consciente de que estoy volviendo a los hábitos que tenía antes del viaje. Es como echar el tiempo atrás.
Cuando despierto me siento agotada, pero sé que debo mover el cuerpo un poco. Me doy una ducha, me pongo otro pijama y bajo a la cocina. Encuentro a mamá doblando ropa en la sala.
—Buenos días, mamá.
—Buenos días, hija. El café está listo.
Veo mis maletas todavía cerca de la puerta. Tendré que abrirlas pronto, o se quedarán días ahí, en la entrada. Me sirvo café y vuelvo a la sala. Me siento en el sofá, frente a mamá.
—¿Te gustó el viaje a Seúl?
—Mucho. Claire y yo hicimos muchas cosas nuevas. Conocimos muchos sitios.
—¿Cómo va tu novela?
—Estoy por terminarla. Después tomaré un descanso antes de empezar a revisarla, para poder enviarla a la editorial.
Noto que intenta desviar la conversación, porque sabe que debemos hablar del guardaespaldas.
Pero, si lo pienso bien, tampoco tengo energía ahora mismo para ese tema.
Decido dejarlo para cuando me sienta con más ganas.
Por ahora no planeo salir de casa estos días, así que no será necesario que nadie me acompañe.
Le pido a mi psicóloga que la próxima sesión sea virtual, para no tener que salir.
—En la última sesión aún estabas en Seúl. Hablamos de lo feliz y tranquila que te sentías, de que estabas escribiendo mucho, de que habías conocido gente nueva, de que hacías cosas que te gustaban. Ahora que ya estás de vuelta en casa, cuéntame: ¿cómo estás? ¿Cómo te sientes?
—Ahora mismo siento que he vuelto a mi jaula. A esa donde he estado encerrada los últimos meses.
—¿Por qué te sientes así?
—Apenas regresé, ya tenía un guardaespaldas esperándome. Mis padres dicen que es necesario.
—En Seúl también tenías guardaespaldas.
—Lo sé, pero acababa de pasar el incidente con el acosador, y aunque sabía que estaría bien, acepté porque fue una de las condiciones para que me dejaran viajar.
—¿Has hablado con tus padres al respecto?
—Cuando lo intentamos, no fue realmente una conversación; fue más una discusión. Unos días después de regresar, cuando ya sentía la mente más descansada y tranquila tras el viaje, decidí que era momento de tocar el tema.
—Tu seguridad está por encima de todo, Leilani, y hemos decidido que no vas a salir de casa sola. Sabemos que eres una mujer adulta, capaz de tomar tus propias decisiones, pero en esto no vamos a ceder —me dijo papá.
—Lo acepté durante el viaje porque era una de las condiciones para poder ir.
—Y lo debes aceptar ahora. Ese hombre está libre, hija, y no quiero ni pensar en la posibilidad de que vuelva a hacerte daño.
—La policía nunca debió dejarlo salir. Los golpes que me dio solo alcanzaron para una orden de alejamiento.
—Precisamente por eso tu madre y yo estamos preocupados. No te decimos que no salgas de casa; solo queremos que, cuando lo hagas, no vayas sola.
Sabía que no iba a llegar a ningún lado con esa conversación, así que al final cedí.
—No quiero tener a una persona detrás de mí.
—En Seúl tenías a alguien que te cuidaba.
Mis padres me pusieron contra la pared cuando insistieron en que alguien me cuidara, porque ese hombre seguía suelto, y que no hubiera pasado nada extraño en los días que estuve fuera no significaba que las cosas fueran a seguir bien.
—Ellos quieren protegerte, y tú quieres recuperar tu normalidad —dice Lesley.
—¿Sabes? A pesar de que en Seúl tenía a dos personas cuidándome, nunca me sentí encerrada. Pude hacer muchas cosas y las disfruté mucho.
—Debemos encontrar la forma de que te sientas igual aquí. Piensa por qué en Seúl no tuviste problemas con eso, y aquí no pasa lo mismo.
Me quedo callada un largo rato, y Lesley espera con paciencia. Sin querer, las lágrimas empiezan a brotar.
—Estoy cansada de esta situación —digo, mientras me paso las manos por el rostro—.
En el fondo sé que es una tontería negarme a tener a alguien que me cuide, cuando ese hombre puede acercarse a mí en cualquier momento.
Pero hace tanto tiempo que me siento encerrada en mi propia vida.
Estuve varios meses sin poder salir con mis amigos por miedo a que algo pasara.
En Seúl me sentía tranquila porque pensaba que sería una locura que ese tipo apareciera allá. Soy una tonta, ¿cierto?
—No lo eres, Leilani. Has estado bajo mucho estrés en los últimos meses, y en tu viaje te diste permiso de soltarlo.
Me contaste que en Seúl lograste crear una conexión con los dos hombres que las cuidaban.
¿Por qué no intentas hacerlo de nuevo? Puede ayudarte a sentirte más cómoda con su presencia.
Con esa tarea termina mi sesión.
Los días siguientes los dedico a terminar de escribir mi novela.
Y cuando la palabra fin, me siento tan satisfecha con el trabajo hecho que llamo a todo el mundo para contarlo: a Claire, a Emily, a Lily.
Le envío un mensaje de texto a Lesley. Y mientras busco en mis contactos a quién más escribirle, veo el nombre de Han Se.
¿Y por qué no? También le mando un mensaje para contarle que ya terminé.
Mamá prepara una comida especial para celebrar, y papá abre una botella de vino para el brindis.
Ahora me tomaré un descanso antes de volver a la novela y revisarla por completo.