No quiero pedir perdón CAPÍTULO 5
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CAPÍTULO 5

La familia Park

Dentro de dos días regresamos a casa. Es extraño. A pesar de que quiero ver a mis padres, también siento que un pedacito de mí se queda aquí, en Seúl. Sé que hay muchos lugares que me faltó conocer, pero estoy segura de que esta no será la última vez.

—Esta noche quiero invitarlos a cenar.

Kang Han Se y Choi Jong In me miran extrañados.

—Solo nos quedan un par de días en Seúl y quiero agradecerles por todo lo que han hecho por nosotras.

—Es nuestro trabajo —responde Han Se.

—Lo sé, pero han hecho de este viaje una experiencia agradable.

No les puedo negar que la idea de tener un guardaespaldas siguiéndonos todo el tiempo me desagradaba por completo, pero ustedes me han hecho sentir tranquila y me han ayudado mucho contestando mis preguntas.

No saben lo que eso significa para mí. De verdad, muchas gracias.

—Lo hicimos para ayudarla, y nosotros también aprendimos mucho. Creo que ninguno de los dos había tenido a su cuidado a una escritora.

—Me alegra ser la primera, y no voy a aceptar un no por respuesta a mi invitación.

Me puedo permitir reservar la cena para los cuatro en uno de los mejores restaurantes de la ciudad, así que esta noche iremos a La Yeon.

Buscando los restaurantes más lujosos encontré este, que ofrece comida tradicional coreana con un toque moderno.

Está ubicado en el piso veintitrés del hotel The Shilla Seoul, por lo que la vista de la ciudad está garantizada.

Hago la reserva para las siete de la noche y aviso a todos.

El trayecto desde el apartamento hasta el restaurante nos toma unos cuarenta minutos; encontramos algo de tráfico.

Al llegar al piso veintitrés doy mi nombre y de inmediato nos llevan a una mesa pegada a uno de los ventanales.

La vista de la ciudad es impresionante. Nos traen el menú y toman la orden de las bebidas.

Estamos conversando los cuatro mientras escogemos qué comer cuando alguien se acerca a la mesa y nos saluda.

—Buenas noches.

Kang Han Se y Choi Jong In se levantan de inmediato e inclinan la cabeza.

—Director Park —dicen ambos a la vez, con un tono que denota respeto.

Claire y yo lo miramos, es el director de la empresa de seguridad. Ambas respondemos a su saludo.

—Señoritas. Me alegra poder conocerlas en persona, aunque sea al final de su visita. Espero que haya sido placentera su estancia.

—Muchas gracias. La pasamos muy bien, y ellos —digo, señalando a los hombres que siguen de pie—. han contribuido mucho a que así sea. De verdad que han hecho un buen trabajo.

—Me alegro de que mi equipo haya cumplido sus expectativas. Espero que disfruten la cena.

Se retira con una inclinación, no sin antes hacerle una señal a Han Se, que se disculpa para ir a hablar con su jefe.

Lo sigo con la mirada. Se acercan a unas personas que están cerca de la salida.

Reconozco a uno de ellos, es el presidente de la empresa, y con él hay dos mujeres jóvenes.

Una de ellas claramente no es de aquí; tiene unos ojos azules impresionantes.

—Tu jefe parece salido de un drama.

Claire le suelta el comentario a Choi Jong In, que sonríe.

—¿Te puedo preguntar quiénes son los que están con ellos?

—El hombre mayor es el presidente Park, el dueño de la empresa. El director Park es su hijo mayor. De las dos mujeres, una es la hija del presidente, Park Hyun Jin, y la otra es la señorita Saddler.

—¡Ohhh! Su hermana es preciosa —Claire vuelve al ataque con sus comentarios—. ¿Y la otra es la esposa de alguno de ellos?

—No, la señorita Saddler trabaja con nosotros, en la agencia.

—Claire, deja de preguntar tonterías.

—Solo es curiosidad —levanta las manos, en señal de rendición.

—Espero que no les llamen la atención por haber aceptado nuestra invitación —digo.

—No se preocupe. El director Park sabía que estaríamos aquí. Tenemos que reportar nuestros movimientos, por si se presenta alguna situación y necesitamos el apoyo de nuestros compañeros. Lo que no sabíamos es que ellos también estarían aquí.

—Puede ser coincidencia —comento.

—Sí, puede ser.

Aunque sus palabras salen en un tono neutral, no creo que todo esto sea coincidencia. Cuando Han Se regresa a la mesa, ordenamos y seguimos con la cena como si nada hubiera pasado. Estoy segura de que ninguno de los dos hablará al respecto; de hecho, Jong In ya nos dijo bastante.

No regresamos tarde al apartamento y aprovechamos para arreglar las maletas.

Después de una ducha y de ponernos ropa cómoda, nos sentamos en la sala con las maletas extra que tuvimos que agregar para llevarnos todo lo que compramos en el viaje: recuerdos, regalos para nuestras familias, yo compré para Emily y Lily, además de una cantidad exorbitante de productos de belleza, ropa, y todo lo que Claire pudo encontrar relacionado con el k-pop.

—Nos tocará deslizar la tarjeta de crédito una última vez en el aeropuerto. ¿Por qué compramos tantas cosas?

Me rio del comentario de Claire.

—Me gusta verte así, Lani. Los últimos meses habías dejado de ser tú. Pero lo has hecho bien.

—Gracias. Me siento más tranquila, y estos días me he divertido mucho.

—También has trabajado mucho.

—Escribir para mí no es un trabajo. Escribir me llena de felicidad. Por eso estudié literatura.

—Y estoy orgullosa de ti. Todos estamos orgullosos de todo lo que has logrado.

—Me vas a hacer sonrojar, o peor, que me ponga a llorar.

—No seas tonta. ¿Recuerdas que antes de viajar te dije que no te preocuparas por el tema del guardaespaldas? Ya ves que nos fue mejor de lo que pensábamos.

—En realidad, sí. ¿Sabes? Al final los sentí casi como amigos, aunque en el fondo sabía que estaban trabajando. Ambos hombres me hicieron mucho más fácil aceptar que estaban allí para cuidarme.

Los días que estuvimos fuera de Seúl contribuyeron mucho a eso. El primer día en Busan fuimos a caminar por la playa, y mientras Claire y Jong In fueron por unas bebidas, Han Se y yo caminamos por la orilla sin alejarnos demasiado.

—¿Le puedo hacer una pregunta personal?

—Solo si yo elijo si contesto o no.

—Estoy segura de que, por la naturaleza de su trabajo, la información personal no es algo que puedan andar contando por ahí, pero tengo curiosidad. Sobre todo porque me siento mal de que haya estado todos estos días con nosotras. Y el día que fuimos a Hongdae fue demasiado.

—Quiere saber si tengo familia.

—¿Cómo lo sabe?

—Llevo tiempo en esto; puedo leer entre líneas. Es una pregunta personal, pero voy a confiar en su discreción. La respuesta es sí, estoy casado y tengo una bebé de dos años.

Le agradecí la confianza.

—¿Emily te comentó si tendrás seguridad en casa ahora que estarás de regreso?

—No me ha dicho nada, y yo tampoco se lo he preguntado, aunque tengo esa duda. No quiero pensar que, después de estos días, vuelva a la misma realidad.

—¿Lo has hablado con tu psicóloga?

—Sí. Estoy cansada de sentirme tan vulnerable en un espacio que debería ser seguro.

Claire se acerca para abrazarme cuando nota que mi voz se ha quebrado un poco. Y eso me alivia.

Mientras seguimos con las maletas cambiamos de tema por completo.

Hablamos de volver a Corea y visitar otras zonas del país; siempre queda algo pendiente.

Hoy es nuestro último día en Seúl y solo saldremos a almorzar.

Le pedimos a Han Se que nos lleve a algún lugar de la ciudad que no sea turístico, alguno de los restaurantes o puestos donde comen los locales.

Aunque ya probamos la comida callejera, nunca está de más conocer otros sitios.

—¿Revisaron que no se les quede nada?

—Sí, gracias —respondo.

—Déjennos ayudarlas a bajar las maletas.

Ambos hombres sonríen al ver que llevamos más maletas de las que trajimos. El trayecto hasta el aeropuerto de Incheon es tranquilo, aunque antes de llegar, Claire tiene una petición especial.

—Oppa, hay una puerta por donde siempre entran los artistas de k-pop cuando viajan al extranjero. ¿Podrías acercarnos, solo para tomarnos una foto?

—Claire...

—Lani, por favor. Solo quiero pararme cinco minutos donde ellos lo hacen y tomarme una foto.

Ambos hombres intercambian algunas palabras y Han Se mira su reloj. Vamos con tiempo de sobra para el vuelo. Nos explica lo que haremos. Llegamos a un punto donde nos estacionamos.

—Tenemos que hacer esto rápido —dice Han Se.

Al llegar a la puerta, notamos una gran cantidad de fotógrafos y muchas chicas, tanto dentro como fuera.

Claire me hace cruzar la calle con ella y pararnos del otro lado.

Enseguida, uno de los hombres toma la foto.

Después de un par de fotos, Claire me dice que se tomará unas más, así que le hago señas a Han Se para que me ayude a cruzar de nuevo.

Jong In toma mi lugar, cerca de Claire. Nos ubicamos a un costado, un par de metros lejos de la multitud.

—¿Por qué hay tanta gente?

—La salida de un grupo que viaja al extranjero.

—Que Claire no se entere, por favor, porque si lo hace vamos a perder el vuelo.

Claire ha terminado de tomarse las fotos y está a punto de cruzar cuando llega una camioneta negra y se estaciona cerca de donde estuvimos paradas. De ella descienden unos hombres que claramente son guardaespaldas. Los observo con atención y noto que ambos le hacen una inclinación a Jong In.

—¿Son amigos suyos?

—Compañeros de trabajo.

Claire y Jong In cruzan la calle, y entonces ella se acerca a una de las chicas que está en la entrada e intercambian unas palabras. Después, se cubre la boca y le dice algo a Jong In.

—Vamos a perder el vuelo.