CAPÍTULO 3 #3
Doy vueltas en la cama y por un momento estoy desorientada.
Tomo el celular y veo la hora: en casa es casi mediodía, aquí serán las diez de la mañana.
Me estiro todo lo que puedo antes de salir de entre las sábanas.
Me acerco a la ventana y abro las cortinas.
En la calle la gente va de un lado a otro.
Finalmente estoy en Seúl.
Voy al baño, me echo agua en el rostro y me cepillo los dientes. Cuando termino, salgo de mi habitación y, antes de ir a la cocina, me asomo para ver si Claire sigue durmiendo.
Me toma unos minutos encontrar dónde están las tazas y el café. Algo de lo que sí nos percatamos anoche es que en el refrigerador había varias cosas: fruta, aunque dicen que aquí es muy cara, cereales, jugos y leche.
Pongo la cafetera y, mientras espero, vuelvo a mi habitación por el teléfono. Reviso mis mensajes y le escribo uno a Emily para avisarle que llegamos bien y ya estamos instaladas.
El café está listo. Termino de revisar mi correo y siento la necesidad de salir un rato. Sé que Claire dormirá hasta tarde, así que me llevo la taza conmigo a la habitación mientras me arreglo para salir.
Después de una ducha rápida ya estoy lista. Pero entonces recuerdo que no puedo salir sola. Suelto un fuerte suspiro y me dejo caer en el borde de la cama. Solo quiero dar una vuelta por aquí cerca, ver el vecindario; no debería ser necesario que nadie me acompañe.
Esto es tan frustrante.
Busco la tarjeta que nos dejó Kang Han Se anoche y lo llamo. Me contesta de inmediato.
—Hola, buenos días.
—Buenos días, señorita Smith.
—Quería saber si está cerca del apartamento. Deseo salir un rato.
—Estoy justo aquí. La puedo esperar en la entrada del edificio.
—Oh, deme diez minutos más y ya bajo.
Le dejo una nota a Claire avisando que voy a salir, cerca de la cafetera, donde no pasará desapercibida.
Por un segundo, la falta de costumbre me hace buscar las llaves, pero recuerdo que aquí las cerraduras son todas electrónicas.
En la planta baja me encuentro con Kang Han Se, quien, con una leve inclinación de cabeza, me saluda, y yo lo imito. Es muy diferente ver detalles como este en las series o en los blogs de viaje que estar aquí y vivirlo en primera persona.
—¿Dónde quiere ir?
—Solo quiero caminar un poco por el vecindario para familiarizarme con el lugar.
—¿La señorita Johnson viene?
—Aún está dormida. Y la conozco, tardará en levantarse.
Al salir a la calle respiro hondo y elijo hacia donde caminar. Doy unos pasos y me percato de que Kang Han Se va unos pasos detrás de mí, por lo que me detengo.
—Me sentiría más cómoda si camina a mi lado en vez de unos pasos atrás.
—Necesito cuidar su perímetro.
—Esto no va a funcionar si vamos a caminar así.
Él me mira de una forma que me hace saber que está analizando todo rápidamente. Da unos pasos y se coloca a mi lado.
—Gracias.
Caminamos en silencio durante un largo rato.
Y aunque no me molesta, pienso que este hombre que camina junto a mí estará a nuestro alrededor durante toda nuestra estancia.
No me agrada la idea, pero por lo menos debería procurar que la relación fuera cordial.
Y, si lo pienso bien, él es de aquí y puede ayudarme con la investigación para mi novela.
—¿Le puedo hacer una pregunta? —es lo primero que se me ocurre para romper el hielo.
—Sí, claro.
—Me imagino que sabe que soy escritora, y que este viaje no es solo para vacacionar, sino también para documentarme mejor para la nueva novela que estoy escribiendo.
—Estoy enterado de eso.
—Si en algún momento necesito que me ayude con alguna información, ¿puedo contar con usted?
—¿Información de qué tipo?
—Cosas sencillas, como lo que hace la gente en su vida diaria, qué hacen después del trabajo, cómo viven.
Él me mira un poco extrañado.
—Darle cotidianidad a mis personajes los hace más reales.
—¿Me podría explicar un poco más?
Y ese comentario da pie a que comience a hablar casi sin parar de cómo se construyen los personajes de una novela. En su rostro puedo ver que está realmente interesado, no lo hace por simple cortesía.
Llegamos a un punto en el que necesito parar un rato para tomar algo.
Se lo comento y nos acercamos a una de las tantas tiendas de conveniencia que hay en el barrio.
Me ayuda a comprar una bebida y también compro unos pasteles que no sé de qué son, pero cuyo empaque tiene un diseño que me llama la atención.
Nos sentamos en unas sillas altas frente a una mesa larga pegada a la ventana.
Insadong es un vecindario muy pintoresco. Su calle principal es peatonal, y en ella se encuentra un sinnúmero de salones de té, restaurantes y tiendas donde venden recuerdos tradicionales.
Mientras estamos sentados allí, veo pasar a un grupo de chicas que, se nota, son extranjeras igual que yo, todas vestidas con hanbok. Las veo detenerse en algunos puntos para tomarse fotos.
—¿Me podría ayudar a comprar algunas cosas para llevarle a Claire?
—Sí, vamos.
Doy vueltas por la tienda y tomo todo lo que me llama la atención. Al final será para ambas. Me encanta la idea de probar cosas nuevas.
Observo que Kang Han Se hace una llamada y luego caminamos por una de las calles laterales donde, para mi sorpresa, nos recoge un auto.
—Él es mi compañero, Choi Jong In —dice Kang Han Se.
Lo saludo desde el asiento de atrás. En el auto no demoramos casi nada en regresar al apartamento.
Quedamos en que estaremos en casa y que probablemente, alrededor de las siete, saldremos a cenar, por lo que a esa hora regresará por nosotras.
Encuentro a Claire tomando café, lo que me indica que acaba de levantarse. Dejo sobre la mesa las cosas que compré y voy a cambiarme. Al regresar, le cuento sobre mi caminata por el vecindario.
Al cabo de un rato me dice que se dará un baño para terminar de despertarse, y que luego nos sentaremos a planear lo que haremos durante estos días.