No quiero pedir perdón CAPÍTULO 3 #2
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CAPÍTULO 3 #2

Claire y yo decidimos el lugar donde nos queremos hospedar y le envío la información a Emily, días después de nuestro encuentro.

Estoy sentada frente a mi computadora sin saber por dónde comenzar.

Llevo semanas sin escribir. No puedo. Busco la playlist que he creado en Spotify para esta novela y me pongo los auriculares.

Escucho un par de canciones antes de que mis dedos comiencen a moverse sobre el teclado.

El tiempo comienza a pasar y cuando el playlist reiniciahan pasado tres horas de música continua.

Por primera vez en varios días he escrito todo un capítulo.

Me levanto de mi silla y me estiro. Me doy unas palmaditas en la espalda porque estoy orgullosa de mí.

Salgo de la oficina y voy directo a mi habitación, necesito darme un baño y mi recompensa hoy será ver una serie en Netflix.

Busco ropa cómoda para ponerme y luego voy directo a la ducha. Me quito la ropa en el baño y me meto bajo el chorro de agua fría.

Me repito una y otra vez que todo va a estar bien.

En unas semanas estaré con mi mejor amiga en Seúl y todo va a estar bien.

Al salir me seco, me visto y lo que sería una tarde para ver series se convierte en unas horas para ver vídeos en Youtube sobre qué visitar en Corea.

Blogs de viaje, de restaurantes y cafeterías.

Me dan casi las dos de la mañana viendo vídeos.

Es mejor que me acueste a dormir, mañana debo ir a mi sesión con la psicóloga.

Mamá me trae hasta el centro de la ciudad donde está el consultorio. Desde la última vez que nos vimos han pasado muchas cosas.

Al entrar a su oficina se respira calma. Eso lo percibí en mi primera sesión. Es un espacio seguro. Lesley me recibe con una sonrisa amable.

—Hola, Leilani, ¿cómo estás?

—Hola, estoy bien.

Toma asiento. Me señala el sillón individual que está frente a su silla.

—¿Quieres algo de tomar?

—Estoy bien así. Gracias.

—Nuestra sesión pasada me contaste todo lo que te había pasado. Cuéntame, ¿cómo has estado estos días?

—Estoy tratando de llevar las cosas lo mejor que puedo. Hace poco me enteré de que ese tipo pagó una fianza y está en la calle. Y de solo pensar que puede volver a acosarme me pone muy mal.

Hablamos un rato sobre mi temor de salir a la calle sola y el terror que siento al escuchar cuando tocan al timbre. Antes de terminar la sesión le cuento sobre mi viaje. Salgo de allí con una serie de ejercicios para controlar mis nervios y también con algunas tareas.

Al regresar a casa me siento un rato a escribir. Aunque no lo estoy haciendo al ritmo en el que lo hago siempre, poder escribir un par de páginas me hace feliz. Parece que mi bloqueo está comenzando a desaparecer.

Antes de cerrar mi computadora voy a la cocina por algo de tomar.

Al regresar abro mi correo. Tengo varios que no he leído y mientras lo hago veo la notificación de un nuevo correo de Emily.

Al abrirlo me encuentro con la confirmación del apartamento en Insadong.

En esta parte, Claire tuvo que ceder un poco de su idea de que nos hospedamos en Gangnam o en Hongdae.

Quiero estar cerca en especial del Palacio Gyeongbokgung.

El principal Palacio Real de Joseon que está ubicado en el corazón de Seúl.

Porque allí se desarrolla gran parte de mi historia.

Le prometí a Claire que saldríamos de fiesta a Hongdae mientras estemos en la ciudad.

Porque también queremos ir a Busan y tal vez un fin de semana a la Isla Jeju.

Estoy tan distraída viendo las fotos del lugar donde nos vamos a quedar que pasa un largo rato antes de que me percate que en el mismo correo Emily me pide que lea el archivo que enviaron de la agencia de seguridad con la información de la persona que nos va a cuidar.

Abro el archivo y me encuentro con la hoja de vida de Kim Han Se.

Es un hombre de treinta y dos años y con mucha experiencia por lo que puedo leer.

La información está tan detallada que incluye todos los cursos que ha tomado y sus habilidades.

Es octavo dan en taekwondo y luego de cumplir su servicio militar ingresó a la agencia donde lleva ocho años trabajando.

Hay una foto de él. Tiene un rostro amable, no parece un guardaespaldas.

Recuerdo las palabras del director el día de la reunión «haremos lo posible para que no se sienta incómoda». Creo que esta es su manera de hacerlo.

Termino de leer la información y se despierta mi curiosidad de saber más sobre la agencia.

Abro el buscador y pongo el nombre de la empresa Park Security.

Ingreso a la primera opción que me da. Se despliega una página con un diseño elegante, cambio el idioma porque está todo en coreano.

Leo los detalles sobre la empresa y sobre el servicio que ofrecen.

Hay una sección llamada nuestra historia.

Al abrirla me encuentro con una foto donde aparece un hombre de unos cincuenta años y a su lado está el director que habló conmigo.

Al leer me percato de que el hombre que aparece en la foto es Park Min Ho el presidente de la empresa y a su lado su hijo mayor Park Tae Yang director de la compañía.

La empresa la fundaron sus padres. Obviamente no hay fotografías de su personal.

Encuentro fotos de los reconocimientos que han recibido y me entero que no solo trabajan en Corea también lo hacen fuera del país según las necesidades de sus clientes.

Le envío un mensaje a Claire para avisarle que ya tenemos el lugar donde vamos a hospedarnos.

Un mes después

—Es un poco extraño que aquí sea otoño y en Corea sea primavera.

Mamá está ayudándome a terminar de empacar, mañana a mediodía sale nuestro vuelo.

—Lo mismo dirán de nosotros cuando, para Navidad, aquí estamos en verano mientras que en muchos lugares es pleno invierno.

—Espero que Claire y tú no se vayan a quedar despiertas hasta tarde. Tienen un largo viaje.

—No sé si podremos dormir de la emoción. —Sonrío.

Claire pasará la noche en mi casa para que podamos ir mañana juntas al aeropuerto.

Como lo predije, la emoción del viaje no nos deja dormir. Cuando por fin nos rendimo, eran casi las tres de la mañana. Solo tenemos unas pocas horas de sueño, pero eso no nos afecta, por el momento.

Nos levantamos temprano para poder tener tiempo de arreglarnos y desayunar antes de salir de casa hacia el aeropuerto, aunque el trayecto no nos llevará más de treinta minutos.

—¡No puedo creer que hoy nos vamos a Seúl. Será el mejor viaje de nuestras vidas! Lani ¿qué pasa? ¿Por qué pones esa cara?

—Lo único que me incomoda un poco de este viaje es tener un guardaespaldas todo el tiempo.

—Piensa que eres una celebridad como las que salen en las series y que no puedes ir por allí sin que te detengan para una foto o un autógrafo. No te preocupes Leilani ya verás que nos vamos a divertir un montón. Vamos, cambia esa cara.

Sonrío para ella y pienso que tiene razón, no puedo dejar que esto arruine mi viaje.

En el aeropuerto nos acercamos al counter de la línea aérea y chequeamos nuestro equipaje. Cuando ya tenemos nuestros pases de abordar en la mano es momento de despedirse.

—Por favor, cuando lleguen me envían un mensaje y cuando estén en el apartamento me llaman.

—Mamá, será casi medianoche cuando eso pase.

—No importa. Una de las dos debe hacerlo.

Le doy la razón.

Y así tomadas del brazo vamos hasta la puerta de salida de nuestro vuelo.

Diez horas después

—Estimados pasajeros, sean bienvenidos al aeropuerto internacional de Incheon, Corea del Sur. La hora local es las nueve y cinco de la noche.

Claire y yo reprimimos las ganas de gritar cuando escuchamos el anuncio.

Como viajamos en primera clase bajamos casi de inmediato cuando abren las puertas.

Incheon es uno de los aeropuertos más grandes y modernos del mundo, pero gracias a que Claire habla el idioma fue relativamente fácil ubicarnos.

Cuando estamos cerca de salir al punto de encuentro con la persona que nos viene a buscar, o mejor, con el guardaespaldas; recordamos que no le mandamos el mensaje a mamá por lo que lo hacemos en ese momento.

Cruzamos las puertas que nos llevarán a la salida.

A pocos metros veo al hombre del cual me enviaron la información.

Va vestido como cualquier otra persona y lleva un letrero que dice señoritas Smith & Johnson.

Nos acercamos a él, aunque estoy segura que ya nos ha reconocido porque, así como yo recibí su información también ellos solicitaron nuestros datos y fotos.

—Annyeonghaseyo —dice y hace una leve inclinación. —Bienvenidas a Corea del Sur. —A continuación, cambia al inglés.

Ambas lo saludamos. Claire en coreano y yo en inglés. Nos ayuda con las maletas y nos guía hacia donde está el auto.

En el camino no podemos contener las expresiones de asombro. Estamos viendo de noche, no quiero saber cómo será verlo a la luz del día. O, mejor dicho, sí quiero saberlo.

Al llegar nos encontramos con un edificio de pocas plantas, pero con un estacionamiento cerrado.

Kang Han Se nos acompaña hasta el apartamento.

En la entrada nos quitamos los zapatos en el rellano de la puerta y los colocamos en unas zapateras.

Hay unas pantuflas nuevas esperando por nosotras y también por las visitas.

Nos da la clave de la puerta y nos enseña también cómo es el acceso desde la calle, aunque nos advierte que no podemos salir solas.

Él nos debe acompañar siempre. Nos deja una tarjeta con su número de teléfono y sobre la encimera de la cocina deja otra con los números de emergencia de la agencia en caso de que no lo podamos localizar.

El lugar es realmente grande. Nos muestra el apartamento y luego se despide de nosotras, no sin antes informarnos a qué hora llegará.

Cuando se va le hacemos una vídeollamada a mamá para avisarle que ya hemos llegado y para mostrarle el lugar.