CAPÍTULO 2
Chloe Ross
—Necesito que me cuentes qué va a pasar.
—Entonces no te sorprenderás cuando lo leas.
—Claro que me voy a sorprender. Por favor, Lani, no puedo esperar hasta que termines de escribir el siguiente capítulo.
—Tendrás que hacerlo y más ahora porque tenemos que estudiar para los exámenes.
Llevo casi treinta minutos intentando que Claire le preste atención a los libros que tenemos frente a nosotras, tenemos que prepararnos para los exámenes, pero ella solo piensa en lo que estoy escribiendo.
Escribo historias por diversión. Historias cortas llenas de romance y fantasía. Y luego hago que Claire las lea para que me diga lo que piensa y también para que me dé ideas.
—Si terminamos de estudiar te puedo dar un spoiler de la historia.
—Que no se te olvide la promesa que estás haciendo. —Me señala con un dedo y pone la cara lo más seria posible.
Yo me río.
Las vacaciones de verano han iniciado y también la época navideña.
Tengo muchas ganas de ir a la playa. Desde que recuerdo, cada año vamos a la playa Bondi el día de Navidad.
Desde que conozco a Claire, su familia y la mía se encuentran allí para disfrutar del sol.
El año pasado, sus padres nos regalaron a las dos unos wave boarding porque nos encanta surfear.
Esta tarde me voy a encontrar con Claire para ir a comprar algunos regalos. Su hermano nos llevará al centro comercial.
Cuando llegamos nos ponemos de acuerdo para volvernos a encontrar en un punto a cierta hora. Claire y yo vamos por nuestro lado mientras su hermano va a encontrarse con su novia.
—¿Dónde vamos primero?
—Vamos por los regalos de nuestros padres. ¿No le vas a comprar algo a tu hermano?
—Ya se lo compré. —Hace una mueca de desagrado y yo me rio. —Lleva meses diciendo lo que quiere de regalo. Y siento que la mitad de mis ahorros lo gasté en él y sus malditos vídeojuegos.
Compramos regalos para nuestros padres y algunos para nosotras. En un momento nos separamos por un rato para comprar los regalos para la otra y cuando nos volvemos a encontrar decidimos ir a comer hamburguesas. Allí, Claire recibe notificaciones en su teléfono y se distrae durante un rato.
—¿Qué estás haciendo?
Me mira sobre el borde del aparato.
—Promete que no te vas a enojar por lo que te voy a contar.
—¿Qué hiciste, Claire?
—Lo prometiste.
—No lo he hecho.
—Pues hazlo. Sino no te contaré nada.
—Está bien. Prometo no enojarme.
—Sabes que te quiero mucho, Lani, y que también amo con locura todo lo que escribes.
Al mencionar mis escritos me tomo un sorbo de refresco, sé que lo que me va a decir no me va a gustar.
—Creé un blog para ti y he estado subiendo las actualizaciones de lo que escribes.
—¡¿Que hiciste, qué?! —subo un poco la voz.
—Lo prometiste, Leilani.
Respiro hondo y extiendo mi mano para que me muestre el teléfono.
Ella me lo pasa y reviso la página que mi amiga ha creado sin mi permiso.
Me gusta como se ve, pero no lo voy a admitir de inmediato.
Hay entradas por cada capítulo y veo que todos tienen comentarios.
Miro a Claire y ella de inmediato se cambia de puesto y se sienta junto a mí.
—No vas a creer la cantidad de comentarios que tienen los capítulos.
La miro y sé que puede notar lo preocupada que estoy.
Dejo que Claire lea lo que escribo porque, aunque es mi amiga, sé que si algo no le gusta me lo va a decir de la mejor manera.
No estoy lista para comentarios llenos de odio.
Los he visto en las plataformas donde las personas le dan sus calificaciones a los libros que leen y muchas veces pueden ser muy crueles.
—Son comentarios positivos.
Vuelvo a respirar hondo antes de entrar a verlos.
Hay muchos en cada capítulo y, como me dijo Claire, todos son muy positivos.
Hay comentarios de chicas y también muchos chicos que les gusta la fantasía.
Nos distraemos tanto leyendo que el hermano de Claire tiene que llamarnos para preguntar dónde estamos porque han pasado quince minutos de la hora en la que quedamos en encontrarnos.
—Espera.
La detengo tomándola del brazo antes de llegar donde está su hermano. Me distraje tanto con lo que me contó que no caí en cuenta que no podré salir a la calle si puso mi nombre en el blog.
—Por favor dime que no pusiste mi nombre.
—Claro que no. Te puse como un escritor anónimo. Pero definitivamente tenemos que buscarte un nombre. Tendrás una doble identidad.
Aquello que comenzó siendo un juego de mi amiga se convirtió en algo mucho más grande. Ingresé a la Universidad de Sídney a la facultad de artes y ciencias sociales para estudiar Literatura. Las letras habían sido mis compañeras por muchos años y deseaba que continuara siendo así.
Lo dejé el blog mientras estudiaba, lo seguía actualizando y el número de visitas iba en aumento. Al igual que la cantidad de comentarios. Había publicado ya varias historias cortas y me quería aventurar a escribir una novela más larga.
Como me dijo Claire una tarde mientras veíamos una película en su casa y nos pusimos a jugar a buscar nombres para que pudiera salir del anonimato.
Fue entonces cuando nació Chloe Ross. Los lectores sabían que era un seudónimo y aunque hubo algunos que preguntaron por qué no usaba mi nombre real a la mayoría no les importó y comenzaron a llamarme Chloe en sus comentarios.
Tenía una doble identidad. Era Leilani durante el día cuando iba a la universidad y Chloe en las noches cuando les dedicaba algunas horas a mis escritos.
Una tarde después de salir de mis clases, abrí el blog mientras esperaba el transporte para ir a casa y me encontré con un mensaje que me había enviado una persona que decía que trabajaba para una editorial.
La conocía era una de las más grandes no solo en Australia.
Por lo que pensé que era una broma. Una semana después llegó otro mensaje de la misma persona y me pedía que por favor me pusiera en contacto con ellos.
Por eso esa misma semana decidí descubrir si era real y llamé.
—Buenas tardes, ¿hablo con Diana Evans?
—Sí, ella habla.
—Hola soy Lai…soy Chloe Ross.
Y esa llamada fue la que llevó unos meses después a firmar un contrato con una editorial.
Además de las cláusulas que me ponía la editorial, yo puse las mías, principalmente términos que tenían que ver con mi privacidad.
Tuvimos una larga discusión sobre ello en especial por el hecho de que no quería hacer presentaciones públicas.
Mantendría mi seudónimo y mi vida privada separada del ojo público.
Decidí seguir con el blog para ir actualizando a los lectores que se habían mantenido fieles y creaba historias especiales solo para ellos.
Estuve varios días eliminando de la página algunos escritos a los que la editorial les veía potencial para ser publicados en papel, incluyendo la primera novela que había escrito.
Guardé todos los comentarios que había recibido y luego los imprimí y los colgué en el que era mi espacio para escribir.
Chloe Ross lanzó su primera novela con un sello editorial y fue un éxito en ventas. Yo no lo podía creer.
Hasta que una tarde cuando regresaba en el autobús a casa, vi a una mujer leyendo mi libro y sentí tanta emoción que quería acercarme y decirle que yo lo había escrito.