CAPÍTULO 1 #3
Apenas he alcanzado las escaleras cuando él me toma por una de las piernas y caigo.
Todo mi cuerpo se resiente al estrellarme contra los escalones.
Lanzo algunas patadas en su dirección, pero es más fuerte que yo y no logro hacerle algún daño.
Se acerca de forma amenazante y cuando está cerca logro golpearlo en el rostro, lo que me da pocos segundos para reaccionar y terminar de subir las escaleras.
Mi cuerpo tiembla de dolor, pero logro llegar al estudio y cerrar la puerta.
Busco mi teléfono por todos lados, no recuerdo dónde lo dejé.
Casi de inmediato escucho fuertes golpes contra la puerta, los que casi al instante se convierten en patadas.
Encuentro mi teléfono y le marco a mis padres.
Intento meterme en el rincón más alejado de la puerta.
A la par, la llamada sigue timbrando sin que me contesten.
Por fin lo hacen y es cuando noto que la puerta casi se desprende de sus bordes y él entra en la habitación.
No consigo decirle una palabra a mis padres, solo puedo gritar y pedir ayuda.
Él arranca el teléfono de mis manos y lo estrella contra la pared.
—Leilani, solo déjame abrazarte. Quiero estar contigo —pide con un tono de voz tan tranquilo que me causa escalofrío.
Toma una de mis piernas y me arrastra hacia él.
—¡No, por favor no me hagas daño!
—Tienes que parar de llorar. Me pone nervioso.
Sus palabras hacen que mis lágrimas se desborden.
—Necesito que te calmes. No soporto escucharte llorar. —Su voz se agrava.
Y, aunque lo intento, sus palabras siguen creando el efecto contrario.
—¡Te he dicho que te calmes! —grita.
Y justo en ese momento siento la fuerza de su mano sobre mi rostro. Me ha dado una bofetada tan fuerte que me siento mareada. Mi cuerpo se inclina hacia un lado y, al cabo de unos segundos, noto el frío del suelo contra mi mejilla.
«Por favor, que todo esto se termine», es el pensamiento que da vueltas en mi cabeza mientras lucho por no perder el conocimiento, él me acaricia el cabello y también la mejilla que me palpita de dolor luego del golpe.
—Vamos quiero llevarte a un lugar que sé que te va a gustar.
Me ayuda a sentarme y, después de levantarse, me toma en sus brazos.
Sé que necesito mantenerme despierta. Intento golpearlo, pero no tengo fuerzas. Siento que voy a perder la consciencia y es en ese momento que, a lo lejos y casi de forma imperceptible, escucho la voz de mi padre. Dejo de luchar y permito que mi cuerpo se desvanezca.
Cuando me despierto, no sé cuánto tiempo ha pasado. Miro a mi alrededor yno reconozco el lugar. Muevo mi cabeza hasta que encuentro a mamá sentada en un sillón cerca de la ventana.
Ella se percata que estoy despierta y de inmediato se acerca.
—Cariño, por fin despiertas.
—¿Dónde estamos? — Mi voz ses un susurro.
—En el hospital.
No puedo contener mis lágrimas. Lo último que recuerdo es escuchar la voz de papá.
—¿Qué pasó?
—No te preocupes por eso. Descansa. Cuando te sientas mejor podremos regresar a casa. Y podremos hablar de lo que sucedió. Ahora intenta dormir un poco más.
No lucho contra el peso en mis párpados.
Cuando vuelvo a despertar, escucho una conversación amortiguada.
—Lo siento mucho, señores Smith.
—No es culpa tuya, Emily.
Abro los ojos, todo está borroso por lo que parpadeo varias veces buscando aclarar mi visión.
—Emily —digo muy bajito.
—Leilani. —Ella se acerca a la cama y toma una de mis manos—. ¿Cómo te sientes?
—Estoy cansada.
—Todo va a estar bien de ahora en adelante. Tienes que descansar.
Mamá me da un poco de agua y vuelvo a dormirme.
Después de dos días en el hospital por fin me han dado de alta. Nos vamos a quedar en un hotel antes de regresar a Sídney. Mis padres no quisieron regresar a la casa donde nos estábamos quedando y yo tampoco quería hacerlo.
Emily se hizo cargo de todo y decidí tomar unos días más antes de volver a escribir.
Durante estos días después del ataque no he querido preguntar nada al respecto.
No quiero saber nada sobre él. Ahora mismo no tengo fuerzas.
La policía fue a tomar mi declaración en el hospital y en ese momento me permití recordar todo, pero quiero bloquearlo de mi mente, aunque sé que no será tan fácil.
De regreso a Sídney paso mucho tiempo encerrada en mi habitación.
Estoy tomando pastillas para dormir. Porque, aunque intente bloquear todo lo que pasó, cada vez que cierro los ojos veo a ese tipo frente a mí.
Ayer estaba comiendo en la sala y justo cuando me levanté a llevar el plato a la cocina tocaron el timbre.
El plato se deslizó de mis manos y se estrelló contra el piso volviéndose añicos. No pude evitar ponerme a llorar.
Después de ese episodio me encerré en mi habitación y no he querido salir de aquí.
Tocan a la puerta y de inmediato veo a papá asomarse.
—Claire está aquí.
—Está bien.
Ella da unos pasos al frente. La veo respirar hondo y estoy segura de que está intentando no llorar.
—Ven aquí —le digo mientras abro mis brazos.
Ella corre hacia mí y me abraza con fuerza.
—Se supone que yo debería estarte reconfortando y no al revés.
—Digamos que nos consolamos mutuamente.
Ambas lloramos durante un rato abrazadas. Cuando por fin podemos calmarnos, ella se separa y toma mis manos.
—Lo he estado pensando mucho, Lani, este es el mejor momento para hacer ese viaje que tanto queremos. —La miro un poco extrañada. —Vámonos a Seúl.