No puedo más, Goa: ¡Ya basta, por favor! (Me llamo Goa 11) Chat de besties
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Chat de besties

Una de las ventajas de tener WhatsApp desde que le habían prohibido Instagram era que ahora podía chatear con Nadia y, además, podían tener un chat especial.

Lo había creado Ana en cuanto Goa le había contado que se había quedado sin Insta, pero que, a cambio, le dejaban tener la aplicación de mensajería.

El título del chat era «Besties» , porque ellas tres eran mejores amigas y querían tener un chat privado en el que no hubiera nadie más y así pudieran hablar de sus cosas con tranquilidad.

Goa y Julia estaban dentro del coche de regreso a casa tras un día muy intenso en el parque de atracciones.

Las dos se sentían agotadas y habrían pagado para poder dar una palmada y encontrarse, de repente, en el comedor.

Pero la magia en esos casos no funcionaba, y les tocaba tirarse una hora y cuarenta minutos en el coche hasta poder quitarse los zapatos y tumbarse en el sofá.

Goa estaba tan enfadada con su madre porque no le había dicho nada sobre el abuelo de Klaus y, además, estaba tan cansada que no tenía ganas de hablar de nada con ella.

El sonido de los mensajes del móvil la salvó de tener que hacerlo.

—Goa, pon el móvil en silencio, que es muy pesado ir oyendo ese ruidito cada vez que te llega un mensaje.

Nadia:

Hola, ¿qué tal? ¿Cómo ha

ido en el parque de atracciones,

Goa? ¿Y tú, Ana, qué has

hecho? Oye, una cosa…,

creo que os tengo que contar

algo… Ya no puedo más.

Julia miraba a su hija de reojo y se tenía que aguantar la risa al ver cómo se colocaba el teléfono delante de la cara para poder leer los mensajes.

Pero, en cambio, Goa estaba preocupada. La última vez que Nadia le había dicho algo parecido, resultó que le estaban haciendo bullying en el instituto. No respondió a ninguna pregunta de las que había hecho su amiga y le dijo:

Goa:

¿Qué pasa?

Nadia:

No es nada malo, no te preocupes.

Goa:

Ah, vale, ¡me habías asustado, bro!

Nadia:

Tú siempre te pones en lo peor.

Ana se añadió de repente:

Ana:

Es nuestra Drama Queen , Nadia, ¿qué quieres?

Goa:

Ana, no me recuerdes lo del

vídeo, please . Venga, Nadia,

¿qué pasa? Que estoy intrigada…

Nadia:

Es que no sé cómo decíroslo…

Me da como vergüenza…

Ana:

¿Qué pasa? ¡Venga, canta!

¡Que me estás poniendo nerviosa!

Goa:

¡Venga, dilo sin miedo!

Nadia:

Que me parece que me

gusta Bruno… ¡¡¡Y no se

lo digáis, por favor!!!

Goa:

¿¿¿En serio???

Ana:

¡¡¡LO SABÍA!!! ¡¡¡Soy vidente, bro!!!

¡¡¡Te juro que yo notaba cosas!!!

Goa:

Tú siempre quieres shippear

a todo el mundo… Eso

no es notar «cosas».

Ana:

¡¡¡Que te lo juro!!!

Nadia:

Qué rabia no poder

veros la cara…

Al cabo de un momento, Ana hizo una videollamada conjunta y entonces sí que se pudieron ver las caras. Al ver que llamaban, Goa se puso un auricular inalámbrico en una oreja porque no quería que su madre oyera la conversación. La primera en hablar fue Goa:

— ¡¡¡Naaaaaadiii!!! ¡¡¡Es superflipante!!! ¡Me encanta! ¡Quiero decir que mola mucho porque os quiero a los dos! —Iba con cuidado de no decir nada con lo que su madre pudiera deducir de qué estaban hablando.

— ¡¡¡AAAAAAHHH!!! ¡¡¡Me encanta!!! Nadia, hacéis MUY BUENA PAREJA, te lo juro… ¡¡¡Es la mejor noticia del día!!! Pero espera, espera… ¿Se lo has dicho? —Ana quería saberlo todo.

—Pero ¿qué dices? ¡Nooo! ¿Cómo quieres que se lo diga?

—¡¡¡Pues diciéndoselo!!! ¿No lo sabe?

—¡¡¡NO!!!

Goa pensó que ella entendía perfectamente a Nadia. A veces, Ana hablaba como si todo fuera superfácil y no siempre era el caso.

—Es normal… ¡Te entiendo mucho! ¿Y tú crees que a él…?

—No tengo ni idea… Últimamente nos llevamos mucho más y hemos quedado y yo qué sé, hoy he ido a verlo a su casa.

—¿En serio? ¡HALA! ¡¡¡Estáis a full !!!

—¡¡¡NO!!! Solo he ido porque hoy le ponían el sensor… —se justificó Nadia.

—¡Sí, claro! ¡Y yo me lo creo! Has ido porque estás loca por él. —Ana tenía ganas de chincharla.

—¡¡¡Ana, no la fastidies!!! Yo creo que es la bomba… Lo siento, es que no puedo hablar mucho, que estoy en el coche volviendo de PortAventura y tengo a mi madre al lado.

—¡¡¡Goa!!! ¡¡¡Que te va a oír!!! ¡Y ella conoce a la madre de Bruno! ¡¡¡Como se lo cuente, me muero!!!

—¡Que noooooo! ¡Tranqui, ya voy con cuidado! —Goa miró de reojo a su madre. Deseaba que no las estuviera oyendo.

—¿Quieres que investigue si le gustas, Nadia? Si quieres, se lo pregunto directamente. —Ana quería pasar a la acción.

—¡Ni se te ocurra! ¡¡¡Como le digas algo, te juro que te retiro la palabra, Ana!!!

—Vaaaaaale… No haré naaaaaadaaa… Pero, en serio, que sois monísimos los dos y ¡me hace muy feliz que quizá esté naciendo una relación maravillosa entre dos amigos míos! Mira, Nadia, ¡te confieso que me has alegrado el día!

Cuando Goa colgó el teléfono, pensó que no les había contado que había perdido las gafas y que no veía tres en un burro ni que Klaus estaba en Berlín ni que se había muerto su abuelo.

Por su parte, Nadia, cuando colgó, tuvo miedo de que a Ana o a Goa se les escapara que a ella le gustaba Bruno cuando al día siguiente se vieran con él en el instituto.

«Por favor, que no se vayan de la lengua, que, si no, ¡LAS MA-TO! ».