No puedo más, Goa: ¡Ya basta, por favor! (Me llamo Goa 11) Flow
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Cuando Goa colgó, fue hasta donde estaba su madre y le dijo:

—¡¿Tú sabías que el abuelo de Klaus se ha muerto?!

—Sí, Zu me lo ha dicho esta mañana —respondió Julia, que se vio venir el drama que ahora iba a tener con su hija.

—¿Y se puede saber por qué no me lo habías dicho? ¡Has tenido todo el trayecto en coche!

—¡No quería preocuparte justo antes de ir al parque de atracciones! He pensado que mejor te lo contaba al volver, tampoco podemos hacer nada. —Julia ya vio que se había equivocado.

—Te has pasado, mamá. ¡Haz el favor de no esconderme las cosas!

Se alejó indignada y Julia y Pablo se quedaron un momento solos.

Después del estrés de ir a la enfermería, de sufrir por cómo se iban a comportar Goa y Claudia y del disgusto por la pérdida de las gafas, los dos estaban bastante cansados y ahora lo último que le faltaba a Julia era tener a su hija enfadada. Pablo le dio la mano y le dijo:

—Falta una hora para irnos a casa y tampoco nos podemos quejar, ¿no? ¡Ha ido bastante bien! —Pablo era optimista por naturaleza.

—Lo dices ahora que acabas de ver a Goa indignada conmigo, que tu hijo casi se deja los dientes en la caída, que a la mía le hayan salido las gafas volando y ahora nos tengamos que gastar trescientos euros en las nuevas y que Claudia y ella casi no se hayan dirigido la palabra; pero, si tú crees que ha ido bastante bien, no te voy a llevar la contraria…

¡Mira que eres optimista! —A Julia le encantaba eso de él.

—A ver… Podría haber sido mucho peor.

—En eso tienes razón… Ha habido, en cierta manera, bastante FLOW.

—¿Lo ves? ¡Exacto! ¡Ha habido bastante flow , bro! Ya hablamos como nuestros hijos, ja, ja, ja… Y viendo que esto marcha bien y solo ha sido el primer día, estoy convencido de que podemos ir unos días de vacaciones juntos en verano.

—Lo podemos probar —dijo Julia, quien aún no lo veía tan de color de rosa como su compañero.

—Seguro que va a ir bien.

Justo en ese momento aparecieron Claudia, Goa y Diego empapados de pies a cabeza.

—¡Mira, papá! ¡Hemos subido en primera fila y ha molado un montón, bro! Los troncos son una pasada…

—Me alegro. Por cierto, ¿sabéis de qué estábamos hablando Julia y yo ahora? —Pablo tenía un poco de incontinencia verbal.

Julia pensó: «No, Pablo, haz el favor de no decirlo ahora, espérate… Demos tiempo a las cosas, ¡por favor!» , pero su pensamiento no sirvió de nada.

—Que este verano podemos irnos unos días de vacaciones todos juntos, ¿qué os parece?

Claudia se estaba escurriendo el pelo largo cuando se detuvo en seco y miró a su padre. No entendía cómo podía hacerles esta propuesta ahí, delante de todo el mundo, y ponerla en ese compromiso.

—¿Dónde vamos a ir? —preguntó Diego, nada preocupado.

—Uy, de eso aún no hemos hablado. —Julia no sabía cómo transmitir que no estaba todo el mundo conforme, que podían esperar un tiempo hasta que todos estuvieran preparados para ese cambio.

Goa y Claudia no respondieron. Cada una de ellas se colocaba bien el pelo o se escurría la ropa y no miraban a sus padres a los ojos.

Goa, entre que no veía bien, que estaba reventada y que pasaba de decir lo que opinaba sin saber qué pensaba antes Claudia, hizo como si no hubiese oído nada de lo que acababa de proponer Pablo.

Julia, al ver que su compañero quería seguir hablando del tema, le dio un codazo sin que ninguno de sus hijos se diera cuenta y le dijo, muy flojito:

— Flow … Despacito.

Pablo asintió y movió los labios justo para decirle: «Lo siento, ¡me muero de ganas!

». Julia sabía que lo había hecho con buena intención.

A Pablo se le hacía muy largo cuando se pasaba muchos días sin verla y tenía muchas ganas de que llegaran las vacaciones y poder estar con ella 24/7.

Y por qué no admitirlo: la paciencia no era su fuerte .