¡Sorpresa!
Bruno estaba jugando una partida en el ordenador cuando alguien llamó a la puerta de su habitación. Y cuando se abrió…
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Venir a verte después de que te hayan puesto el sensor. ¿Me lo enseñas?
Bruno, contento, se levantó la manga corta de la camiseta y se lo mostró.
—Hala, qué fuerte… Y qué bien que lo lleves y que con solo mirar el móvil ya puedas saber cómo estás.
—Ya… Y me manda alarmas.
—¡Qué pasada! Me gustaría estudiar Medicina. No sé, ser médico, poder ayudar a la gente o investigar y encontrar soluciones para que las personas vivan mejor o haya curas para algunas enfermedades… Me encantaría.
—Yo te veo. —Bruno no mentía—. Lo harías muuuy bien, porque yo estas semanas he sentido que me acompañabas muy bien.
Nadia se puso roja.
—¡Gracias! Me ha salido de dentro.
—Ya lo sé. ¡Gracias!
Y ahora ¿qué? Se hizo un silencio un poco incómodo. Bruno no estaba acostumbrado al hecho de que Nadia apareciera en su casa. Tan tímida que había sido durante tantos años y ahora parecía que se estaba soltando, que no tenía tanta vergüenza.
—¿Qué piensas? —le preguntó ella.
—Que nunca habría dicho que un día, no sé…, seríamos tan… amigos.
—Ya, yo tampoco. Siempre íbamos con Goa y Ana y nunca habíamos como… intimado tanto…
Bruno asintió y se quedó sin palabras para seguir con esa conversación.
Ganas no le faltaban de decirle que él quería seguir intimando más y que se sentía desorientado porque creía que se estaba enamorando de ella .
Le habría dicho que le encantaba tener esa conversación porque le gustaba muchísimo pasar ratos solos los dos juntos, pero le daba vergüenza y creía que, si él le decía todo eso, ella también se moriría de vergüenza.
¿O quizá ella ahora estaba cambiando y ya no le daría tanta?
Daba igual. A él sí que le daba y no pensaba decir nada que lo hiciera ponerse aún más rojo.
—¿Quieres jugar a una partida conmigo? ¿Lo conoces?
—No, no tengo ni idea… En casa no tenemos estas cosas.
—Yo te enseño. Espera.
Bruno sacó el montón de ropa que había encima de una silla y la echó toda encima de la cama.
Entonces se la acercó y le dijo que se sentara a su lado.
Nadia estaba contenta de estar ahí, aunque le había costado muchísimo ir a verlo sin avisarlo, pero había pensado que, si lo hacía, dejaría de ser una sorpresa y q uería ver la expresión de Bruno al verla, si mostraba alegría o más bien decepción .
Lo que Nadia había visto en los ojos de Bruno había sido ilusión y eso le hizo pensar que quizá lo que sentía ella también lo sentía él. Mientras le explicaba cómo jugar, Nadia se reía y le decía que no entendía nada de nada, pero él, con mucha paciencia, le iba dando instrucciones paso a paso.