Ya está
Víctor estaba debajo del ventilador de techo que había en el comedor de su casa y veía, en la tele, el vídeo de un youtuber que le encantaba y que hablaba de música y moda.
Daba consejos sobre cómo combinar outfits y explicaba que con poca ropa (básicos, sobre todo) podías montar un montón de conjuntos y así parecía que tenías un armario tres veces mayor que el que tenías.
Ese lunes era festivo y sus padres habían ido a caminar un rato.
Víctor no entendía la obsesión de la gente mayor de ir a pasear porque sí.
Cuando era pequeño, lo obligaban a acompañarlos, pero desde los catorce años habían abandonado esa batalla.
Él adoraba las mañanas así : solo, en casa, repantigado en el sofá, comiendo cualquier cosa y viendo a sus youtubers preferidos en la tele grande del comedor.
Víctor sintió que le sonaba el teléfono y tuvo que levantarse del sofá para encontrarlo porque se le había quedado escondido entre dos cojines:
—¿Qué pasa, bro? —respondió. Era Klaus.
—Mi abuelo ha muerto hoy a las seis de la mañana. —Sonaba triste pero tranquilo.
—Ostras… Lo siento. Menudo palo, bro. ¿Cómo estás?
—Normal. Triste. Ayer llegamos a tiempo de verlo y le hicimos compañía como una hora o así… Pero hoy, cuando nos hemos levantado, mi madre ya nos ha dicho que había muerto. Yo quería volver a verlo.
—Claro… Lo entiendo… Lo siento, tío. Lo siento mucho.
—Ya, gracias. —No sabía qué más decir, pero le gustaba poder hablar con su amigo—. Quería llamar a Goa también, pero me sabe mal porque hoy ha ido a un parque de atracciones, me parece, y no quiero cortarle el rollo.