No puedo más, Goa: ¡Ya basta, por favor! (Me llamo Goa 11) ¡Qué pesadilla de cola!
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¡Qué pesadilla de cola!

Julia y Goa se habían levantado temprano para ir hacia PortAventura.

Por suerte, Pablo, Claudia y Diego irían en otro coche porque logísticamente era lo más práctico.

Goa no se podía ni imaginar lo que hubiese sido compartir una hora y media de viaje los cinco encerrados en el mismo vehículo: «¡No, por favor! » , pensaba.

Cuando llegaron al parque de atracciones, Pablo y sus hijos ya estaban allí.

Claudia, de quince años, estaba apoyada en el coche mirando el teléfono móvil con cara de asco.

Era alta, medía un metro setenta, tenía una melena rubia y lisa muy larga y vestía un top sin mangas de color verde claro, unos tejanos cortos y rotos y unas deportivas verde oscuro.

Goa la miró y le dio rabia que le pareciera guapa.

Se notaba tanto que era mayor que ella que de repente se sintió una pulga a su lado.

No tanto por la altura, sino por cómo se vestía, su gestualidad y su aire, más cerca de una adulta que de una niña.