¿Estamos seguros de eso?
Julia estaba repantigada en el sofá, con el pijama puesto y viendo una serie a medias, cuando pensó que tenía que llamar a Alberto. «Espero que no sea demasiado tarde y no despertar a Martín».
—Hola, Julia, ¿qué tal? ¿Cómo vas?
—¿No habré despertado a Martín?
—No, tranquila, tengo el teléfono siempre silenciado por si acaso, pero aún lo tenemos gateando por aquí, ¡menudo trasnochador!
— Qué mono, ¡tengo ganas de verlo! Oye, aprovecho para comentarte algo.
—¿Goa está en casa?
—No, por la tarde-noche tenían la fiesta de despedida de los ingleses. Terminarán a las diez y las iré a buscar en coche.
—Perfecto. ¿Qué querías comentarme?
—Que el lunes quería ir a PortAventura, como es festivo… Pero como tú no la has visto en toda la semana, quizá habíais quedado también ese día…
—No, hoy hemos hablado y le he dicho que viniera mañana y el domingo. Así nos vemos un poco y me cuenta cómo le ha ido la semana, ¿te parece bien? El lunes retomamos el ritmo de siempre. Id a PortAventura, se lo pasará bomba.
—Ah, pues genial. Es que vamos a ir con Pablo y sus hijos. Aún no le he preguntado a Goa qué le parece, pero espero que diga que sí.
—Seguro que sí, le encantan los parques de atracciones… —Alberto no veía por qué Goa tenía que poner ninguna objeción.
—Gracias, Alberto… Ah, y sobre el tema de Instagram, he estado pensando y creo que tienes razón.
Es lo más coherente, después de todo lo que ha ocurrido.
Goa me ha explicado que le han hecho un meme, ¿lo sabías?
Esto hay que pararlo en seco. Y quizá tendríamos que ir a hablar con el instituto, ¿no te parece?
No sé… Tendrían que estar enterados si aún no lo están…
—Ahora Julia lo veía claro, aunque le daba un poco de miedo la reacción de su hija.
— ¿Un meme? Lo que faltaba… Sí, vayamos un día. ¿Quedas tú con la tutora? Qué bien que estés de acuerdo con el tema de Instagram, así podemos demostrarle que somos un equipo. Mañana cuando la vaya a buscar, se lo decimos. A ver cómo se lo toma… —dijo Alberto, justo antes de despedirse y colgar.
Julia estaba convencida de que su hija se enfadaría muchísimo y agradeció que pasara el fin de semana con su padre, así ella no tendría que aguantar su mal humor ni sus malas caras y esperaba, de todo corazón, que el lunes ya se le hubiera pasado.
A pocos kilómetros de casa de Julia, Goa disfrutaba de la fiesta y no paraba de comer dulces de todo tipo que habían traído los profesores ingleses para celebrar la última cena juntos.
Ella y Lindsey se abrazaron unas seiscientas veces y se prometieron amistad eterna y visitarse en verano mutuamente.
Ana, por su parte, chillaba y bailaba como una cabra loca con Charlotte.
Laura, que no era tan extrovertida como su compañera, la miraba y se reía pensando que su espontaneidad era una de las cosas que más le gustaban de ella.
Bruno intentaba disfrutar de la fiesta, pero pensaba que ojalá Nadia se hubiese cambiado de instituto meses antes y ahora pudiera estar allí, celebrándolo a su lado.
Y Leo, a pesar de estar más tranquilo después de hablar con Goa, no podía parar de recordar que dos semanas antes, en una fiesta muy parecida, se habían dado el primero y, tal vez, el último beso .