No puedo más, Goa: ¡Ya basta, por favor! (Me llamo Goa 11) He tenido una idea
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He tenido una idea

La madre de Goa estaba redactando un correo electrónico cuando su teléfono se iluminó: acababa de recibir un mensaje de audio de Pablo, su pareja, de quien se sentía profundamente enamorada .

Pablo:

Hola, amor. ¿Cómo estás? Oye,

festivo de junio. A mí me tocan los

niños, que siempre empezamos la

semana juntos, y tú los lunes tienes a

Goa. ¿Qué te parece si vamos todos

juntos a PortAventura? Ahora que ya

hace calor, apetece subir a las

atracciones de agua. Y allí, solo

un día…, será más ameno para

que nos vayamos conociendo todos,

¿no? Yo les prometí que este año

íbamos a ir. Bueno, nos llamamos

luego y lo hablamos, ¿vale? ¿Te lo

he dicho ya que eres la mujer

más guapa del mundo?

A Julia se le escapó una sonrisa al oír la última pregunta. Pablo siempre le decía cosas bonitas y la hacía sentir especial y era muy agradable porque Alberto, su exmarido, y ella se habían sentido invisibles a los ojos del otro los últimos años.

Era cierto, los lunes solía tener a Goa con ella, pero como la semana de intercambio la pasarían entera con Julia, quizá Alberto tenía ganas de ver a su hija el domingo y el lunes, que era festivo… Tendría que llamarlo para comentárselo y preguntarle. Pero…, a ver…

¿Ir a un parque de atracciones? ¿Con Goa y Claudia?

Uf… No sabía si esa propuesta era una buena idea, porque a Julia le daban mucho miedo las montañas rusas y, por tanto, Goa tendría que subir con ellos y, si la cosa no fluía, el día podía ponerse muy tenso…

Quizá era una buena idea y lo único que hacía falta era invitar a alguien más neutro, como Ana, por ejemplo, que suavizara un poco el primer contacto…

O avisar a Zu y a sus hijos, a ver si se querían sumar…

Cuantos más adolescentes, menos tensión entre Goa y Claudia, quería pensar Julia.

Aunque en el camping, durante las vacaciones de Semana Santa, fueron unos cuantos y la tensión había sido máxima…

Uf, uf… No podía pensar en tantas cosas o no se podría concentrar en el trabajo, y aún le quedaba una hora para salir.

Optó por poner el modo «no molestar» en el móvil para que no le entrara ninguna otra notificación y aparcar para luego las decisiones que Alberto y Pablo le habían pedido que tomara.

Muy lejos de la oficina en la que estaba Julia, Goa estaba sobre su toalla comiendo de la fiambrera y riéndose con sus amigas cuando, de repente, notó una sensación en el bañador.

No supo si era agua que goteaba (hacía poco que habían salido del mar) o si («¡Por favor, que no lo sea!

») le acababa de bajar la regla. Paró de comer de golpe y le dijo a Ana: