No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 24 #8
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Capítulo 24 #8

—Casi. Su madre me citaba a escondidas en Santa Fe para que yo pudiera cargarlo, besarlo…

—Lucas comenzó a llorar y Emily se derrumbó—.

Tenerlo conmigo un par de horas… Fue también su madre la que la obligó a aceptar mi ayuda económica, porque no…

A Thomas nunca le faltó mi ayuda económica y todas esas transferencias a Mercedes Herrera que ves allí, lo comprueban…

—¿Nunca? —Se sorprendió.

—Solo una vez —bajó la cabeza, avergonzado—.

Solo por una temporada en la que las cosas estaban tan mal en casa que…

Que Mercedes tuvo que entender que ustedes estaban por encima de las circunstancias y no solo tenía que velar por ti, de seis años, y por Indie de meses de nacida, también tenía que asegurarme de no perder la casa y la librería.

Emily se quedó muda por segundos que, paulatinamente, comenzaron a hacerse minutos.

—¿Cuándo mejoró la relación de Mercedes con Thomas?

—Cuando él tuvo unos siete u ocho años. La terapia no fue solo para ella, el niño también tuvo que tomarla por razones que puedes imaginar.

—¿Cuándo entra mamá en toda esta historia?

—Cuando Thomas tenía un poco más de un año. La conocí en Santa Fe. Para ese momento yo ya estaba negociando con mi familia que me permitieran quedarme con la propiedad de la bisabuela, en vista de que nadie daba ni un centavo por esa casa hecha pedazos en la calle principal de Willowbrook.

—¿Y qué sucedió?

—Mi abuelo y sus hermanos, los herederos legítimos, estuvieron de acuerdo en entregármela.

Nadie contaba ni con el dinero ni con el esfuerzo para hacer de esa casucha algo útil y yo empecé a invertir en ella el dinero que había ahorrado en esa cuenta que tu madre ve como una puñalada por la espalda.

La casa donde tú e Indie crecieron, la casa que será suya una vez yo no esté en este mundo, es lo que es gracias a esa cuenta por la que Claire se siente profundamente traicionada.

—¿Por qué no le dijiste nada a mamá de Thomas?

—Emily… —Se miraron a los ojos—. ¿Puedes hacer esa misma pregunta reflexionando un poco acerca de lo que conoces de tu madre ?

—Papá… —Lo entendió al instante—. Papá, sé que conociendo a mamá lo mejor era no decirle, pero… ¡Pero es un secreto muy grave! ¡Es una mentira muy grave!

—Lo sé. Lo sé y estoy dispuesto a sufrir las consecuencias de mi cobardía o de mi comodidad.

Como le dije a tu madre hoy, cuando nos hicimos novios, creí que la perdería al enterarse ella de la existencia de Thomas…

Esperé a que los lazos fuesen más fuertes entre nosotros, pero…

Al ver en ella a una mujer celosa, insegura y controladora…

—¡Aun así! —Emily estaba enojada—. ¡No debiste subestimarla! ¡No debiste ocultarle nada! ¡Debiste contarle toda tu historia con dignidad y dejarla a ella decidir qué quería hacer con eso! Papá… —Se miraron a los ojos—. ¿Te avergüenzas de Thomas?

—Jamás. ¡Jamás, Emily! Es cierto que no he podido acompañar a Thomas como lo he hecho contigo y con tu hermana, pero estoy orgulloso del hombre en el que se ha convertido.

—¿Y por qué lo ocultaste?

Lucas suspiró profundamente.

—Al principio por miedo, después por comodidad, luego por petición explícita de su madre.

—¿Qué quieres decir?

—Que una vez que Mercedes supo de las actitudes de Claire, me pidió encarecidamente que no inmiscuyera a Thomas en nuestra dinámica familiar.

—¿Y cómo supo esa mujer de las actitudes de mamá? —Se cruzó de brazos, indignada.

—¡Emily! —Lucas dio un par de palmadas fuertes sobre sus rodillas—.

¡Mercedes y yo somos grandes amigos! ¡Entre nosotros no solo hay un afecto que está por encima de todo, también hay confianza, complicidad!

Así como ella me habla abiertamente de los aciertos y desaciertos de su matrimonio, así mismo yo también le hablo de los míos.

—¿Mercedes está casada? —Emily lo vio con sorpresa.

—Sí, Emily. Hace años ya. Te quiero dejar bien claro esto: no tengo dos familias, como tú y tu madre parecen haber concluido.

Mi única familia son Claire, Emily e Índigo Harper.

Mercedes Herrera fue mi primer gran amor y Thomas Harper el hijo que nació de él.

Son dos personas a las que amo con todo mi corazón y aunque estoy presente en sus vidas, aunque los atiendo lo mejor que puedo, aunque cuentan conmigo incondicionalmente, no, no los considero mi familia …

¡Mucho menos mi segunda familia, por Dios!

Emily y Lucas volvieron a quedarse en silencio por varios minutos. Ella echó un vistazo al extracto bancario. Siendo muy honesta, que su padre manejara sus finanzas por separado no le parecía una falta grave, siempre y cuando las cosas que estuvieran relacionadas con la librería, estuvieran claras.

—¿Mamá entendió que no la traicionaste, económicamente hablando? —Volvieron a verse a los ojos.

—No lo sé, Emily. Fui tan honesto con ella como lo estoy siendo contigo.

Puedes estar segura de que, así como a ti y a Índigo no les ha faltado nada; así como ella ha podido jactarse de tener una vida digna en Willowbrook, así mismo he apoyado a Thomas en cuanto he podido sin que eso afecte a ninguna de las partes.

¿O alguna vez te fuiste a la cama sin comer?

¿Alguna vez te faltó algo que necesitaras para la escuela?

— Emily negó con la cabeza—. Lo único que no pude brindarte fue la educación en Berkeley y eso es algo que…

Emily lo detuvo de inmediato con un gesto de su mano. Él enmudeció.

—No hablemos ya de Berkeley. Ahora más que nunca sé que eso era un abismo asegurado.

En Berkeley yo no hubiese podido construir todo lo que ahora tengo con Rory y eso ya es suficiente como para descartarlo de mi vida, aunque tuvieses mil cuentas secretas con un millón de dólares en cada una de ellas.

No te juzgo por eso, porque te recuerdo que yo misma, antes de saber toda la farsa que había detrás, ya había tomado una decisión. La mía. La única que contaba.

—Gracias —susurró—. Me quitas un peso de encima. —Lucas miró la alfombra por algunos minutos—. ¿Me odias, Emily?

Padre e hija se miraron a los ojos.

—No. Solo estoy celosa y confundida. Aún no estoy segura de si callar por todos estos años fue lo correcto, la verdad, por más que me asegures que lo hiciste por miedo, comodidad o porque esa mujer te lo pidió —reflexionó un poco—.

Siendo muy honesta, también siento pena por Thomas.

Que su madre lo rechazara cuando solo era un bebé, que creciera además sin un padre, que sus hermanas no supieran nada de su existencia… Es… Es muy triste, la verdad.

—Emily… A mí aún me queda el peor de los tragos, que es hablar con Indie… —Ella volteó a verlo enseguida—. Lo que más temo en mi vida es su reacción… Lo que más temo en mi vida es perder su amor, su confianza…

—Papá… —Tomó su mano con suavidad—. No dejaremos de amarte.

Lamentablemente y apelando a tu honestidad, es muy probable que ya no confiemos en ti como solíamos hacerlo —Lucas se vino al suelo ante esa verdad—, pero creo que eso es algo que puedes empezar a remediar desde ahora… Hoy ya diste un gran paso.

—Aprecio que me lo hagas saber.

—A mí me queda mucho por procesar —estaba francamente agotada—. Sé que mamá es… Es especial . Sé que por su carácter nos ha herido a todos en algún momento, en especial en los últimos años, pero… Eso no te da derecho a justificar tus mentiras, tu engaño.

—Es verdad.

—Yo te amo —lo dijo de corazón e hizo al padre llorar—.

Estaré celosa por algún tiempo, desconfiaré otro tanto y buscaré la manera de procesar todo esto como la mujer adulta en la que me estoy convirtiendo…

Sí. Quiero conocer a Thomas lo antes posible.

Quiero que nos veamos las caras, que nos estrechemos las manos y que nos reconozcamos en Albuquerque, si es que algún día nos cruzamos por sus calles, y con respecto a Indie…

—Se tomó la cabeza con ambas manos—. Tratándose de Indie cualquier cosa, cualquier cosa puede pasar…

Lo mismo puede entusiasmarla saber que tiene un hermano, que hacerla morir de rabia entender que fue engañada durante toda su vida.

—Tienes tanta razón… Pero eso es algo de lo que me enteraré mañana.

—¿Hablarás con ella mañana? —Se asombró.

—Sí —se puso de pie—. Para bien o para mal, antes del domingo todo estará sobre la mesa —volteó a verla con una mirada hondamente triste—. Deséame suerte.

—¿Quieres que esté allí cuando hables con ella? —Ella también se levantó—. Imagino que lo harás delante de mamá, ¿no?

—Es lo más responsable y honesto, sí .

—¿Quieres que vaya mañana a Willowbrook y esté presente?

—¿Harías eso por Indie?

—Por completo, sí.

—Gracias. Me encantará tenerte ahí —le abrió los brazos y la hija se cobijó en ellos con el afecto de siempre. Se mantuvieron así por minutos—. Debo irme, mi amor. Ya abusé demasiado de tu paciencia y de la de Rory. Te amo, Emily. Sé que lo hice muy mal con todo esto, pero te amo.

—Lo sé, papá. Lo sé.

Rory se despertó al sentir el beso suave que le había dejado Emily en la mejilla. No fue brusco al incorporarse, pero eso no evitó que el libro se le deslizara de las piernas y cayera al suelo. Ella rio con suavidad.

—Así que Cien años de soledad te puso a dormir, ¿eh?

Él levantó el libro del suelo, aún desorientado.

—Te aseguro que no, pero… —La vio, confundido—. ¿Y Lucas?

—Acaba de irse.

—¿Hablaron? —Se desperezó como lo haría un gato que se levanta de una colcha donde estuvo tomando un poco de sol.

—Largo y tendido, sí.

—¿Y bien?

—Es una historia larga…

Rory miró el libro entre sus manos, de muy buen lomo.

—¿Tan larga como esta?

—No solo tan larga como esa, también llena de secretos familiares y de sus nefastas consecuencias. ¿Nos tomamos algo y conversamos?

—Claro que sí —se puso de pie y ambos volvieron a la sala del pequeño departamento.