Capítulo 24 #3
La camarera llegó con la comida y Emily tuvo tiempo de recomponer su estrategia.
En primer lugar, no sabía si Rory se iba a reír o se iba a enojar con ella por inventarse semejante estupidez para rechazar la llamada de su madre.
En segundo lugar, saber que era ella la que llamaba en un momento como ese avivó su culpa: «No podía serle leal a uno, sin sentir que traicionaba al otro».
¿Qué clase de juego estaba jugando realmente?
—Bien —retomó Lucas, encantado con la cena—. Antes de que llamara tu amiga, la coqueta Sullivan, me dijiste que había algo muy importante que querías contarme… ¿Qué es eso tan urgente, mi amor?
Emily respiró hondo, sintiendo cómo las palabras que había practicado se acumulaban en su garganta. «He estado viendo cosas extrañas, papá. He estado viéndote con una mujer y un joven que se parece a nosotras.» Las frases estaban ahí, perfectamente formadas, esperando ser pronunciadas.
—Es sobre… —Comenzó, pero su voz se quebró.
Lucas se inclinó hacia delante, su preocupación genuina estaba de vuelta.
—Tómate tu tiempo, Em. Sea lo que sea, podemos resolverlo juntos.
Y fue esa confianza, esa disposición inmediata a ayudarla, lo que hizo que Emily se diera cuenta de que no podía hacerlo. No podía destrozar esa expresión paternal con acusaciones que podrían resultar en mentiras directas o, peor aún, en confirmaciones que cambiarían todo para siempre.
—Es sobre trabajo —dijo, desviando hacia territorio seguro—. He estado pensando en aplicar a un trabajo en una librería aquí en Albuquerque, pero no sé si tendré las competencias necesarias —ahí estaba de nuevo su cabeza ingeniándose una mentira para postergar veinte años de engaño.
La transformación en el rostro de Lucas fue inmediata y completa. La tensión se desvaneció, reemplazada por alivio y luego por una sonrisa genuina.
—¿Eso es todo? —dijo, riéndose suavemente—. Emily, por un momento pensé que era algo serio.
Emily sintió una punzada de culpa y frustración consigo misma, pero asintió, comprometiéndose con la mentira.
—Es importante para mí, papá. No quiero hacer el ridículo en una entrevista o descubrir que no sé nada sobre el negocio.
Lucas se relajó en su silla, entrando en el modo consejero que ella conocía tan bien.
—Cariño, serías perfecta para trabajar en una librería —si lo sabía ella luego de meses de estar en una de las más grandes de Albuquerque—.
Tienes todo lo que cualquier empleador buscaría: conoces literatura mejor que la mayoría de los adultos, eres organizada, responsable y tienes un trato natural con las personas.
—¿Pero qué tipo de preguntas me harían en una entrevista? —Se odió a sí misma por cada palabra dicha, pero incapaz de retroceder—. ¿Qué buscan realmente?
—Mira —Lucas se animó. Estaba en su elemento—, en el mundo de las librerías, lo más importante es la pasión genuina por los libros y la capacidad de conectar lectores con los títulos correctos. Necesitas poder recomendar, entender diferentes géneros, manejar inventarios…
Emily escuchó durante los siguientes veinte minutos mientras su padre le explicaba con detalles todos los aspectos del negocio librero: desde sistemas de catalogación hasta técnicas de atención al cliente, desde el manejo de distribuidores hasta la importancia de conocer las tendencias literarias actuales.
—Y otra cosa muy importante —continuó Lucas, absorto en el tema— es desarrollar relaciones sólidas con proveedores y distribuidores.
En este negocio, las conexiones personales lo son todo.
Yo mismo he construido colaboraciones durante años que han sido fundamentales para mantener la librería funcionando.
Emily asintió, fingiendo tomar nota mental de sus consejos mientras por dentro se sentía como una completa cobarde.
Había tenido la oportunidad perfecta, había creado el escenario ideal y había desperdiciado todo por miedo a enfrentar la verdad, pero muy especialmente, por un genuino terror de traicionar a su madre.
—¿Sabes qué? —dijo Lucas—. Si quieres, puedo darte algunas referencias. Conozco a varios libreros en Albuquerque que podrían estar interesados en contratar a alguien con tu preparación.
—Gracias, papá —respondió Emily, sintiendo cómo cada palabra de gratitud era una traición a sí misma—. Eso sería… eso sería muy útil.
Cuando se despidieron una hora después, Lucas se alejó convencido de que había tenido una conversación productiva sobre las ambiciones profesionales de su hija. Emily se quedó sentada en el café, mirando su taza vacía, sabiendo que había fallado en lo único que había venido a hacer.
Había seguido el consejo de Fiona de hablar con su padre, pero en el momento crucial había descubierto que no tenía el valor para enfrentar las posibles consecuencias de esa conversación.
Ahora sabía con certeza que no podría confrontarlo sola, que necesitaría encontrar otra manera de lidiar con los secretos que había descubierto.
Pero también sabía algo más: Lucas Harper continuaría con su vida paralela, ajeno al hecho de que su hija había estado tan cerca de exponer todo.
Cuando llegó a casa, Rory la esperaba con la cena lista.
Él estaba sentado en la terraza, aprovechando el buen clima de la primavera para estudiar allí y así prepararse para su parcial de Finanzas Corporativas.
Escuchó a Emily cuando guardó su mochila en el closet que estaba junto a la puerta y al dejar las llaves sobre la mesada.
La vio apoyar la cadera del mueble de la cocina y tomarse la cara con ambas manos, abrumada.
—¡Mi amor! —Salió a su encuentro al instante. La tomó por la cintura y evaluó su actitud unos segundos—. Hey… No traes muy buena cara… Creo que esa conversación no salió nada bien…
—¡No salió en lo absoluto! —confesó, herida y decepcionada de sí misma.
—¿Quieres cenar mientras hablamos de eso ?
—Ya comí con papá —dijo sin fuerzas—, pero puedo acompañarte mientras tú comes…
—Suena bien.
Rory se sirvió la comida que había preparado para ambos y ella lo acompañó con una taza de té que no había probado. Solo jugaba con la bolsita, sacándola del líquido y sumergiéndola en él con un movimiento casi mecánico.
—¿Y bien? Háblame del desastre…
—Mamá llamó cuando estaba a punto de hablar con papá… —Rory la miró abismado—. Estaba allí, lista para decirle todo, cuando mamá llamó y la culpa me impidió hablar. Ya sabes, esa mierda de sentir que mientras le soy leal a uno, traiciono al otro y al revés.
—Sí.
—Lo peor no fue eso… Lo peor es que papá notó que me puse pálida, nerviosa y… —Miró a su novio con un brillo gracioso en sus ojos verdes—. No me vayas a matar, Rory, te lo pido…
—A ver… —Entrecerró los ojos con curiosidad.
—Y tuve que mentirle. Le dije que me estaba llamando una amiga de la universidad y cuando me preguntó si ocurría algo con esa chica para que me pusiera así, le dije que… ¡Le dije que sí, porque te coqueteaba!
Rory lanzó una carcajada de las buenas. Era una suerte que hubiese tragado el bocado, porque de lo contrario habría hecho un desastre.
—¡No te rías! —Le recriminó ella ruborizándose.
—¿Que me coqueteaba? —Seguía riendo—. ¡Ahora Lucas debe pensar que te soy infiel!
—¡No lo piensa, porque le aclaré que tú eras distante con ella!
—¿Y quién es esa ella ? —No podía dejar de reír—. Solo para saber de quién estamos hablando…
—¡No te hagas el tonto! ¡Sabes de sobra que sí hay una imbécil que te coquetea!
¡Millie Sullivan! —Ahora Rory se retorcía de la risa en la silla—.
La última vez que fue conmigo a uno de tus partidos de waterpolo casi la saco por los cabellos de las gradas…
¡Nunca más le he dirigido la palabra, aunque ella se acerca y me propone salir juntos!
—Así que Millie Sullivan es el nuevo nombre de tu madre, ¿no?
—Rory… Dime la verdad —se miraron a los ojos—. ¿Te gusta Millie Sullivan?
Las carcajadas no iban a parar esa noche.
—No, Em… No me gusta tu mamá para nada…
—¡Estoy hablando de la verdadera Millie Sullivan!
—¿La que te llamó esta noche mientras cenabas con tu padre?
—La besó en el cuello una y otra vez. Incluso mordió el delicado lóbulo de su oreja—.
No, mi vida —la miró a los ojos, muy serio—.
No me gusta esa idiota parlanchina de la que hablas…
Me gustas tú. Tú sí que me vuelves loco, pero…
¿Qué sucedió después de que me metieras en ese aprieto con tu padre?
—¡Que me comporté como una imbécil! Fui una rematada cobarde y terminé diciéndole que la razón por la que necesitaba hablar con él era porque necesitaba su consejo profesional…
—¿Consejo profesional? —Frunció el ceño.
—Sí, le hice creer que no sabía si tenía lo necesario para trabajar en una librería …
—Pregúntale al señor Silverstein y a la señora Vásquez, que están encantados contigo.
—Así que papá pasó media hora dándome consejos profesionales sin parar, mientras yo quería darme de bofetadas en la mesa.
El teléfono de Emily volvió a sonar. De nuevo leyó en la pantalla la palabra MAMÁ y supo que no podía evitarla una vez más.
—Millie Sullivan llamando —anunció.
—Dile que no tengo compromisos este sábado —bromeó Rory haciendo a Emily sonrojarse—. Que podemos ir a tomarnos unas cervezas y luego bailar.
—Atenderé en la terraza…
—Adelante, mi amor.
Emily se ausentó al menos por treinta minutos. Cuando volvió a entrar en la sala, Rory ya había terminado de asear la cocina. Al volverse, se dio cuenta de que su novia estaba pálida y que lloraba.
—¡Oh, mierda! —De nuevo se aproximó, preocupado—. ¿Pasó algo?
—Pasó todo —alzó sus ojos despacio—. Mamá descubrió cosas…
—¿Qué tipo de cosas?
—Siéntate, Rory, porque esto se pone peor…
Procedió a contarle todas las averiguaciones de Claire a propósito del extracto bancario con fecha de marzo del 2006, las mismas que ella escuchó, abismada.
Cuando Emily terminó su narración, ambos sentían en sus corazones una tensa e inquietante calma.
La bomba de la que había hablado Fiona alguna vez explotaría de un momento a otro, pero ellos no sabían cuándo ni cómo.
III