Capítulo 24 #2
—Subiré unos minutos. Quedas al pendiente de la tienda.
—De acuerdo, no te preocupes.
Ella desapareció por las escaleras y una vez arriba, se encerró en su pequeña oficinita contable y allí marcó el número del Banco Nacional de Nuevo México.
—Buenos días, habla Claire Harper. Mi esposo tiene una cuenta con ustedes y necesito verificar información sobre algunas transferencias a un beneficiario llamado M. Herrera.
—Señora Harper, lamento informarle que no puedo proporcionarle información sobre cuentas que no estén registradas bajo su nombre. Por políticas de seguridad y privacidad, solo el titular de la cuenta puede solicitar ese tipo de información.
—Entiendo, pero soy su esposa. ¿No hay ninguna manera de…?
—Me temo que no, señora. Incluso para cónyuges, necesitaríamos autorización escrita del titular de la cuenta o que él venga a autorizar el acceso.
—¿Y si hablo con un supervisor?
—La política es la misma en todos los niveles, señora Harper. Si necesita esa información específica, el señor Harper tendría que contactarnos.
Cuando colgó, Claire se dio cuenta de que había llegado al límite absoluto de lo que podía descubrir por teléfono. M. Herrera seguía siendo un misterio protegido y las empresas editoriales habían demostrado ser o bien irrelevantes o bien inaccesibles.
Se quedó allí, en esa habitación que se volvía claustrofóbica, sintiendo el peso de la información parcial que había recopilado.
Lucas tenía algunos trabajos de consultoría real, pero eso no explicaba la magnitud ni la regularidad de los ingresos secretos y sobre todo, no explicaba quién era M.
Herrera ni por qué recibía $850 mensuales.
Una cifra como esa, tres años atrás, no era irrelevante.
Claire se permitió considerar la posibilidad de que nunca podría resolver este misterio por sí sola. Había confirmado que Lucas le mentía sobre aspectos fundamentales de su vida, pero las respuestas más importantes seguían fuera de su alcance.
La frustración se cristalizó en una decisión que la sorprendió por su claridad: ya no iba a investigar en secreto. Ya no iba a enfrentar las mentiras de Lucas sin aliados. Quizás había llegado la hora de recurrir a Emily para hablarle de la situación.
Al día siguiente, Lucas se encontraba en un adorable cafecito de Nob Hill esperando por Emily.
Eran las 18:21 y si su hija había salido del trabajo a la hora, no debería tardar en llegar.
Prefería esperar antes de ordenar, pero eso no le impedía leer con atención el menú y todo le parecía apetitoso.
Sus ojos verdes se paseaban por la carta mientras con la mano izquierda se peinaba un poco la barba, cuando Emily apareció, sin que lo notara, ante sus ojos.
Alzó la mirada y le sorprendió verla allí.
Le parecía que cada vez estaba distinta.
Un poco más alta, más madura… Incluso, más radiante.
Se estaba haciendo mujer y a él eso le parecía maravilloso de ver.
—¡Mi amor!
Se puso de pie de inmediato y la abrazó con ese amor de padre que no desaparecía por nada.
Emily se sintió reconfortada en un segundo, pero a la vez estafada.
Celosa. ¿Era posible que un hombre que se sintiera tan cálido, tan honesto, fuese a su vez un vil mentiroso?
Las palabras de Fiona resonaron en su cabeza con fuerza: el único dueño de esa historia era Lucas, por lo que se trataba de la única persona capaz de aclarar y dar explicaciones, y para eso estaba allí esa tarde, para llegar al fondo de todo este misterio.
—Sentémonos —sugirió y ella obedeció. Se despojó de la chaqueta ligera que llevaba, con la tranquilidad de saber que había escondido su uniforme en su bolso. Se había cambiado de ropa en uno de los baños de la librería antes de salir—. Así que hoy no veré a Rory…
—No —confirmó—. Saldrá tarde del teatro hoy —mintió. Calculaba que a esa hora, ya su novio debía estar en casa.
—¿Y eso? —Lucas se inclinó hacia delante con una sonrisa encantadora—. ¿Por qué le toca trabajar extra hoy?
—Ya sabes que Rory está en el área de producción y mantenimiento —aclaró—. Al parecer, deben dejar lista la escenografía de una pieza que estrenarán mañana.
—¡Ah! —Su gesto fue de asombro—. Debe ser un trabajo agotador, pero muy lindo.
—A Rory le encanta —no mentía. En muchas oportunidades, su novio había tenido que atender tareas como esa—. Le recuerda sus días en el Harmony, cuando ayudaba a su abuelo en el teatro, pero ya se está planteando comenzar a buscar opciones relacionadas con su área…
—¿Gerencia?
—Sí. Administración de empresas. Incluso está evaluando la posibilidad de pedir un cambio interno dentro del mismo teatro, pero no siempre las vacantes que necesitamos están abiertas, así que…
—Comprensible —le tomó las manos y se las acarició—. ¿Y tú, preciosa? Cada vez que vengo a Albuquerque te veo más bella… ¡Estoy encantado con el rumbo que está tomando tu vida!
—Gracias —se ruborizó—. Yo, de momento, igual…
Esforzándome como nunca en la universidad, trabajando lo mejor que puedo y…
Y disfrutando de mi vida junto a Rory… —Sonrió con suavidad, aunque había un dejo de nervios en su expresión—.
No tengo idea de cuál es la verdadera diferencia entre UNM y Berkeley, salvo la intachable reputación de la Universidad de California, pero…
Pero te puedo asegurar que aquí las cosas no son fáciles.
Los profesores son muy exigentes y la mayoría de ellos con una preparación brillante…
—Así es… —Lucas suspiró—. Por eso intenté hacerle entender a tu madre, muchas veces, que UNM no era una mala opción, para nada… —La miró a los ojos—. Ni te imaginas lo que me hubiese gustado estar en tu lugar en mi época de estudiante…
La pausa que siguió a continuación fue incómoda.
¿Se supone que Emily debía sentirse culpable por las decisiones no tomadas de sus padres?
Ya sentía que tenía demasiado de eso, de hacerse responsable de cosas que al parecer solo le competían a ellos.
Lucas notó la ligera tensión entre ellos y retomó la charla como si nada:
—Este café es precioso… ¡No lo conocía!
«¿No me digas?» La mirada de Emily se ensombreció. «¿La semana que viene traerás aquí a tu otra familia?»
—Sí —respondió con la mayor naturalidad que podía a pesar de su rabia—. Rory y yo solemos desayunar o cenar acá con frecuencia. También almorzamos algunos domingos, cuando nos da algo de pereza cocinar.
—Así que se están dando sus gustos ustedes dos, ¿no?
—Sí… —respondió con una sonrisa leve—. Desde que cambié de trabajo tenemos dinero extra y…
—¿Cambiaste de trabajo?
Emily palideció en el acto. ¿Cómo se le pudo haber escapado semejante estupidez?
—¡No me habías dicho nada! ¿Y en qué estás trabajando ahora?
—¡En lo mismo! —repuso intentando que no se notaran sus nervios. Su tensión creció al recordar cuán perceptivo era su padre—. Es decir, como camarera, pero… El local es más grande, las propinas son mejores, pero…
—Entiendo —sonrió sin sospechar nada—. Me alegra que vayas progresando a tu ritmo, cariño…
—Sí.
Cuando la camarera se acercó para tomar su pedido, Emily sintió un alivio enorme.
Respiró hondo sin que el padre lo notara y, una vez que él pidió algo de cenar para los dos, ella se armó de valor, se enderezó en la silla, recordó los consejos de Fiona y decidió que el momento de la verdad había llegado.
—Papá… —Él la miró de inmediato. Le sonó solemne la forma en la que pronunció esa palabra—. En parte también te pedí vernos aquí hoy, porque… Porque hay algo que necesito hablar contigo y que ya no puede esperar más…
Lucas se sentó muy recto en la silla y la observó con atención plena. ¿Le confesaría problemas con Rory? Lo dudaba. La última vez que los había visto, aún habitaban esa cercanía luminosa que parecía protegerlos del resto del mundo.
¿Algún conflicto en la universidad? Ya le había hablado de profesores exigentes… ¿Dinero, quizá? Pero acababa de asegurarle que su nuevo trabajo pagaba mejor…
—Papá —volvió, mientras él se imaginaba múltiples escenarios que justificaran su repentina rectitud—. Hay algo de lo que quiero hablar contigo ahora mismo…
El teléfono de Emily comenzó a sonar en el bolsillo de la chaqueta ligera que se había quitado.
¡Qué inoportuno! ¿No podían llamar en otro momento?
Tomó el aparato para silenciarlo y se puso un poco pálida al leer en la pantalla la palabra: MAMÁ.
Sus manos temblaron de forma involuntaria, ignoró el artefacto, lo devolvió a su lugar y Lucas, extrañado, indagó:
—¿Todo bien?
—¡Sí, sí! Es solo una llamada de… ¡De Millie Sullivan! Una chica de la universidad, una buena amiga que hice aquí…
—Pero pareces nerviosa… ¿Están bien las cosas con esa chica?
—No del todo —Emily nunca pensó que su mente tendría la habilidad de inventarse mentiras a semejante velocidad—. Tuvimos un contratiempo hace poco…
—¿Qué pasó? —Lucas no estaba siendo entrometido, solo interesado.
—Ella… —Resopló, ¿qué mierdas se supone que le iba a decir?—. ¡Ella le coquetea a Rory !
—Oh… —Lucas se quedó un poco perplejo.
Emily leyó su expresión y aclaró al instante:
—¡Rory no ha dado motivos de nada! —Lo último que le faltaba, que su padre juzgara a Rory de infiel—. ¡Rory ha sido con ella gentil como con cualquier otro amigo de la universidad, pero…! Pero hace unas noches fuimos a tomar algo y ella se estaba comportando extraño .
—¿Cómo lo manejó Rory? —Ahora Lucas le hablaba con cautela.
—Como todo un caballero. Fue cortés, pero distante… —enfatizó—: ¡Muy distante! Rory no es ese tipo de chico, papá…
—Entiendo —Lucas parecía complacido con la explicación—. Entonces no hay nada que temer…
—No, pero no quiero hablar con ella, por eso no le atendí…
—Está bien.