No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 24
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Capítulo 24

I

Claire Harper había aprendido a funcionar con una precisión que la sorprendía. El martes por la mañana, mientras Lucas organizaba un envío de libros nuevos en la sección de historia, ella se sentó frente al computador del mostrador con la naturalidad de quien revisaba el inventario diario.

La pantalla se iluminó mostrando el programa de registro de ventas que conocía de memoria.

Pero esta vez cerró esa ventana y abrió el navegador de internet.

El extracto bancario doblado en su cartera contenía tres nombres que necesitaba investigar: Distribuidora Regional del Suroeste , Sandia Peak Editorial Services y Red Mesa Publishing Consultants .

Desde su posición podía ver a Lucas moviéndose entre las estanterías, absorto en su trabajo. También tenía una vista parcial de la vitrina y la calle, lo que le permitiría notar si alguien se acercaba. Su teléfono celular descansaba junto al teclado.

Tecleó el primer nombre en el buscador. Distribuidora Regional del Suroeste arrojó resultados inmediatos: una empresa establecida en Albuquerque, especializada en distribución editorial para la región. Página web profesional, número de contacto visible.

Sandia Peak Editorial Services la llevó a una empresa más pequeña en Santa Fe, con servicios de edición y consultoría. Red Mesa Publishing Consultants mostró una firma consultora especializada en el mercado editorial del suroeste.

Claire anotó los números en una libreta que mantenía bajo el mostrador, escribiendo con la letra pequeña y precisa que usaba para los pedidos especiales. Cuando escuchó que Lucas se dirigía hacia el área de caja, cerró rápidamente el navegador y abrió el programa de inventario.

—¿Todo bien por aquí? —preguntó él, acercándose con una pila de libros.

—Perfectamente —respondió ella, tecleando algunos códigos de libros con eficiencia mecánica—. Solo verificando las existencias de la sección de cocina.

Lucas asintió y se dirigió hacia la oficina del segundo piso. Claire esperó hasta escuchar sus pasos en las escaleras antes de tomar su teléfono.

Marcó el primer número, manteniendo la voz baja pero profesional.

—Buenos días, Distribuidora Regional del Suroeste . Habla Josephine Harrys, asistente administrativa de Lucas Harper. Estoy verificando el estatus de nuestras colaboraciones actuales para nuestros registros internos.

Hubo una pausa breve.

—¿Josephine Harrys? —La voz sonaba confundida—. Señorita, siempre nos hemos entendido con el señor Harper. ¿Desde cuándo tiene asistente?

Claire sintió el primer portazo en su cara, pero mantuvo la compostura.

—Es una posición reciente. Solo necesito confirmar si mantienen colaboraciones activas con él.

—Preferiríamos dar esa información al señor Harper directamente, al menos hasta que verifiquemos que cuenta con sus servicios. ¿Podría pedirle que nos llame?

—Por supuesto, se lo haré saber. Gracias.

Cuando colgó, Claire se dio cuenta de que había subestimado las relaciones profesionales de Lucas. Estas empresas lo conocían personalmente, confiaban en él lo suficiente como para sospechar de cualquier intermediario.

Su segunda llamada siguió un patrón similar.

— Sandia Peak Editorial Services , ¿en qué puedo ayudarle?

—Habla Josephine Harrys, trabajo con Lucas Harper. Estoy actualizando nuestros archivos de colaboraciones y…

—Disculpe, ¿quién? Lucas nunca nos informó de ninguna asistente con ese nombre. ¿Podría verificar su identidad? Porque, francamente, esto nos parece irregular.

—Entiendo su precaución. ¿Podrían al menos confirmarme si mantienen una relación profesional activa con él?

—Señorita, vamos a necesitar que el señor Harper nos contacte para autorizar cualquier intercambio de información. Hasta entonces, no podemos proporcionarle datos sobre nuestras colaboraciones.

Otra puerta cerrada, esta vez con un portazo más fuerte.

Claire se quedó mirando el teléfono, sintiendo cómo la frustración se acumulaba en su pecho. Había cinco números más en su lista, encontrados a través de búsquedas adicionales de empresas editoriales de la región.

La tercera llamada fue a Sterling Publications , una editorial independiente en Albuquerque.

—Buenos días, habla Josephine Harrys. Trabajo con Lucas Harper y…

—Lo siento, pero nunca hemos trabajado con nadie con ese nombre. ¿Podría verificar si tiene el lugar correcto?

Al menos esta vez la respuesta era directa: no lo conocían. Claire marcó el cuarto número.

—¿ Red Mesa Publishing Consultants ? Soy Josephine Harrys, asistente de Lucas Harper. Estoy verificando…

—¿Asistente? —La voz interrumpió—. Mire, señorita, Lucas Harper siempre maneja sus asuntos con nosotros en persona. Si él necesita que alguien más acceda a información sobre nuestros proyectos, él mismo tendría que autorizarlo por escrito. Esa es nuestra política.

—Solo necesito saber si…

—Lo que necesita es que el señor Harper nos llame personalmente. Hasta entonces, no tenemos nada más que discutir.

Cuatro llamadas, cuatro fracasos. Claire se dio cuenta de que Lucas había construido relaciones profesionales lo suficientemente sólidas como para que cualquier intento de obtener información a través de terceros fuera visto como sospechoso.

Marcó el quinto número, casi resignada al patrón de rechazo.

—¿ Crossroads Publishing ? Habla Josephine Harrys, trabajo con Lucas Harper…

—¡Ah, Lucas! —La voz del otro lado sonó cálida—. Es un amor de persona. ¿Cómo está? Hace meses que no sabemos de él.

Claire sintió una punzada de esperanza.

—Está bien, gracias. Estoy organizando sus archivos y me preguntaba si podrían confirmarme el estatus de su colaboración .

—Bueno, hace como seis meses que no nos envía evaluaciones.

Nosotros somos una editorial muy pequeña, ¿sabe?

Solo publicamos tres o cuatro libros al año, así que no siempre tenemos proyectos para él, pero cuando los tenemos, Lucas es excelente.

Tiene muy buen ojo para identificar manuscritos con potencial.

—¿Y… recibe pagos regulares por esas evaluaciones?

—¿Regulares? No, no. Solo le pagamos cuando evalúa algo específico para nosotros, pero, como le digo, eso no es muy frecuente. ¿Él le dijo que teníamos algo pendiente? Porque no tenemos ningún proyecto para él ahora mismo.

Claire sintió como si acabara de encontrar una pieza de rompecabezas que no encajaba en ningún lugar.

—No, no se preocupe. Solo estaba verificando. Gracias por la información.

—Dele saludos de nuestra parte y dígale que, si tiene tiempo, estaríamos encantados de que evalúe un manuscrito que recibiremos en las próximas semanas, pero entendemos que debe estar muy ocupado con proyectos más grandes.

Cuando colgó, Claire se quedó mirando sus notas. Había confirmado que Lucas sí trabajaba como consultor editorial, al menos ocasionalmente, pero los trabajos esporádicos de una editorial pequeña no explicaban los ingresos regulares y considerables que había visto en el extracto bancario.

Marcó el sexto número, su última opción antes de intentar el banco.

—¿ Southwestern Literary Consulting ? Josephine Harrys, asistente de Lucas Harper…

—¿Quién? —La voz al otro lado sonó amarga—. No tenemos a ningún Lucas Harper en nuestra base de datos. ¿Está segura de que tiene el número correcto?

—¡Lo siento! Pude haber cometido un error. Disculpe la molestia.

Claire se recostó en la silla, procesando lo que había descubierto. De seis llamadas, solo una había proporcionado información real y esa información planteaba más preguntas que respuestas.

Analizó la situación con cabeza fría: el extracto bancario era de hace tres años y la persona con la que habló en Crossroads Publishing había sido muy clara al informarle que se trataba de una editorial pequeña que hacía muy pocas publicaciones durante el año, por lo tanto, no siempre tenían trabajo para Lucas.

¿Eran ingresos eventuales? ¿Quizás proyectos a corto plazo que cubría por su cuenta?

Es cierto, en las otras empresas a las que llamó se negaron a dar información, pero…

¡Lo conocían! En algún momento había trabajado con ellos, pero…

¿Seguiría siendo así? Claire pensó en el Lucas que conoció alguna vez en Santa Fe, hace como veintidós años.

Reconoció que era un intelectual encantador, soñador, que ya hacía trabajos por su cuenta como corrector de estilo de editoriales pequeñas y que en algunas de ellas tenía incluso la potestad de sugerir al editor si el manuscrito valía la pena para ser publicado o no.

Además, a lo largo de las llamadas había notado algo más: parecía haber algo más que una relación profesional con esas empresas.

Notó algo parecido a la camaradería. Se sobó las sienes con frenesí, más confundida que nunca.

¿Y si en el fondo de su corazón ansiaba que todo esto solo fuera un malentendido y que Lucas siguiera siendo el hombre leal y confiable con el que había estado siempre?

Pero… ¿Confiaba en él? La mirada de Claire se ensombreció mientras veía a un punto fijo a través de la vitrina de la librería frente a ella.

Si confiaba en él, ¿por qué revisaba los bolsillos de su chaqueta, el odómetro de la furgoneta después de cada viaje, cada recoveco de ese auto?

Tal vez, solo tal vez, su intuición siempre estuvo tratando de decirle algo, pero…

Escuchó pasos en las escaleras. Lucas regresaba del segundo piso .

Cerró su libreta de notas y abrió el programa de inventario, tecleando códigos al azar mientras él se acercaba.

—¿Cómo va el inventario? —preguntó, revisando algunos recibos de venta.

—Bien. Encontré algunas discrepancias menores en ficción contemporánea, pero nada preocupante.

Lucas asintió, satisfecho, y se dirigió hacia la sección de literatura clásica.

Claire esperó unos minutos antes de tomar el teléfono de nuevo. Tenía una llamada más que hacer, aunque sabía que probablemente sería la más frustrante de todas. Se puso de pie, asegurándose de que no hubiese dejado nada fuera de lugar, y anunció:

—Lucas, cariño…

—¿Sí? —respondió desde el fondo.