No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 22 #4
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Capítulo 22 #4

—Y luego dices que no eres intelectual. —Ahora no solo estaba un poco obnubilada por su cercanía, por el calor de su cuerpo pegado al de ella, también por sus conocimientos.

—Lo que soy es un hombre enamorado. Enamorado y comprometido con ese sentimiento.

Soy coherente conmigo y soy coherente contigo.

Eso es todo lo que ahora sé y no, no me preocupa que tus padres no hayan sabido construir su relación, porque yo estoy en mi carril y tengo que concentrarme en mí, en mis aptitudes y en mis tiempos…

—Ahora hablamos de natación…

—Hablamos de natación, sí. Lamento que tus padres estén metidos en semejante enredo y cómo eso te arrastra a ti, sin mencionar cómo afectará esta situación a Indie —Emily se volvió a angustiar en segundos—, pero nosotros somos y seguiremos siendo nosotros. ¿Está bien?

—Está bien.

Se besaron apasionadamente para constatar que entre ellos no, no había erosiones y cuando el beso ya estaba escalando a otras posibilidades, posibilidades que tomaban íntegras al contar con la libertad de la que gozaban, Rory se detuvo y miró a Emily un poco fuera de sí.

—Creo que tendremos que poner una pausa aquí…

—Sí, porque papá debe estar por llegar y hay que empezar con la cena —musitó. Sus dudas se habían evaporado en el viento.

—Pero podremos retomar esto en la noche, cuando volvamos a estar solos en casa, ¿no?

—Absolutamente. No lo olvidaré por nada.

Comenzaron a encargarse de la carne, del puré y cuando faltaban solo algunos minutos para que Lucas se presentara, Emily volvió a sentir un subidón extraño en el estómago.

—¿Qué pasará si no sé qué más decirle una vez que lo ponga al día con las cosas de la universidad? —Estaba sellando los filetes sobre el grill mientras Rory se ocupaba de las papas, recreando la receta de Moira Gallagher lo mejor que podía.

—Apóyate en mí —dijo y ella se tranquilizó—. Puedo sentarme a hablar con él sobre deportes, el teatro, mis clases… No te preocupes por nada, que no te dejaré sola con esto.

Cinco minutos más tarde, Lucas Harper ya estaba con ellos.

Tras saludar, les dejó su espacio en la cocina y se dedicó a contemplar el departamento con una sonrisa de entera satisfacción.

La puerta corrediza enorme que dividía los espacios estaba abierta a medias y desde allí se podía ver la cama perfectamente hecha.

En la sala, entre el mueble en el que estaba el televisor y el cómodo sofá, había una mesa que los chicos habían decorado con artesanías que Lucas supuso habían comprado en alguna feria local y al fondo, junto al ventanal que conducía a la terraza, estaba la mesita de estudio en la que vio cómo los libros de literatura se mezclaban sin problemas con textos de economía. Sonrió ante esta sutileza.

Avanzó despacio hacia la puerta corrediza de la terraza y salió a ella.

Era un área enorme, que conectaba por fuera del edificio la habitación con la sala mediante ventanales, y allí Emily se había dedicado a tener plantas, además de una mesita que imaginó que usaban en los días cálidos para comer, leer, estudiar.

Todo estaba pulcro, ordenado y Lucas experimentó una sensación de bienestar que raramente había vivido en su casa desde hace mucho. Sintió una nostalgia sobrecogedora.

Volvió a entrar a la sala y desde allí vio a los muchachos en la kitchenette como si fuesen un equipo sincronizado.

Estaban tan habituados el uno al otro, habían logrado entenderse tan bien, físicamente hablando, que aunque la cocina era diminuta y pareciera impensable que un tipo tan alto y atlético como Rory pudiera estar en ella al mismo tiempo que Emily, buscaban la manera de adaptarse, sin que ninguno entorpeciera lo que hacía el otro.

Sí, es verdad, era una pareja joven. Sí, es cierto, tenían un poco más de dos años de noviazgo y meses viviendo juntos, pero…

En los gestos de complicidad, en las miradas de amor, en la expresión de sorpresa de Emily al probar el puré de Rory y declararle que era el mejor que había comido en su vida, Lucas identificó destellos de un amor que se teje de sutilezas y que, precisamente, porque son ellas tan frágiles, se pierden, se disuelven el día menos pensado.

Intentó recordar sus primeros meses de convivencia con Claire.

Cómo eran ellos dos cuando compartieron su propio espacio y notó, con desengaño, que no tenía ninguna imagen clara en su memoria.

—Espero que siempre recuerden estos momentos…

—dijo afectado y tanto la hija como su novio voltearon a verlo un poco boquiabiertos—.

Espero que cuando pasen unos años, nunca olviden cómo fueron en sus primeros días, en sus inicios.

A veces conectar con esos recuerdos tan bonitos ayuda a que uno entienda por qué vale la pena seguir luchando por ciertas cosas…

—No lo olvidaremos —dijo Rory con una sonrisa de certeza, porque notó que Emily se había quedado sin palabras y no quería que las reflexiones de su padre, en un momento como ese, además, crearan un silencio incómodo—.

Venga, Lucas —ya se daba la vuelta con los platos de la cena—. La comida está lista.

Cenaron sin sobresaltos. Tal y como lo habían acordado, Emily extendió la charla lo más que pudo, valiéndose de sus anécdotas universitarias, y cuando Rory notó que comenzaba a repetirse, intervino con sutileza y tomó la palabra.

A diferencia de otras noches, cuando Lucas venía de visita, Emily prefirió esta vez ocuparse de recoger y limpiar todo, mientras Rory lo entretenía en la sala, hablando de deportes, de las becas que la universidad contemplaba para atletas, de lo bien que le estaba yendo esa temporada al equipo de waterpolo de UNM y de las posibilidades que tenían de llegar lejos en la liga universitaria o… ¿Por qué no? ¡Ganarla!

Emily no perdió la oportunidad de preguntar por Indie y Lucas fue ligeramente vago: lo de siempre, sus avances musicales junto a Aria Sinclair, sus asuntos en el colegio, su irrefutable amistad con Rowan …

Cuando el nombre de la hermanita de Rory salió a relucir, él aprovechó para comentarle a Lucas sobre el maestro Abernathy, preguntándole si sabía algo de su salud.

El padre de Emily se mostró sorprendido por ese anuncio y aseguró que intentaría hablar con la señora Blackwood cuando fuese por la librería para obtener más detalles.

Dos horas más tarde, complacido y feliz, Lucas decidió que ya era hora de volver a Willowbrook.

Besó a su hija con el mismo amor de siempre, abrazó a Rory como si fuese un Harper más y cuando estuvo abajo, antes de subir a su furgoneta, alzó la vista y vio que Emily y su novio lo miraban desde la terraza de su departamento en el tercer piso.

Les agitó la mano para despedirse por última vez, ellos correspondieron risueños a ese gesto y vieron la van alejarse calle abajo, hasta que dobló en la esquina.

—¡Dios! —exclamó Emily exhausta.

Entraron a la sala, Rory corrió las persianas y apagó las luces de la terraza. Vio a su novia prácticamente tendida en el sofá.

—Es la visita más larga que he recibido en mi vida.

—De hecho —la secundó él sentándose a su lado y rodeándola con sus brazos—. Nunca se había quedado por tanto tiempo.

—¿Y qué me dices de eso que dijo? —Lo miró a los ojos, no sabía si sentir rabia o despecho.

—¿Lo de recordar nuestros primeros días? ¿Cómo éramos cuando todo comenzó?

—Sí… —Se quedó pensativa unos segundos—. ¿Sospechará algo?

—Lo dudo, mi amor. Cuando estás en tu oficina en la librería, es difícil verte, a menos que te haya notado entre los pasillos de los libreros.

—Imposible —admitió—. No creo que papá tenga el descaro de volver al café de la librería si ya me vio allí trabajando con mi uniforme.

—Es cierto. Sería muy descarado. Sin embargo, hay algo que sí podemos concluir de todo esto y de eso que dijo sobre no olvidar cómo solíamos ser… —Emily lo miró—. Tus padres están en crisis desde hace mucho tiempo…

—Tienen veinte años en crisis, Rory… ¿Qué te parece?

—Aún no sabemos si son veinte años, Emily…

—Es verdad… Podrían ser veintiuno, veintidos…

—¡Hey! —La besó en el cuello con amor—. No seas refunfuñona, linda.

—¿Por qué si papá y mamá están mal desde hace tanto tiempo, yo nunca lo noté?

—Porque cuando somos pequeños no le prestamos atención al mundo de los adultos… Porque ahora que tienes tus propias responsabilidades como adulta, notas cosas que antes no…

—¡Indie lo notaría!

—No lo dudo, pero tú no tienes por qué ser Indie. Tú siempre fuiste más distraída. Además… —La miró con un gesto gracioso—, estabas metida en tus libros todo el tiempo para obtener excelentes calificaciones… ¡No podías prestar atención también a eso!

—Buen punto —concedió.

—Em… —Acarició su cabello—. No quiero irrespetarte con esto, porque sé cuánto te afecta lo que está sucediendo con tus padres, pero…

—Pero no debería pasar toda la noche dándole vueltas a ese asunto.

—Exacto.

Ella lo abrazó y hundió su rostro en su cuello. Allí no solo sintió el aroma del gel de ducha que de seguro había usado al bañarse después de su práctica de waterpolo , allí sintió también ese aroma que era tan suyo, que lo mismo la erotizaba que la contenía.

—Habíamos puesto algo en pausa, ¿no? —susurró ella y él asintió.

—Pero solo si estás de ánimo para eso.

Ella se puso de pie, lo tomó de las manos y lo haló hacia la habitación.

Apagaron todas las luces, corrieron la puerta que separaba el dormitorio de la sala y se propusieron guardar ese momento en sus memorias, sería parte de esa sugerencia de no olvidar cómo fueron , en especial cuando se amaban de esa forma ingeniosa y descabellada, que esperaban que no mermara nunca.

III