No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 22 #3
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Capítulo 22 #3

Desde que el reloj que tenía sobre su escritorio comenzó a anunciar que eran las 13 horas, Emily empezó a estar atenta a la puerta de la librería.

Ese día su mesa de trabajo estaba flanqueada por torres de libros que debían desincorporarse del sistema.

Algunos eran textos extremadamente técnicos que, al parecer, eran del interés de muy pocos y otros tantos pertenecían a autores independientes que de seguro los habían dejado allí a consignación con la ilusión de que su trabajo se diese a conocer.

Buena parte de los que debían devolverse pertenecían a una trilogía que Emily ojeó por encima con curiosidad.

—Ah… —susurró con desgana al leer la sinopsis y notar que parecía un collage de historias ya conocidas—. No sé por qué de un tiempo para acá el hombre solo sueña con que todo se vaya a la mierda…

Y allí estaba ya la silueta que había estado esperando.

Lucas Harper a las 13:13 atravesando la puerta de la librería.

Emily hizo a un lado la aburrida distopía que no había tenido éxito ninguno y siguió con sus ojos verdes, tan parecidos a los de ese hombre, los movimientos de él.

Notó cómo echaba un vistazo con la mirada a todas las mesas del café y escogía una vacía.

Lo vio acomodarse en su silla, arremangarse la chaqueta, verificar la hora en su reloj, entrelazar sus manos sobre el tablero del mueble antes sí y acomodarse, como si esperara a alguien.

Los ojos de Emily se entrecerraron un poco. Su padre estaba tranquilo y por un instante se preguntó si no habría en él culpa. ¿Podía ser tan descarado después de todo?

—¡Emily! —El señor Silverstein se acercaba a paso ligero hacia su escritorio y ella volvió de inmediato a su lugar de trabajo, regresando de sus distracciones.

—Señor Silverstein…

—Estás trabajando con las desincorporaciones que te asigné ayer, ¿verdad?

—Sí —enderezó su espalda y fue más eficiente que nunca—. Justo ahora iba a empezar con esta trilogía…

—Sí, sí… —dijo con genuino pesar—. Ya sabes, estos autores jóvenes a los que debemos apoyar, pero… ¡Pero es ruda la competencia hoy en día!

—Lo imagino.

—Te lo pregunto porque los chicos subieron del almacén otras cajas de libros que debemos devolver a la brevedad posible —señaló al menos cuatro cajas apiladas a un lado de la puerta de su despacho—. Están allá.

—Muy bien —las miró con total atención.

—Lo que debes hacer una vez desincorpores los libros de nuestro sistema es redactar un correo a las editoriales y a los autores solicitándoles que envíen a alguien en los próximos diez días hábiles para retirar las copias, o que en su defecto te den una dirección a la cual podamos enviar los paquetes con cobro en destino.

—¡Perfecto, señor Silverstein !

—Encontrarás todos los emails en nuestra base de datos, pero si llegas a tener dudas con alguno, avísame —ya volvía a su despacho.

—Así lo haré.

—¡Ah! Y una cosa más… —Se volvió para mirarla—. Colócame en copia oculta en todos los correos que envíes, ¿de acuerdo?

—¡Sí, señor!

—¡Muchas gracias, Emily!

Supo que no podía jugar a la detective con tanto trabajo por hacer y una vez devolvió los ojos a la pantalla de su computador, vio de soslayo que Lucas ya no estaba solo en la mesa que había elegido.

Allí estaban de nuevo esa mujer y ese joven.

Ella, de hecho, le tomaba el brazo a su padre con un gesto de afecto mientras se hablaban mirándose a los ojos.

Emily vio a su alrededor. Justo en ese instante no había nadie más en la zona de administración de la librería, salvo el señor Silverstein en su despacho, así que disimuladamente tomó su teléfono y empezó a sacar fotos.

Algunas desde su punto de vista, otras desde un ángulo más cercano, valiéndose del zoom de la cámara de su teléfono.

Miró la hora de nuevo. Eran las 13:27. Pensó dónde podía estar Rory y recordó que ya en ese instante debería estar en su trabajo, así que por esta vez no le importó interrumpirlo.

—¡Volvieron! —Escribió en el chat y adjuntó las fotos, al menos dos o tres de ellas.

—¡Oh, mierda! —respondió casi enseguida—. ¡Ese chico de verdad es la copia de Lucas!

—Así que una prima lejana de Albuquerque, ¿no?

—Em, mi amor, aún no podemos sacar conclusiones… No es que defienda lo que está haciendo tu padre, pero creo que hasta que no escuchemos su versión de los hechos, no deberíamos sacar conclusiones.

—¿Y si su versión de los hechos son nuevas mentiras?

—Eventualmente todo se sabrá, preciosa. Dime: ¿cómo te sientes? ¿Has podido trabajar?

—Sí, justo ahora tengo montones y montones de libros por desincorporar.

—Entonces ocúpate de eso e intenta estar tranquila. No podemos hacer nada por ahora.

—¿Y tú? ¿Ya estás en el teatro?

—Sí. Llegué un poco antes de la una, de hecho. Estoy limpiando el escenario y preparándolo todo para que la sala esté lista para la función de esta noche. Creo que será una tarde tranquila.

—Rory… No sé cómo voy a verle la cara a papá esta noche —alzó sus ojos del teléfono y allí estaba él, riendo con esos dos desconocidos.

—Lo manejaremos, mi amor. Ahora no te preocupes por eso.

Cuando regresó a casa, Emily ya estaba allí.

Se había duchado, se había cambiado y justo en el instante en el que él entró llevando su mochila, su bolso de natación y la bolsa con las compras, ella estaba de pie en medio de la kitchenette , como si intentara ocuparse en algo, pero a su vez no tuviera nada que hacer.

—¡Hey! —Le sonrió con amor, pero ella parecía conflictuada—. ¿Cómo te sientes?

—Nerviosa. No sé cómo le voy a ver la cara a papá cuando esté aquí.

—Como se la ves todos los meses, cuando nos visita.

—Él puso el paquete con las compras sobre la mesada y se descolgó del hombro el bolso de natación y la mochila—.

Le hablarás como si nada de tus clases, de tus profesores, de las obras que estás leyendo, de todo lo que estás aprendiendo sobre estética y análisis literario…

—Tomó el bolso de natación y caminó hasta el dormitorio de ambos, separada de la sala gracias a una puerta corrediza de madera que el propietario se había ingeniado muy bien para hacer que el monoestudio pareciera tener dos ambientes.

Era tan pequeño que Emily podía escuchar muy bien a Rory desde el cuarto de baño, inclinado sobre el lavarropa—.

No sé si quieras hablarle de tu cambio de empleo…

Podrías decirle que estás en una librería, pero no mencionar cuál…

—No le diré eso —se cruzó de brazos, pensativa.

Rory había puesto a lavar su toalla y su uniforme de waterpolo . Todo venía húmedo y en una bolsa sellada en su bolso.

—Entonces —lo vio salir del baño y guardar su bolso de entrenamiento en la parte más alta del closet de madera que estaba justo al lado—, hazle creer que sigues en la cafetería… No pasa nada.

—¿Y si uno de estos días decide pasar por ella a saludar y no me ve allí?

—Le dirán que cambiaste de empleo y cuando te pregunte —ahora recogía la mochila, también para guardarla y dejar todo ordenado—, fingirás que olvidaste contarle con tantas cosas que tienes en la cabeza y… ¡No sé! Le dices que ahora te estás ocupando de otra cosa…

Ella se quedó reflexionando.

—Una nueva mentira para cubrir veinte años de mentiras…

—Em… —Él la rodeó con sus brazos y la miró con amor—. Debemos ir despacio con esto… Es un asunto delicado.

—Rory —lo miró a los ojos muy seria y él frunció el ceño con suavidad al ver ese gesto—. Prométeme que el día en que empiece a interesarte otra chica, me lo dirás, por favor.

Él rio con suavidad como si eso fuera imposible.

—¡No! ¡No te rías y promételo! ¡Júrame que nunca me mentirás con algo así, por favor!

Sujetó su rostro entre sus manos grandes, se tomó sus segundos para mirarla a los ojos con su dulce honestidad y musitó:

—Te lo juro. Te juro que siempre seré franco contigo. Te juro que si algún día las cosas no son como ahora, tú vas a ser la primera en saberlo.

—¿De verdad?

—Puedes contar con eso —habló más cerca de su rostro. Casi sobre sus labios—. Nunca haré nada que te dañe, sin importar cuán mal esté nuestra relación… Aunque… —Sonrió con picardía—. No sé cómo puedes pensar en eso justo ahora que estamos tan…

—¡No se trata de nosotros! —aclaró, angustiada—. ¡Se trata de mis padres, pero…! ¡Pero es inevitable que piense en nosotros! ¿Entiendes?

—Entiendo… —Volvió a verla y la rodeó de nuevo con sus brazos, cada vez más fuertes—. ¿Y tú? ¿Me dirás cuando un hombre empiece a interesarte más que yo?

—Lo haré, sí —no dudó, por mucho que se cuestionase que eso pudiese suceder.

—¿Me dirás cuando consigas a un chico intelectual que te recite al oído versos de Cummings mientras te hace el amor? —Y ya estaba él recreando aquello, haciendo que a Emily se le olvidaran los recelos en un tris.

—Pero… —Se estremeció—. Tú ya haces eso…

—Pero no soy intelectual —la miró a los ojos con un gesto travieso.

—Rory… Todos los Gallagher son notablemente cultos …

—El cine es cultura —rio con suavidad—. Escúchame, tontita…

Sé cuánto te afecta este secreto que estamos guardando tú y yo.

Sé cuánto te duele, pero… Pero Claire y Lucas son Claire y Lucas, y Emily y Rory son Emily y Rory .

¿Está bien? Sí, es verdad, el amor no es infalible.

Sí, es verdad, no todas las historias son para siempre, pero…

Aquí y ahora yo no tengo ojos, cabeza o corazón para otra mujer que no seas tú y no voy a arruinar nuestro momento angustiándome por cuando llegue el día en el que eso pueda no ser así…

Escúchalo bien: pueda no ser así , porque lo que estás planteando ahora es una posibilidad y una posibilidad no siempre tiene que llegar a convertirse en un hecho —Emily lo miró maravillada de su sencilla filosofía—, lo dice la lógica y lo dice la filosofía de la probabilidad.

En teoría de la probabilidad, una posibilidad es un evento con probabilidad mayor a cero, pero eso no implica que ocurra en una ejecución particular… ¿Lo ves?