No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 21 #7
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Capítulo 21 #7

Rowan asintió como si estuviera escuchando.

—¿Puedo seguir tocando esta noche?

—Puedes seguir tocando, pero mañana quiero verte hacer las tareas antes de agarrar cualquier instrumento.

—Está bien.

Fiona se puso de pie para irse, pero se detuvo en la puerta.

—Rowan, si alguna vez tienes noticias del señor Abernathy, o si necesitas hablar sobre cómo te sientes, quiero que vengas a mí. ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

Cuando Fiona bajó de la buhardilla, se sintió como si hubiera navegado exitosamente una conversación importante, pero también como si acabara de abrir una puerta hacia territorio desconocido y doloroso.

¿Estaba su hija preparada para entender, desde esta nueva perspectiva, lo que significaba la muerte?

Al llegar al segundo piso, Fiona se detuvo sorprendida por lo que encontró.

Daniel estaba parado en el gran balcón del teatro, pero no supervisando desde el suelo como era habitual.

Estaba en una escalera alta, trabajando en uno de los capiteles de la columnata victoriana, explicando a sus trabajadores la técnica correcta para desmontar las piezas ornamentales sin dañarlas .

—Cuidado con esta sección —lo escuchó decir—. Esas molduras tienen más de cien años. Si se quiebran, no hay manera de reemplazarlas.

Cuando Daniel notó la presencia de Fiona, bajó de inmediato de la escalera. Tenía la cara salpicada de polvo de yeso y pequeños fragmentos de estuco del techo. Verlo trabajar con sus manos hizo que Fiona se diera cuenta de cuánto respetaba la dedicación que él ponía en cada aspecto del proyecto.

—¿Cómo te fue con Rowan? —preguntó, quitándose los guantes y limpiándose las manos en un trapo.

—Necesito contarte algo —dijo Fiona— y gracias por preguntarme.

Se dirigieron hacia una sección del balcón al otro extremo de donde estaban los trabajadores encargándose de las molduras de las columnatas con la mayor delicadeza posible.

Daniel se recostó un poco del barandal, limpiando su rostro con un pañuelo limpio que llevaba en el bolsillo, mientras Fiona se sentó ante sus ojos en una butaca.

—Resulta que era cierto. Algo más profundo está afectando a Rowan —comenzó Fiona—. No son solo las clases. Es su maestro de música.

—¿El que no estuvo en el recital?

—El mismo. Rowan lo vio hoy en el conservatorio y dice que se veía muy mal. Torpe, débil, casi sin fuerzas para sostener su instrumento.

Daniel se sentó al lado de esa mujer, procesando la información.

—¿Y eso la está afectando emocionalmente?

—Mucho. Ese maestro ha sido fundamental en su desarrollo musical. Para ella, verlo deteriorarse es como… Como ver que algo que creía permanente puede desaparecer.

—Es una lección muy dura para una niña de doce años.

—Exacto —miró a Daniel—. ¿Sabes? Por un momento pensé, irresponsablemente, que mi hija tenía las herramientas para lidiar con la muerte, la desaparición de alguien, después de lo que ocurrió con su padre, pero…

Pero ahora entiendo que no. Probablemente, Daniel, no podemos extrañar una ausencia, pero Abernathy es distinto.

Abernathy representa el duelo pasando por todas sus etapas y creo que por eso se está refugiando tanto en la música.

Es su manera de lidiar con el miedo de perder algo importante.

Daniel se quedó pensativo por un momento.

—¿Sabes qué opino?

—¿Qué?

—Que si el futuro de Rowan está en la música, lo importante no es que mantenga calificaciones perfectas en álgebra. Lo fundamental es que desarrolle las competencias necesarias para entrar a un buen conservatorio cuando llegue el momento.

—Pero…

—Pero también opino que no puedes permitir que use la música como única manera de evitar las cosas difíciles de la vida. Eso no es saludable para nadie, en especial para una artista.

Fiona se dio cuenta de que Daniel había articulado lo que ella había estado sintiendo, pero no había sabido expresar.

—¿Cómo manejo eso?

—Con mucha cautela y mucha atención. Si su maestro está enfermo, van a necesitar navegar esa situación juntas y Rowan va a necesitar aprender que las cosas dolorosas no desaparecen solo porque las ignores.

—Eso es sabio .

—Y también creo que deberías mantenerte muy atenta a cualquier cambio en el conservatorio. Si hay algo serio pasando con su maestro, es mejor saberlo pronto que enterarse tarde.

Fiona asintió, sintiendo como si tuviera un plan de acción que tenía sentido.

—Gracias —dijo—. No solo por el consejo, sino por dejarme hablar de esto contigo.

—Fiona, me siento honrado de que confíes en mí lo suficiente para compartir estas cosas.

—¿En serio?

—En serio. Significa más para mí de lo que podrías imaginar.

Hubo un momento de silencio durante el cual ambos parecían estar procesando la significancia de lo que acababan de decir.

Fiona se dio cuenta de que en algún punto durante los últimos meses, Daniel se había convertido en algo más que el arquitecto que estaba restaurando su hogar.

Se había convertido en alguien en quien podía confiar, alguien cuya opinión valoraba, alguien cuya presencia la hacía sentir menos sola con las responsabilidades de la maternidad.

—Será mejor que te deje regresar al trabajo —dijo, como si huyera de las conclusiones a las que estaban llegando sus pensamientos. ¿Y si doce años de soledad la estaban empujando a ver cosas donde no las había? Allí estaba de nuevo la sensación de percibirse estúpida.

—Y será mejor que tú vayas a asegurarte de que Rowan esté haciendo tarea en lugar de componer canciones.

Fiona rio. Se detuvo por un momento luego de levantarse y miró a los profundos ojos oscuros de ese hombre.

—¿Cómo sabes que compone canciones?

—Porque todos los músicos verdaderos componen canciones cuando están procesando emociones complicadas. Es lo que hacen.

Mientras Fiona subía de nuevo hacia la buhardilla, se dio cuenta de que Daniel tenía razón: podía escuchar el sonido suave de Rowan tocando guitarra, experimentando con acordes que eventualmente se convertirían en algo suyo.

Afuera, octubre continuaba con su transición gradual hacia el invierno, las renovaciones del teatro avanzaban según lo planeado y en algún lugar de Willowbrook, un maestro de música enfrentaba una batalla que ninguno de ellos estaba en la posición de comprender.