Capítulo 21 #6
—¿Qué es lo que realmente te preocupa? ¿Su educación académica o el hecho de que algo más profundo podría estar afectándola?
La pregunta fue directo al centro de lo que Fiona había estado sintiendo, pero no había sabido expresar.
—Lo segundo —admitió—. Rowan ha logrado equilibrar música y estudios desde los nueve años. Si eso cambió repentinamente, tiene que haber una razón más profunda.
—¿Como qué?
—No lo sé. Tal vez la presión de ser mejor, tal vez algún problema con sus maestros, tal vez …
Se detuvo, no queriendo vocalizar el miedo que había estado creciendo en su mente desde julio.
—¿Tal vez qué?
—Tal vez algo relacionado con su maestro de contrabajo —ambos se miraron a los ojos—. Él no estuvo en el recital y desde entonces Rowan ha estado diferente. Más intensa con la música, más distante con todo lo demás.
Daniel asintió como si la explicación tuviera sentido.
—¿Has hablado con el conservatorio?
—No, pero tengo la sensación de que hay algo que no me están diciendo, ¿sabes? Desde que el conservatorio comenzó sus actividades en agosto, han suspendido varias clases de contrabajo, o envían a un maestro sustituto que no conozco… Creo que su apellido es Martínez.
Se quedaron en silencio por un momento, observando el parque donde algunas madres jóvenes empujaban a sus hijos en columpios y un grupo de hombres mayores jugaba ajedrez en mesas de concreto.
—¿Sabes qué me llama la atención de ti? —dijo Daniel eventualmente.
—¿Qué?
—Que siempre estás tan preocupada por hacer lo correcto como madre que a veces olvidas confiar en tu instinto.
Fiona lo miró con curiosidad.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que sabes que algo está afectando a Rowan más allá de los estudios. Confía en esa intuición —señaló con su dedo hacia su corazón.
Fiona lo miró, sintiendo algo que se parecía al alivio.
—Gracias.
—¿Por qué?
—Por escucharme. Por no hacerme sentir como si estuviera exagerando.
—Nunca exageras, Fiona. Eres una madre increíble que se preocupa por sus hijos de la manera correcta.
Hubo algo en la manera en que lo dijo que hizo que Fiona se diera cuenta de que la conversación había estado fluyendo de manera natural.
Se dio cuenta de algo importante: desde que sus interacciones con Daniel Ashford se llevaban a cabo lejos, muy lejos de las miradas de los entrometidos del ayuntamiento, ella se sentía más cómoda, como si ambos universos no se mezclaran, como si no fuesen causa y consecuencia de la misma cosa.
—Hablando de preocuparse por los hijos —dijo—, no creo haberte preguntado nunca sobre Michael y Sarah. ¿Cómo están ellos?
Daniel sonrió y fue una expresión que combinaba orgullo paternal con algo que se parecía a la nostalgia.
—Michael acaba de cambiar de trabajo en Boston y está muy entusiasmado con su nuevo cargo. Al parecer tendrá buenas oportunidades de crecimiento. Sarah está a mitad de camino con su residencia médica en pediatría.
—Debes estar muy orgulloso de ellos.
—Estoy increíblemente orgulloso de ambos y también lejos de ellos, geográficamente hablando, ya sabes.
—¿Los extrañas?
—Todos los días. Pero también entiendo que tienen que vivir sus propias vidas — bebió un sorbo de su vaso de café—. Es parte de ser padre: criar a tus hijos para que no te necesiten y luego lidiar con el hecho de que lo hiciste tan bien que, efectivamente, es así.
Fiona rio.
—Nunca había pensado en eso de esa manera, pero es lo correcto. Es un poco lo que siento con Rory justo ahora. Me sorprende la forma tan natural en la que se ha adaptado a su nueva vida en Albuquerque y apenas tiene veinte años.
—¿Cómo lo estás manejando?
—Mejor de lo que esperaba, siendo muy honesta. Me gusta saber que él y Emily están construyendo algo propio, pero no te miento: hay momentos en los que la casa se siente muy silenciosa y extraño abrazar muy fuerte a mi hombrecito maravilloso.
—Especialmente si Rowan está pasando por algo difícil, ¿no es verdad?
—Sí.
Daniel terminó su café y miró hacia el teatro, visible a la distancia.
—¿Sabes qué creo que deberías hacer?
—¿Qué?
—Hablar con Rowan. No sobre las calificaciones, sino sobre cómo se siente. Si algo la está afectando emocionalmente, ella quizás quiere contártelo, pero no sabe cómo.
—Tienes razón.
—Y si resulta que hay algo serio con su maestro de música, entonces pueden enfrentarlo juntas.
Cuando regresaron al teatro, Fiona se sintió más centrada de lo que había estado en días.
Hablar con Daniel siempre la dejaba sintiéndose menos sola con sus preocupaciones, como si compartir el peso la hiciera más capaz de llevarlo.
Mientras se adentraba en el teatro, sintió algo francamente ridículo.
Llegar a casa, que él estuviera allí con una sonrisa, compartir un café, conversar.
Acompañarse de la forma en la que lo estaban haciendo la devolvía a esa normalidad que alguna vez tuvo cuando aún tenía un compañero sentimental y una sensación devastadora la golpeó en un solo segundo: ¿cómo sería su vida una vez el Harmony quedara restaurado y Daniel Ashford tomara sus cosas para marcharse a otra ciudad?
—Fiona, Fiona… —Se dijo a sí misma como si se reprendiera—. ¡Una cosa a la vez, mujer, por Dios! ¡Una cosa a la vez!
Fiona subió a la buhardilla esa tarde para encontrar a Rowan sentada en el suelo de la sala, con el bajo eléctrico en sus manos y una expresión de concentración intensa que rayaba en la obsesión.
Los dedos de la niña se movían sobre las cuerdas con una destreza que había mejorado durante los últimos meses, pero su manera de tocar no parecía placentera.
Era más bien como si estuviera canalizando algún tipo de frustración o dolor a través del instrumento.
—Eso suena increíble —dijo Fiona, sentándose en el sofá—. Has progresado muchísimo.
Rowan alzó la vista y por primera vez en semanas Fiona pudo ver la expresión en sus ojos. Había una intensidad ahí que le recordó a sí misma cuando era adolescente y se sentía incomprendida por el mundo entero.
—Gracias —murmuró, pero siguió tocando.
—¿Puedes parar un momento? Necesito hablar contigo sobre algo.
Rowan suspiró, pero dejó el bajo a un lado. Extendió el brazo y apagó el amplificador.
—¿Es sobre la escuela ?
—Sí, es sobre la escuela, pero también es sobre ti.
Fiona se movió al suelo para estar al mismo nivel que su hija. Se sentó frente a ella.
—Me reuní con tu directora esta mañana. Me dijo que tus calificaciones han bajado y que no has estado entregando tareas.
—Lo sé.
—¿Puedes explicarme qué está pasando?
Rowan jugó con las cuerdas del bajo sin hacer sonar ninguna nota.
—Es que… las clases son tan aburridas, mamá. Sentarme ahí a escuchar sobre álgebra o sobre la Guerra Civil, cuando lo único que quiero hacer es esto —señaló el bajo—, me parece una pérdida de tiempo.
—Rowan, tú y yo teníamos un acuerdo.
—Lo sé.
—Si tus calificaciones no mejoran, voy a tener que limitar el tiempo que pasas con los instrumentos.
La cabeza de Rowan se alzó de inmediato y Fiona pudo ver pánico genuino en sus ojos.
—No, mamá. Por favor, no.
—Entonces necesitas cumplir tu parte del trato.
—Lo haré. Te prometo que lo haré.
—¿En serio?
—En serio.
Fiona estudió el rostro de su hija, buscando signos de sinceridad. Los encontró, pero también encontró algo más: una tristeza que parecía ir más allá de los problemas escolares.
—¿Hay algo más que quieras contarme?
Rowan vaciló por un momento, como si estuviera decidiendo cuánta verdad podía arriesgarse a compartir.
—¿Puedo contarte algo que me tiene preocupada?
—Puedes contarme cualquier cosa. Cualquiera.
—Esta tarde fui al conservatorio para la lección con el señor Martínez, el maestro que a veces sustituye al señor Abernathy.
—¿Y?
—Vi al señor Abernathy.
Fiona sintió que algo se contraía en su pecho.
—¿Cómo estaba?
—Mal, mamá. Estaba… No era como él usualmente es. Estaba torpe, como si le costara trabajo caminar, y cuando intentó tocar algo para mostrarle a una estudiante, casi no podía sostener el arco.
Las palabras salieron en un torrente, como si Rowan hubiera estado guardándoselas durante días.
—Se veía tan cansado, y cuando me vio, sonrió y como siempre, me dijo: mi pequeña contrabajista , pero era como una sonrisa triste. No era la sonrisa que siempre me daba antes.
Fiona sintió un nudo formándose en su garganta. Sus peores sospechas se estaban confirmando, pero no quería alarmar a Rowan más de lo que ya estaba.
—¿Hablaste con él?
—Solo un poco. Le pregunté cómo estaba y me dijo que estaba bien, pero era obvio que no era cierto .
—Mi amor —Fiona se acercó y tomó las manos de Rowan entre las suyas—, a veces las personas mayores tienen problemas de salud que no pueden controlar. Eso no significa que sea culpa de nadie y no significa que no podamos seguir cuidándolos y queriéndolos.
—¿Crees que está muy enfermo?
—No lo sé, pero creo que deberíamos tener cuidado de no sacar conclusiones hasta saber más.
—Es que él fue quien me enseñó todo lo que sé sobre música de verdad. Si algo le pasa…
—Si algo le pasa, vas a estar bien. Lo que él te enseñó se queda contigo para siempre.
Rowan asintió, pero las lágrimas que había estado conteniendo comenzaron a caer.
—No quiero que esté enfermo, mamá.
—Yo tampoco, mi amor.
Rowan hizo el bajo a un lado, se puso de rodillas y se lanzó sobre el pecho de su madre. Fiona abrazó a su hija, sintiendo el peso pequeño de su cuerpo contra el suyo y deseando poder protegerla de todas las maneras en que el mundo podía volverse complicado y doloroso sin previo aviso.
—¿Te sientes mejor ahora que me lo contaste? —preguntó minutos después, cuando Rowan se separó.
—Un poco.
—¿Y entiendes por qué es importante que no dejes que la preocupación afecte tus estudios?
—Sí. Es solo que cuando estoy tocando, no pienso en otras cosas. Es como si todo lo malo desapareciera por un momento.
—Entiendo eso, pero también necesitas otros tipos de herramientas para lidiar con las cosas difíciles.
—¿Como qué?
—Como hablar conmigo. Como mantener rutinas normales. Como no dejar que una cosa mala afecte todas las otras cosas buenas de tu vida.