Capítulo 21 #5
—El mismo y después de escucharte tocar esta noche, estoy aún más emocionado de asegurarme de que este espacio tenga la acústica perfecta para músicos como tú.
A pesar de la cortesía del intercambio y de la alegría genuina de su familia, Rowan no podía deshacerse de la sensación de vacío que había comenzado cuando notó la ausencia de Abernathy.
Era como si una parte fundamental de la noche hubiera faltado y ninguna cantidad de felicitaciones podía llenar ese espacio.
Esa noche, mientras guardaba su contrabajo en la buhardilla, Rowan se quedó mirando el instrumento por un momento largo.
—¿Dónde estás, señor Abernathy? —susurró al aire—. ¿Y por qué siento que algo no está bien?
IV
El cielo de Albuquerque ardía en tonos dorados mientras los globos aerostáticos se alineaban para el espectáculo nocturno.
Emily y Rory avanzaban entre la multitud como si el ruido no los tocara, moviéndose al mismo ritmo sin pensarlo, como lo haría una pareja que ya tiene dos meses conviviendo junta.
Ella llevaba la chaqueta que él le había colocado sobre los hombros al caer el sol; él sostenía la bolsa con las compras, sin que ella tuviera que pedírselo.
—¿Te acuerdas de lo que te dije el año pasado? —preguntó Emily mientras se detenían en un lugar con buena vista hacia el campo donde se preparaba el Night Glow .
—¿Sobre qué? —Rory se acomodó detrás de ella, rodeándola con los brazos. Hacía un poco de frío, pero si se acurrucaban bien, todo sería manejable. Todo sería perfecto, como perfecto era cada día desde que habían llegado a esa ciudad a finales del verano para vivir en ella.
—¿Ya lo olvidaste? —dijo con un reproche sutil que lo hizo reír—. Hace un año, cuando me trajiste a este festival, yo te hice un juramento. Te juré que esa vez nos perderíamos el Night Glow , pero que estaríamos aquí hoy para disfrutarlo.
Rory sonrió contra su cabello .
—Me acuerdo —lo susurró en su oreja—. Lo dijiste después de que hicimos el amor por primera vez.
Ambos recordaron esa tarde como si estuviese volviendo a suceder.
—Y aquí estamos.
—Aquí estamos —repitió él, sintiendo algo cálido expandiéndose en su pecho—. Cumpliste tu juramento.
Emily se volvió en sus brazos para mirarlo.
—¿Te parece tonto que me sienta orgullosa de eso?
—Para nada. Me parece perfecto.
Rory pensó en algo que Pops le había dicho una vez sobre cómo las personas podían cambiar de opinión, sobre cómo eso no era debilidad, sino sabiduría.
Pensó en Seamus y en Brigid, sintió pena por ellos, pero dio gracias para sus adentros, porque su historia no fue ni remotamente parecida.
En ese momento, con Emily en sus brazos y toda su vida nueva extendiéndose ante ellos, se sintió agradecido de que el mundo fuera un lugar donde las personas podían crecer, cambiar y construir cosas mejores de las que habían imaginado.
El teléfono de Rory sonó justo cuando los primeros globos comenzaban a brillar con sus llamas internas.
—Es mamá —susurró, mostrándole la pantalla a Emily.
—Contesta. Yo no me muevo de aquí —y sus ojos verdes preciosos siguieron contemplando las grandes fundas de color en el firmamento.
—Hola, mamá —saludó, manteniendo un brazo alrededor de Emily—. ¿Cómo estás?
—Hola, mi amor —sus palabras salían a través de una sonrisa sutil—. ¿Los interrumpo?
—Para nada —aseguró despreocupado. Él también miraba al cielo en ese momento—. Estamos en el festival de globos. ¿Te acuerdas que te conté que íbamos a venir?
—¡Ah, sí! —Se ilusionó. Le pareció lindo que sus hijos compartiesen esos momentos—. Espero que mandes algunas fotos… —Él le aseguró que así sería y ella hizo las preguntas de rigor—: ¿Cómo van las clases? ¿Cómo va el trabajo?
—Todo bien. Emily está muy contenta en la cafetería y el teatro es increíble —Rory había encontrado una oportunidad más que buena en el Historic KiMo Theatre—. Ayer estuvimos trabajando hasta tarde para dejar listo el escenario de una obra de Shakespeare. ¿Qué te parece?
—¡Fabuloso! ¿Y tú, Emily? —La chica escuchó la voz de su suegra a pesar del ruido que había alrededor y prestó atención—. ¿Cómo te va en la universidad?
—Muy bien, señora Gallagher —tomó el teléfono un instante—. Los profesores son exigentes, pero me gusta. ¡Eso me motiva mucho más! Y el trabajo está bien para mí. No me pagan tan bien como a Rory, pero al menos consigo buenas propinas.
—Me alegra escuchar eso.
Emily puso el teléfono en altavoz en el preciso momento en el que hubo una pausa que se sintió incómoda, como si Fiona estuviera preparándose para decir algo que no sabía cómo abordar.
—Mamá —dijo Rory que la conocía de sobra—, ¿todo bien?
—Sí… Bueno, en realidad quería preguntarte algo, hijo. ¿Han hablado con Rowan últimamente?
—No desde la semana pasada —frunció el ceño—. ¿Por qué ?
—Recibí una llamada de la escuela preparatoria ayer. Necesitan hablar conmigo sobre su rendimiento académico. Tengo una cita el lunes por la mañana.
Emily y Rory intercambiaron una mirada preocupada.
—¿Es algo serio? —preguntó Emily.
—No lo sé todavía, pero es la primera vez en mucho tiempo que me llaman para algo así. Rowan nunca ha sido una estudiante excepcional, pero tampoco ha tenido problemas de ese tipo.
—¿Quieres que vayamos a Willowbrook? —ofreció Rory—. Podría hablar con ella personalmente…
—No, no, mi amor. No los voy a poner en esa situación cuando ustedes tienen sus ocupaciones allá.
Además, no creo que sea necesario todavía.
Solo, solo quería contarles y preguntarles si habían notado algo cuando hablaron con ella la última vez, si Indie les comentó algo…
¡Ya saben! ¡A Índigo se le escapan las cosas sin querer!
Los tres rieron ante las imprudencias de la menor de los Harper. Rory trató de recordar su última conversación con su hermana. Había estado emocionada contándoles sobre una canción que estaba escribiendo, pero no había mencionado nada sobre la escuela.
—Mamá —intentó tranquilizarla—, honestamente parecía normal. Emocionada con la música, como siempre.
—Tal vez demasiado emocionada —refunfuñó Fiona—. Bueno, ya veremos qué me dicen el lunes. ¡Disfruten el festival y saluden a los globos de mi parte!
Cuando colgaron, Emily se volvió hacia Rory con expresión preocupada.
—¿Crees que es serio?
—No lo sé con exactitud. Conociendo a Rowan, quizás está tan absorta en la música que se olvidó de que tiene que hacer tareas —su voz sugería que también estaba preocupado.
—Tu mamá sonaba más inquieta de lo normal.
—Sí. La conozco cuando está preocupada de verdad, pero… —Volvió a estrecharla con fuerza entre sus brazos—. El festival es una vez al año y vinimos hasta acá a disfrutarlo. Mañana temprano llamaré a Rowan y hablaré largo y tendido con ella. Lo prometo.
El Night Glow comenzó, llenando el cielo de Albuquerque con luces mágicas que se reflejaban en los rostros de miles de espectadores. Emily y Rory lo contemplaron con la dicha que les producía ver de qué forma se hacía tangible un juramento.
El lunes por la mañana, Fiona salió de la escuela preparatoria de Willowbrook con una expresión de confusión y preocupación genuina.
La directora había sido directa, pero amable: Rowan estaba faltando a tareas, sus calificaciones en matemáticas y ciencias habían bajado y más de un maestro había notado que parecía distraída durante las clases.
Cuando llegó al teatro, encontró la actividad habitual de construcción en pleno desarrollo. Durante los últimos meses, había llegado a asociar el sonido de herramientas y voces de trabajadores con una especie de progreso reconfortante, pero esa mañana todo le sonaba como ruido innecesario.
Daniel la vio llegar desde donde estaba supervisando la instalación de un andamio temporal y se acercó. Durante los meses que llevaban trabajando juntos, había desarrollado la capacidad de leer el estado emocional de Fiona con una precisión que a veces la sorprendía .
—¿Cómo estás? —preguntó, quitándose los guantes de trabajo—. Pareces muy preocupada…
—¿Se nota tanto que necesito hablar con alguien? —musitó con resignación.
—Se nota. Sí.
Fiona miró alrededor, hacia los trabajadores que estaban ocupados con sus tareas, pensó en su padre, que probablemente estaba en la cabina de proyección organizando películas, y consideró toda la actividad que continuaba más allá de sus preocupaciones personales. Suspiró.
—¿Conoces algún lugar cerca donde podamos sentarnos un momento? —preguntó Daniel al ver sus ojos grises y escuchar su respiración.
—Conozco el lugar perfecto.
Diez minutos después estaban en un pequeño parque a tres cuadras del teatro, sentados en una banca bajo un árbol que había comenzado a mostrar los primeros colores del otoño.
Daniel había comprado dos cafés en un puesto cercano y Fiona estaba sosteniendo el suyo como si fuera una fuente de calor en un día que en realidad no era tan frío.
—Rowan está teniendo problemas en la escuela —comenzó—. Nada dramático, pero sí preocupante. Calificaciones bajas, tareas sin entregar, distracción en clases.
—¿Desde cuándo?
—Aparentemente desde que comenzó el curso, pero yo no me había dado cuenta porque en casa parecía normal.
Daniel tomó un sorbo de su café, considerando la información.
—¿Sabes qué podría estar causándolo?
—Tengo una sospecha, pero no estoy segura. Creo que está tan absorta en la música que todo lo demás le parece irrelevante.
—Es comprensible. Cuando alguien descubre su pasión real, especialmente a una edad temprana, puede ser difícil concentrarse en otras cosas.
—El problema es que Rowan y yo teníamos un acuerdo. La música podía ser su prioridad siempre y cuando mantuviera un rendimiento académico decente. Si eso cambia…
—Tendrías que limitar su acceso a los instrumentos.
—Exacto. Y odio la idea de hacer eso.
Daniel la estudió por un momento, notando la manera en que sus hombros se tensaban cuando hablaba de tener que disciplinar a Rowan.
—¿Puedo hacerte una pregunta personal?
—Después de todas las veces que me has escuchado desahogarme, creo que tienes derecho a hacer más de una —se sonrieron con dulzura.