No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 21 #4
80%

Capítulo 21 #4

—¿Puedo ser osado y preguntarle si le gustaría tomar un café conmigo? —Ambos se miraron a los ojos—. Hay una cafetería a dos cuadras que abre muy temprano y me gustaría hablar con usted sobre algo.

Fiona consultó su reloj. Tenía tiempo de sobra antes de llegar al ayuntamiento.

—¿Sobre el proyecto?

—Sobre su familia. Sobre lo que significa para ustedes que esto esté sucediendo.

Su tono le hizo entender que la conversación sería más personal que profesional y, por primera vez en meses, eso no la asustó.

—Me parece bien —dijo—, pero invito yo.

Daniel la miró boquiabierto ante su resolución, pero no la contradijo. Acató, sorprendido, pero agradado.

Diez minutos después estaban sentados en una mesa junto a la ventana de Sunrise Coffee , el lugar que abría más temprano en Willowbrook y que a esa hora estaba vacío, excepto por un par de trabajadores de construcción y una enfermera que probablemente terminaba su turno de la noche.

—¿Cómo se siente su padre? —preguntó Daniel después de que llegaran sus bebidas—. Me refiero a tener extraños trabajando en el lugar que ha sido su hogar durante décadas.

—Honestamente, creo que está más emocionado de lo que yo he visto en años —Fiona agregó azúcar a su café—. Cuando recibimos la primera carta de los desarrolladores, pensé que se iba a hundir en una depresión. Pero esto… esto es como si le hubiéramos devuelto un propósito.

—¿Y tú?

Fiona alzó sus ojos grises de súbito ante ese pronombre. Daniel le sostuvo la mirada con una sonrisa, como alguien que comete una pícara fechoría y no, no se arrepiente de ella.

—Yo… —balbuceó—. Yo estoy procesando.

El arquitecto no supo si lo que procesaba eran los cambios que se venían en el teatro o que él cometiera la osadía de tutearla sin previo aviso.

—¿Procesando qué?

Fiona lo miró por encima de su taza, evaluando cuánta honestidad podía permitirse.

—Que mi hogar va a ser diferente. Que hay cosas que van a cambiar y no sé si estoy preparada para todos esos cambios.

—¿Te refieres a los cambios físicos del teatro?

—Me refiero a todo.

Daniel asintió como si entendiera más de lo que ella había dicho.

—¿Puedo preguntarte algo que quizás sea demasiado personal?

—Puede preguntar. No prometo responder.

—Esa butaca de la que me hablaste, la de la última fila donde las cosas se volvían de colores cuando eras pequeña… ¿Me llevarías algún día a verla?

La pregunta la tomó completamente desprevenida. No solo porque fuera inesperada, sino porque se sintió conmovida de que él hubiera recordado ese detalle de una conversación que habían tenido meses atrás.

—Te acuerdas de eso. —Si él tenía el valor de tutearla, ella también lo haría, movida por esa emoción especial que le provocaba que él no hubiera perdido de vista ese detalle.

—Me acuerdo de todo lo que me has contado sobre este lugar. Es importante para ti, así que es importante para mí.

Fiona sintió algo moverse en su pecho, una calidez que no había esperado.

—Te la mostraré —prometió—. Cuando las renovaciones estén terminadas y las butacas nuevas estén instaladas, te llevaré ahí y te contaré la historia completa.

—Me gustaría mucho.

Se quedaron en silencio por un momento, bebiendo café y mirando hacia la calle donde Willowbrook comenzaba a despertar. Fiona se dio cuenta de que ya no se sentía nerviosa en presencia de Daniel Ashford. Al contrario, se sentía cómoda. Como si pudiera bajar la guardia sin consecuencias.

—Esta noche es el recital de Rowan —dijo impulsivamente.

—Lo sé. Tu padre me lo mencionó ayer.

—¿Te gustaría venir?

Daniel la miró con una expresión que era pura sorpresa mezclada con algo que se parecía mucho a la gratitud.

—¿En serio me estás invitando?

—En serio.

—No me lo perdería por nada del mundo.

La sonrisa que le devolvió fue tan genuina que Fiona sintió un torbellino de emociones que no estaba segura de saber manejar, sin embargo, justo ahora, ese torbellino no se sentía como algo que necesitaba controlar.

Esa noche, el Harmony Theatre se llenó de familias, maestros y estudiantes; el murmullo expectante y el roce de los programas creaban esa vibración propia de los grandes recitales escolares.

Para la ocasión habían traído un piano de cola que imponía presencia en el escenario, muy distinto al vertical del recital anterior.

En las primeras filas, los maestros del conservatorio sostenían los programas con manos firmes, intercambiando miradas breves de orgullo y tensión apenas contenida.

Rowan, vestida con una falda azul marino y una blusa blanca que Moira había planchado con especial cuidado, estaba parada a un costado del escenario con su contrabajo, repasando la pieza que había estado perfeccionando durante semanas, pero algo la tenía inquieta y no era el nerviosismo típico de antes de una presentación.

—Indie —susurró cuando su amiga se acercó, también vestida para la ocasión—, ¿ves al señor Abernathy en algún lado?

Indie siguió la mirada de Rowan hacia la sección donde estaban sentados los maestros.

Ahí estaba la señora Pattinson y la señorita Sinclair de piano, el señor Rodríguez de bajo, la señorita Moreau de educación vocal, pero la butaca que solía ocupar Abernathy estaba vacía.

Incluso había una pequeña papeleta con su nombre pegada al respaldo de la silla, pero el mueble mismo permanecía desocupado.

—Tal vez se retrasó —sugirió Indie, aunque su voz no sonaba convencida—. Ya sabes cómo es el tráfico los viernes por la noche.

Rowan asintió, pero la inquietud no desapareció. En todos los meses que había estado estudiando con Abernathy, él nunca había llegado tarde a nada. Al contrario, solía ser el primero en llegar y el último en irse de cualquier evento musical.

Cuando comenzó el programa y llegó el momento de presentar a los estudiantes, Rowan notó que la señora Blackwood parecía incómoda cuando mencionó a los intérpretes de contrabajo.

—¿Dónde está el señor Abernathy? —preguntó Rowan cuando la directora se acercó al área de espera entre presentaciones.

—El señor Abernathy está indispuesto esta noche —respondió la señora Blackwood con una sonrisa no demasiado convincente—, pero no te preocupes, querida. Todo estará bien. Lo más importante ahora es que la música continúe.

La respuesta no satisfizo a Rowan en absoluto. Indispuesto era una palabra vaga que podía significar cualquier cosa, desde un resfriado hasta algo mucho más serio.

—¿Está muy enfermo? —insistió.

—Rowan, cariño, no debes preocuparte por esas cosas esta noche. Concéntrate en tu presentación. El señor Abernathy estaría muy orgulloso de verte tocar.

Cuando llegó el turno de Rowan, ella e Indie se dirigieron al escenario.

La audiencia se acomodó expectante, y Rowan pudo ver a los Gallagher en las primeras filas: Cormac y Moira sonriendo con orgullo, Fiona con una expresión de concentración absoluta y, junto a su madre, un hombre que no reconoció, pero que debía ser importante para ellos, pues por algo estaba allí.

Sin embargo, la ausencia de Abernathy se sintió como un agujero en su corazón.

—No sé si puedo hacerlo sin él aquí —susurró a Indie mientras se preparaban para comenzar.

—Sí puedes —dijo sin dudar—. Has practicado esta pieza miles de veces. La conoces mejor que tu propio nombre —le tomó la mano con suavidad—. Y yo estoy aquí contigo.

—Pero él siempre está aquí. Siempre me ve tocar y después me dice qué hice bien y qué puedo mejorar.

—Entonces toca para él también. Toca como si estuviera aquí escuchando.

Rowan miró hacia la silla vacía una vez más, respiró hondo y posicionó su arco.

La música surgió limpia, precisa. Rowan tocaba con una seguridad adquirida a fuerza de disciplina, y su interpretación tenía una profundidad que sorprendía incluso a los maestros más veteranos.

Desde el piano, Indie entró con una coordinación casi intuitiva; las dos parecían respirarse.

El intercambio entre ellas hizo que en la audiencia algunos cuerpos se inclinaran hacia delante, atentos, suspendidos, pero cuando terminaron y la audiencia aplaudió con entusiasmo genuino, Rowan no pudo evitar buscar con la mirada la silla de Abernathy. Todavía vacía. Todavía sin explicación.

Entre el público, Lucas observaba la presentación con sentimientos complicados.

No podía negar que Rowan e Indie eran extraordinarias juntas, pero también era imposible no notar que Fiona había llegado acompañada de Daniel Ashford y que durante toda la función habían estado intercambiando comentarios en voz baja.

Había una intimidad en su manera de interactuar que hizo que Lucas sintiera algo incómodo revolviéndose en su estómago.

A unas filas de distancia, Claire estaba sentada entre Emily y una pareja que no conocía, pero se las había arreglado para parecer ausente de todo lo que estaba sucediendo.

Tenía la mirada fija en sus manos, como si estar ahí fuera una obligación que estaba cumpliendo sin ningún entusiasmo.

Cuando Emily se inclinó para susurrarle algo sobre la presentación, Claire respondió con un asentimiento mínimo que dejó claro que no estaba presente, pero lo que más le molestaba a la madre era la manera en que Emily y Rory interactuaban con tanta naturalidad.

La forma en que él le pasaba el brazo por los hombros, cómo ella se recostaba contra él durante las presentaciones más largas, la manera en que parecían tener conversaciones silenciosas solo con miradas.

Era una intimidad que la llenaba de desprecio y envidia.

Cuando terminó el recital y las familias se congregaron alrededor del escenario para felicitar a los estudiantes, Fiona se acercó a Rowan con Daniel a su lado.

—Rowan, quiero presentarte a Daniel Ashford —dijo—. Daniel, esta es mi hija, la músico de la familia.

Daniel extendió su mano con una sonrisa genuina.

—Es un placer conocerte, Rowan. Tu madre me ha contado mucho sobre tu talento musical.

—Gracias —respondió ella, estrechando su mano—. ¿Usted es el arquitecto que va a restaurar nuestro teatro?