Capítulo 21 #3
Fiona los escuchó con una concentración sostenida, interviniendo con preguntas específicas sobre costos, distancias y posibles contingencias.
—¿Han considerado un presupuesto mensual detallado? —preguntó cuando terminaron de explicar.
—Básico —admitió Rory—, pero no algo súper específico.
—Vamos a hacerlo ahora. —Fiona fue hacia la cocina y regresó con una libreta y una calculadora—. Si van a hacer esto, van a hacerlo bien.
Durante la siguiente hora, los tres trabajaron juntos elaborando un presupuesto realista: alquiler, servicios, alimentación, transporte, gastos universitarios, dinero para emergencias.
Fiona los ayudó a identificar gastos que no habían considerado y a establecer metas de ahorro que harían el plan más seguro.
—Es factible —concluyó—. Va a requerir disciplina y cuidado con el dinero, pero es completamente factible.
—¿En serio lo crees? —Emily se veía esperanzada y nerviosa al mismo tiempo.
—Lo creo y considero que es una decisión madura. Van a aprender mucho sobre responsabilidad y sobre ustedes mismos como pareja.
Rory sintió algo expandirse en su pecho. La aprobación de su madre significaba más de lo que había esperado. Ella los miró por algunos segundos. Reparó en el rostro de cada uno.
—Están seguros de querer dar este paso, ¿no es verdad?
—Ambos asintieron con entusiasmo—. Porque una vez estén allí, compartiendo sus días, un espacio y responsabilidades, serán más que novios, serán una pareja seria y estable —creyó que eso los asustaría, pero al ver las sonrisas de absurda felicidad que se dibujaban en sus rostros, ella misma rio con ternura—. Bien, ya veo que lo ansían de corazón…
—¡Así es, mamá! —Rory y Emily estaban incrédulos de dicha.
—Otra cosa importante… —La miraron con atención—. Además de comprometerse con el presupuesto que acabamos de hacer, deben asegurarse de que tendrán los recursos para costear esto.
—¿Qué sugieres? —preguntó Emily, muy seria, con una confianza absoluta en Fiona.
—Que comiencen a postularse a empleos, si es posible. Deberían estar en Albuquerque para comienzos de agosto y si llegan allá con una oferta laboral razonable, será más sencillo.
—Bien. Buscaremos ofertas ahora mismo.
—Con respecto al depósito por el departamento…
—¡Tengo algo de dinero ahorrado, mamá! —Rory las sorprendió—.
La señora Wolfe me ha estado pagando mejor desde que estoy prácticamente encargado de la floristería y como sabía que en el otoño empezaría todo esto, he estado ahorrando como nunca y logré reunir una cantidad.
No es mucho —dijo sin avergonzarse—, pero viendo precios, creo que me alcanza para cubrir el depósito y el primer mes.
—Eso suena fantástico —se enorgulleció—.
¿Qué nos falta entonces? ¡Ah, sí! ¡Un detalle muy importante que no deben olvidar por nada del mundo!
—Los chicos la miraron con curiosidad—. ¡Los embarazos no planificados!
—Ambos rieron con un dejo de pudor—. Me encantaría que ustedes dos me den un nieto, pero no ahora.
¡Ni de chiste ahora! Viviendo juntos tendrán toda la libertad del mundo para explorar su vida sexual, pero no por eso deben hacerse menos responsables, ¿me oyen?
—Ambos cabecearon un sí, ahora muy serios—.
Emily debería hacerse sus controles, evaluar algún método anticonceptivo que sea aún más eficaz que el que han estado usando hasta ahora. —Rory miró a su madre muy serio.
—¿Qué sugieres, mamá?
—Ir con un especialista que les hable sin tapujos de los métodos para cuidarse y les dé opciones.
—Emily y Rory se miraron a los ojos—. Sé que ustedes dos son sexualmente activos desde hace un buen tiempo y me parece que es más que indicado asegurarse de que todo está bien con la salud sexual —Fiona los miró con una sonrisa leve.
Le parecía una verdadera sorpresa que fuese ella y no Claire Harper la encargada de esto, pero considerando que quería a Emily como a una más de sus hijos, valía la pena el esfuerzo—.
Puedo sugerirles la mía, es decir, la especialista con la que me atiendo.
Es una mujer adorable y sé que Emily se sentirá cómoda con ella.
—¡Genial! —aprobó Rory al instante, tan cuidadoso con el bienestar de la mujer que amaba. Miró a Emily a los ojos y le tomó la mano—. Podríamos ir la semana próxima, ¿no?
—Suena bien, sí.
—Ahora… —El chico vio a la madre que los contemplaba con una sonrisa sutil. ¿En qué momento se habían vuelto tan grandes? Dieciocho y veinte años. No lo podía creer—. Volviendo a lo de mudarse a Albuquerque… ¿Nos ayudarías a ir a ver departamentos? —preguntó.
—Por supuesto. Podríamos ir el próximo fin de semana a que conozcan algunas opciones en persona antes de decidirse por una. Yo podría hablar con el encargado y conocer todos los detalles, para asegurarme de que no habrá sorpresas desagradables.
—¿El próximo? —Emily frunció el ceño, un poco decepcionada—. ¿No este fin de semana?
—Este fin de semana comienzan los ensayos generales del recital del conservatorio —explicó Fiona.
Los chicos aterrizaron de nuevo en Willowbrook recordando semejante compromiso.
Sus ansias por volar a Albuquerque se los habían llevado a varios kilómetros de ese lugar—.
Sus hermanas van a tocar allí, ¿lo olvidaron?
—Ellos se echaron a reír avergonzados—. No sé ustedes —aseguró con una sonrisa—, pero yo no me lo perderé por nada del mundo.
Emily y Rory asintieron. Por supuesto que el recital de las niñas tenía prioridad.
—Entonces el próximo fin de semana —confirmó Emily—. Perfecto.
—Una cosa más —los chicos volvieron a verla, esta vez con curiosidad—. ¿Cuándo les dirás a tus padres que planeas irte de Willowbrook, Emily?
El rostro de ella se ensombreció un poco y tanto Rory como Fiona lo notaron al instante.
—Desde luego que le diré a papá, cuando ya sea definitivo…
—Bien —Fiona fue cauta.
—Seguramente él querrá llevarnos a Albuquerque —miró a Rory de soslayo—. Conocer el lugar en el que viviremos, todas esas cosas…
—Sí.
—Pero no creo que sea algo que discuta con mamá.
—Aunque Emily parecía firme, en su mirada había un brillo que anunciaba un cisma, un abismo emocional—.
Desde que sucedió lo de febrero, ella… Ella prácticamente no me dirige la palabra.
Creo qu e me considera menos digna por no haber intentado, a cualquier costo, intentarlo en California.
Además, ha asumido esa extraña actitud de dejarme hacer lo que me plazca , argumentando que al final del día el que tiene la última palabra es papá.
—Al final del día —corrigió Fiona con tacto—, la que tiene la última palabra eres tú, cariño.
Es tu vida y siempre que tomes decisiones sensatas, responsables e informadas, todo estará bien.
—Emily la miró profundamente. Sus ojos brillaban y las lágrimas ya se asomaban a ellos—.
Y si dudas, y si tienes miedo, y si por un momento no sabes si estás haciendo lo correcto, aquí estoy yo.
—Fiona le tomó las manos con amor y ella empezó a sollozar con suavidad—.
Aquí estoy yo para apoyarte como a una hija más y para decirte las cosas con total claridad cada vez que lo necesites.
—¡Gracias! —dijo emocionada en cuanto pudo—. ¡Significa mucho para mí!
Fiona se puso de pie y la besó en la frente.
Cuando la madre de Rory se retiró a su habitación por esa noche, Emily, ya un poco más calmada, y su novio se quedaron en el sofá de la sala.
Ella estaba acurrucada contra el pecho de él, ambos mirando hacia el futuro que acababa de volverse mucho más real.
—¿Estás nervioso? —susurró ella.
—Aterrorizado —admitió él—. Pero aterrorizado en el buen sentido de la palabra. Aterrorizado bien, digamos.
—Yo también.
—¿Crees que lo lograremos?
Emily alzó la cabeza para mirarlo.
—Creo que vamos a intentarlo con todo lo que tenemos y creo que eso va a ser suficiente.
Allí, en la buhardilla del teatro donde todo había comenzado para ellos, Emily y Rory estaban planeando el siguiente capítulo de una historia que cada día se sentía más como la suya.
III
Cormac había despertado esa mañana con la energía de un niño en Navidad.
No solo porque las remodelaciones del teatro se estaban volviendo realidad, sino porque después de meses de que el espacio sirviera solo para proyecciones, la música regresaría esa noche a llenar cada rincón del Harmony.
Mientras preparaba café en la cocina de la buhardilla, silbaba una melodía que Fiona no pudo identificar, pero que sonaba como pura alegría.
—Papá —dijo ella, abrochándose su chaqueta ligera de lino mientras se preparaba para salir al ayuntamiento—, pareces como si fueras tú quien va a tocar esta noche.
—En cierto modo sí —respondió él, sonriendo—. Cada vez que alguien toca música en este teatro, una parte de mí toca con ellos. Es la magia del lugar, ya lo verás.
Fiona le dio un beso en la mejilla y bajó las escaleras hacia la salida.
En el primer piso, se detuvo un momento para observar la transformación que ya estaba ocurriendo: herramientas organizadas cuidadosamente, muestras de tela para las butacas colgadas en una pared temporal, planos arquitectónicos pegados en superficies improvisadas.
El teatro se estaba convirtiendo en algo nuevo sin perder su esencia.
Cuando salió al exterior, encontró a Daniel Ashford parado junto a su camioneta, revisando una lista en un portapapeles. Eran apenas las 7:37, pero él ya estaba completamente vestido para el trabajo, esperando a que llegaran sus empleados .
—Buenos días —lo saludó, y se sorprendió de lo natural que sonó su voz.
—Buenos días, Fiona —él alzó la vista con una sonrisa—. Espero no haber hecho mucho ruido. Quería tener todo listo antes de que empezara el día.
—Para nada. Papá está tan emocionado que creo que lleva despierto desde las cinco de la mañana.
Daniel rio.