No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 21
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Capítulo 21

I

Sentada allí, esa mañana de jueves, Fiona ajustó los expedientes frente a ella mientras el alcalde Morrison carraspeaba para llamar al orden.

La agenda del día incluía tres temas rutinarios y uno que le hacía acelerar el pulso: la presentación final de Daniel Ashford sobre el proyecto de preservación del Harmony Theatre.

—Señor Ashford —Morrison consultó sus notas—, entiendo que tiene preparada su recomendación para el consejo.

Daniel se puso de pie con una serenidad que no necesitaba anunciarse. El traje gris oscuro le caía con exactitud impecable. Al abrir la carpeta de cuero, lo hizo sin prisa, con la precisión sobria de quien ha conducido escenas como esa muchas veces y sabe que el verdadero poder está en el ritmo.

—Señores del consejo —comenzó, dirigiendo una sonrisa que logró capturar la atención de todos los presentes—, durante las últimas semanas he tenido el privilegio de evaluar no solo un edificio, sino el corazón cultural de esta comunidad.

Williams se removió en su silla con una expresión de impaciencia, intuyendo que alguien estaba a punto de costarle dinero al municipio.

—¿Y cuál es su veredicto técnico? —interrumpió—. ¿Vale la pena invertir en esa estructura?

—El Harmony Theatre —Daniel activó el proyector que había instalado esa mañana— no es solo una estructura que vale la pena preservar. Es un edificio que el Registro Nacional de Lugares Históricos clasificaría inmediatamente como patrimonio arquitectónico de importancia nacional.

La primera imagen que apareció en la pantalla hizo que Fiona contuviera la respiración.

Era una fotografía del teatro que ella no había visto jamás: el auditorio capturado desde un ángulo que revelaba la elegancia original de las líneas victorianas, la manera en que la luz natural se filtraba a través de las ventanas superiores creando un efecto casi celestial.

—¿Cuándo tomó esa fotografía? —preguntó Davies, impresionada.

—La semana pasada. Lo que están viendo es lo que existe ahora mismo, debajo de décadas de modificaciones menores. La estructura original está intacta y es extraordinaria.

Daniel avanzó a la siguiente imagen: un plano arquitectónico detallado que mostraba no solo el estado actual del teatro, sino una propuesta de restauración que parecía transformar el edificio en algo sacado de un sueño.

—El costo de una restauración completa —continuó— sería aproximadamente doscientos cincuenta mil dólares. El valor de mercado del edificio una vez restaurado: un millón doscientos mil.

Williams se enderezó en el acto.

—¿Está sugiriendo que el municipio podría…?

—No estoy sugiriendo que vendan el teatro —Daniel sonrió, desactivando la objeción antes de que terminara de formarse—. Estoy sugiriendo que Willowbrook está sentado sobre una mina de oro cultural capaz de generar ingresos turísticos y artísticos durante las próximas cinco décadas.

La siguiente serie de imágenes mostraba teatros similares en otros pueblos de Nuevo México: espacios restaurados que ahora albergaban festivales de cine, conciertos íntimos, obras de teatro regionales. Cada uno con cifras impresionantes de visitantes anuales e ingresos generados.

—¿De dónde saldrían los fondos? —Morrison fue directo al punto que todos estaban pensando.

—Ahí es donde la situación se vuelve interesante.

—Daniel se alejó de la laptop y enfrentó al consejo.

No elevó la voz; no hizo falta—. Durante mi evaluación, contacté a varios colegas especialistas en preservación patrimonial.

Uno de ellos quedó tan impresionado con las fotografías y los planos del Harmony que decidió involucrarse.

Davies se inclinó hacia delante.

—¿Involucrarse cómo?

—Elizabeth Whitman —Daniel dejó que el nombre flotara en el aire por un momento— ha ofrecido financiar sesenta por ciento del proyecto.

El silencio que siguió fue completo. Fiona sintió que algo se movía en su pecho: asombro y una emoción que se parecía peligrosamente a la esperanza.

—¿Elizabeth Whitman, la arquitecta? —Morrison parecía no poder creer lo que estaba escuchando—. ¿La que restauró el Palacio de los Gobernadores en Santa Fe?

—La misma que diseñó la renovación del Teatro Lensic en Albuquerque —confirmó Daniel—.

La que en la actualidad supervisa la restauración del Palace Theatre en Los Ángeles.

Elizabeth Whitman considera que el Harmony Theatre representa una de las joyas arquitectónicas menos conocidas del suroeste americano.

Williams había dejado de parecer escéptico y ahora se veía emocionado.

—¿Y por qué una arquitecta de esa reputación querría invertir en nuestro teatro?

—Porque Elizabeth Whitman es mi mentora. Ha sido mi jefa durante los últimos quince años y cuando le conté sobre el proyecto, no solo se ofreció a financiarlo. Insistió en que lo consideráramos una inversión en el futuro cultural de Nuevo México.

Davies estaba tomando notas.

—¿Y cuál sería la participación municipal?

—Cuarenta por ciento del costo de restauración y una garantía de mantenimiento del edificio por los próximos veinte años —Daniel abrió una nueva carpeta—.

A cambio, el teatro mantendría su función actual como cine comunitario, pero añadiría capacidades para eventos culturales que podrían generar ingresos significativos para el municipio.

Morrison intercambió miradas con el resto del consejo.

—Señor Ashford, esto suena… extraordinario. Pero debo preguntar: ¿por qué no nos dijo desde el principio que tenía este tipo de respaldo?

Daniel se volvió hacia Fiona por primera vez durante la presentación. Cuando sus ojos se encontraron, ella vio algo que no había esperado: disculpa mezclada con determinación.

—Porque quería asegurarme de que el teatro valiera la pena de ser preservado por sus propios méritos antes de mencionar cualquier influencia externa. Elizabeth insistió en eso. Dijo que si el proyecto no podía defenderse solo, no merecía su inversión.

—¿Y ahora? —Williams parecía estar calculando cifras en su cabeza.

—Ahora puedo decirles honestamente que el Harmony Theatre es una de las estructuras más significativas que he evaluado en mi carrera. Y Elizabeth está de acuerdo.

Morrison se puso de pie.

—Creo que el consejo necesita deliberar. ¿Podría darnos unos minutos, señor Ashford?

—Por supuesto.

Cuando Daniel salió de la sala, llevándose su presencia magnética con él, Fiona se quedó mirando la última imagen que había quedado proyectada en la pantalla: el teatro de su familia, pero transformado.

Las butacas restauradas en terciopelo rojo, la iluminación original funcionando, el escenario preparado para actuaciones que podrían atraer visitantes de todo el estado.

La deliberación duró exactamente siete minutos.

Cuando Daniel regresó, Morrison tenía una sonrisa que no había mostrado en meses.

—Señor Ashford, el consejo aprueba su propuesta. ¿Cuándo podríamos comenzar?

—Los fondos estatales y privados estarían disponibles en aproximadamente seis semanas. Podríamos comenzar la restauración a principios de mayo.

—Excelente —Davies estaba emocionada—. ¿Y usted supervisaría el proyecto?

—Absolutamente. Elizabeth insistió en que yo maneje cada aspecto de la restauración.

Fiona sintió algo complicado revolviéndose en su estómago. Daniel trabajando en el teatro durante meses. Daniel ahí todos los días. Daniel convertido en una presencia constante en el espacio que había sido su hogar durante toda su vida.

Cuando la reunión terminó y los consejales se dispersaron con la efervescencia propia de las buenas noticias inesperadas, Fiona recogió sus expedientes con una lentitud innecesaria.

—Fiona —Daniel se acercó cuando estuvieron solos en la sala—, espero que entienda por qué no mencioné a Elizabeth antes.

Ella lo miró, tratando de procesar todo lo que acababa de suceder. Su familia acababa de ganar algo que había parecido imposible, pero el precio podría ser más complicado de lo que había anticipado.

—Entiendo que hizo lo que consideró correcto para el proyecto.

—¿Pero?

—Pero ahora las cosas se vuelven más complicadas.

Daniel estudió su expresión.

—¿Porque voy a estar trabajando en el teatro durante los próximos meses?

—Porque —Fiona cerró su carpeta con más fuerza de la necesaria— la gente en el ayuntamiento ya está empezando a hablar sobre nuestra colaboración profesional y ahora usted va a estar prácticamente viviendo en mi casa.

—¿La gente está hablando?

—Thomas de mantenimiento me preguntó ayer si usted y yo estábamos saliendo —admitió, sintiendo calor en las mejillas—. Y Helen de contabilidad hizo un comentario sobre cuánto tiempo pasamos revisando planos juntos.

Daniel estuvo en silencio por un momento largo.

—¿Y eso le molesta ?

—Me molesta que pueda afectar mi credibilidad profesional.

—¿Solo eso?

Fiona lo miró y vio algo en sus ojos que hizo que su respuesta cuidadosamente preparada se desvaneciera antes de poder articularla. Había una intensidad ahí que no era solo profesional, una atención que iba más allá del proyecto del teatro.

—Daniel… —dijo por primera vez en su vida, prescindiendo del «Señor Ashford».

—Lo sé —dijo suavemente—. Sé que es complicado, pero no puedo fingir que trabajar cerca de usted durante los próximos meses va a ser solo profesional para mí.

El silencio que siguió estuvo cargado de todo lo que no estaban diciendo. Fiona sintió el peso de una decisión que no estaba lista para tomar, presionando contra el borde de su conciencia.

—Necesito pensar.

—Por supuesto.

Daniel recogió sus materiales y se dirigió hacia la puerta. Cuando llegó al umbral, se volvió una última vez.

—Fiona, solo quiero que sepa que salvé el teatro porque merece ser salvado. Todo lo demás… bueno —rio, aunque en el fondo su expresión parecía triste—, todo lo demás es territorio nuevo para mí también.

Cuando se fue, Fiona se quedó sola en la sala de reuniones, mirando la pantalla donde todavía se proyectaba la imagen del Harmony Theatre restaurado. Se veía hermoso. Se veía como un sueño hecho realidad.

Lo que no podía decidir era si ese sueño la emocionaba o la aterrorizaba.

II