Capítulo 20 #7
El chico volteó la cabeza de inmediato al reconocer esa voz inconfundible que lo llamaba.
A un costado de la gradería que flanqueaba la piscina de waterpolo , en uno de los pasillos, Emily Harper estaba de pie, emocionada.
Rory se levantó del banco de madera donde se había sentado luego del arduo calentamiento y como aún faltaban algunos minutos para comenzar oficialmente la práctica y el partido amistoso pautado para ese día, se acercó a su entrenador para solicitarle permiso y así poder aproximarse a su novia, que lo esperaba ansiosa.
Emily lo vio desde donde estaba intercambiando algunas palabras con el coach, que miró su reloj, le cabeceó un sí despreocupado y lo dejó ir para poner de nuevo su atención en los chicos que estaban dentro de la piscina, nadando de un lado a otro como parte del calentamiento.
Corriendo hasta ella, con la toalla colgada de sus hombros, se aproximó con una sonrisa de sorpresa única.
—¡Mi amor! —Se abrazaron. A ella no le importó que él estuviera mojado—. ¿Qué haces aquí? Te hacía en la librería ayudando a tus padres…
Se separaron y ella lo miró a los ojos con una dicha que no había visto desde que hicieron el amor por primera vez en Albuquerque.
—¡Voy a ir a UNM contigo!
Rory se quedó de piedra por segundos. Sintió cómo todo dentro de él se desvanecía, como si su cuerpo no tuviera peso.
—¿Disculpa?
—¡Voy a ir a UNM contigo en otoño! ¡Tomé mi decisión! ¡La mía! Me respondieron de la universidad diciéndome que sí, que mi cupo y mi beca seguían disponibles, que estaban sumamente complacidos de recibirme y que me esperaban para comenzar mis estudios este año.
—¿De verdad? —El rostro de Rory estaba mojado, como era de esperarse por el agua que seguía acumulada en su cara o que goteaba desde su cabello, aunque estuviese debajo del gorro de natación, pero a Emily no le tomó ningún esfuerzo ver cómo sus ojos se ponían en segundos muy rojos (y no por los efectos del agua de la piscina) y cómo sus lágrimas de dicha comenzaban a confundirse con la humedad—.
¿De verdad? —sollozó muy suave, dio un par de pasos hacia atrás, se sacó el gorro de la cabeza bruscamente, salpicando a Emily, y se cubrió el rostro con él y con la toalla para que ninguno de sus amigos, ni la gente que estaba en las gradas, notara su vulnerabilidad. Lloraba como un niño.
—¡Sí, mi amor! —Se le fue encima y lo rodeó con sus brazos con una emoción expansiva—. ¡Sí, mi amor, sí! ¡Sí! ¡Lo juro!
—¿No irás a Berkeley? —Alzó los ojos apenas, cubriendo a medias su rostro con el gorro de natación, y Emily reía al mismo tiempo que lloraba, sobrepasada por su conmovedora ternura.
—¡No! ¡Es una historia muy larga, mi amor! Te la contaré cuando termines la práctica, ¿sí?
—Está bien —dijo, pero el nudo en la garganta apenas si lo dejaba hablar.
Abrazó a Emily con un frenesí inmenso. La abrazó, elevándola varios centímetros del suelo y haciéndola girar un poco, aunque ya varias miradas curiosas reparaban en ellos.
—¡Te amo! —confesó contra su rostro, sobrepasado por la emoción.
—¡Yo también te amo, mi amor! ¡Yo también te amo y no te voy a perder! ¡Te juro que no te voy a perder!
Se dieron un beso tierno que en un instante despertó en los chicos que estaban alrededor de la piscina un vocerío de admiración que hizo a Emily ruborizarse en un segundo.
—¡Déjalos! —dijo volteando hacia los chicos que reían y continuaban vociferando imprudencias.
Un pitazo preventivo del entrenador los hizo callar a todos y volver a lo suyo—.
¡Solo se mueren de la envidia porque ninguno de ellos tiene una novia tan fantástica, increíble y maravillosa como la mía! —Volvieron a darse un beso dulce.
Emily miró por encima del hombro de Rory el rostro de su entrenador y creyó que ya lo había retenido suficiente.
—¡Te esperaré allí! —Señaló una de las filas de la grada—. Cuando termines tu práctica, quiero que tengamos una buena conversación.
—¡De acuerdo!
—Y te prometo que a partir de hoy, seré tu admiradora número uno —Rory reía—.
Te prometo que cuando ingreses al equipo de waterpolo de UNM, iré a todos, ¡a todos tus partidos!
—Rory volvió a llorar, pero esta vez ya no le importaba si lo notaban o no—.
¡Y gritaré tu nombre con orgullo y seré la primera en besarte cuando ganes una medalla, un trofeo…
! ¡Lo que sea que ganen en la liga universitaria!
¡Porque no voy a ir a ninguna parte, óyelo bien, a ninguna parte a donde no estés tú, conmigo!
—Quiero que sepas que justo ahora me has hecho el hombre más feliz del mundo, Emily.
—¡Y yo! ¡Justo ahora soy la mujer más feliz del mundo, Rory! ¡Así, así se sienten las decisiones correctas! ¡No lo olvidaré nunca más! —Volvieron a besarse, él además tomó sus manos y dejó sobre ellas decenas de besos dulces.
Antes de que el entrenador lo amonestara, giró sobre sus pies y haciéndose el imbécil, volvió deprisa al borde de la alberca, se puso con agilidad el gorro en la cabeza, colocó su toalla sobre la banca y se zambulló en la piscina, para que sus lágrimas y su emoción se confundieran con el agua.
No sentía que nadaba. Sentía que flotaba de dicha.