No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 20 #5
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Capítulo 20 #5

—Vaya, vaya —Fiona supervisaba con orgullo un proyecto de su hijo que había obtenido calificación sobresaliente—. Algo me dice que cierto jovencito tiene la transferencia en la bolsa, ¿cierto?

—¡Así es! —Estaba radiante de orgullo y Emily lo miraba con admiración plena—. En mayo debo hacer la aplicación y si todo sale bien…

—Que así será —añadió la madre de inmediato.

—Antes de julio debería enviar los documentos finales para comenzar en otoño de este mismo año.

—¡Fantástico! —Devolvió la evaluación a la mesa y vio a las niñas salir de la habitación del fondo, la de Rowan—. ¡Miren quiénes están aquí! —Abrazó a cada una y les dio un beso amoroso en la mejilla—. Esperaba encontrarlas aquí, en la sala, tocando algo.

—No —corrigió Rowan—. Estábamos en mi cuarto con la guitarra esta vez…

—Vamos —le dijo Indie tomándola de la mano—. Volvamos, que aún no me enseñas el Fa.

—Será mejor que por ahora te dediques a practicar el do.

Regresaron al dormitorio riendo y Fiona las vio alejarse con una sonrisa en los labios.

A pesar de que las primeras horas de la mañana habían sido duras (recordó la conversación de Lucas Harper), no se podía quejar.

El día había tomado un rumbo muy diferente desde el almuerzo.

Suspiró, en parte agradecida, en parte cansada.

—¿Quieres un té? —Le propuso Rory al escucharla respirar de ese modo. Ella reparó en él un par de segundos, considerando su propuesta, y él leyó bastante bien su gesto—. Ya está —le hizo un ademán con las manos y la invitó a sentarse—. Ponte cómoda y enseguida vuelvo con bebidas para todos.

Lo vio meterse a la cocina y se sentó despacio en la misma mesa en la que Emily parecía resolver algunos problemas de matemáticas.

Fiona miró el hermoso perfil de esa chica que, ante sus ojos, se había convertido ya en una mujer.

Frunció un poco los labios pensando en toda la farsa que se habían armado sus padres y en la forma en la que esa red de mentiras la perjudicaba, y supo que sí.

Sí. Tomaría cartas en el asunto si Lucas Harper no cumplía con su palabra.

—Emily…

Ella volteó a verla enseguida con un gesto dulce y encantador.

—¿Sí, señora Gallagher?

—¿Cómo te sientes, linda?

La miró a los ojos y la chica sintió un calor que la abrumó en un instante. Supo que era la primera vez, en todos esos días, que alguien que no fuese Rory le hacía esa pregunta .

—Estoy… —Pensó un par de segundos—. Estoy un poco más tranquila…

—Bajó la mirada hacia la hoja de su cuaderno donde estaban todos esos números y sintió que era lo correcto decirle a esa amable mujer lo que pensaba—: No siento que mi decisión sea la correcta, ¿sabe?

—Fiona la miró con más atención que nunca—.

Es que… Es que no se siente como tal… Se siente…

—Como si estuvieras empujando una roca por una ladera para llevarla a la cima de la montaña.

—¡Exacto! —Se sintió feliz de que alguien por fin la entendiera de verdad—.

¡No lo pudo haber dicho mejor! Como si la roca en algún momento hubiese estado en la cima, se hubiese resbalado de ella y hubiese caído sin esfuerzo hasta abajo y ahora…

¡Ahora a la fuerza y porque sí, hay que devolverla a donde estaba!

—Emily, la decisión que estás tomando se siente mal porque la estás manejando desde el esfuerzo…

—La chica la miró abismada—. La roca que cae de la cima de la montaña lo hace sin oposición.

No hay nada que frene su caída y todo ocurre con una gracia espontánea, ¿lo ves?

Pero tratar de remediar lo irremediable se siente como una misión imposible.

Las decisiones acertadas de la vida pueden ser duras, pueden doler, pero no deberían ser un esfuerzo, porque todo lo que se hace desde el esfuerzo, eventualmente acaba mal.

—¿Y cómo puedo saber la diferencia?

—Lo notarás, porque apenas tomas la decisión, por muy dolorosa que sea, todo comienza a fluir, como agua que vuelve a su cauce.

—Lo entiendo.

—Hay algo más que quiero decirte, linda… —Volvieron a verse a los ojos con profundo afecto—. Es algo que quiero decirte desde hace meses, pero no había encontrado la ocasión…

—La escucho.

—No sé si el día de mañana tú y Rory encontrarán la manera de descifrar ese futuro que quieren construir juntos.

—Emily la miró con un dejo de temor—. No sé si eventualmente, en unos meses o en unos años, sus caminos seguirán atados o si cada uno habrá tomado una senda distinta, pero…

Sí quiero que recuerdes algo, que lo fijes muy profundo en tu corazón, y que nunca lo olvides: la forma en la que tú y mi hijo se han amado, ese sentimiento que se han entregado, esa manera preciosa que tienen de cuidarse y acompañarse mutuamente…

Eso y más es lo que mereces, Emily —la chica sintió un nudo en la garganta al instante y unas ganas incontenibles de echarse a llorar—.

No te conformes con menos que eso, ¿me entiendes?

—Fiona le tomó las manos al ver cómo lloraba—.

No puedes conformarte con menos que eso.

Ustedes dos, admirablemente, han puesto el listón del amor muy alto en sus vidas, así que el día de mañana, si tu futuro está al lado de otra persona, será porque ese chico está allí para entregarte más, mucho más, de lo que ustedes se han brindado.

Será porque ese chico es consecuente al amarte con un sentimiento que te haga sentir vista, valorada, respetada y considerada en todo momento…

Así que no, mi niña preciosa… —Le sacudió las manos con frenesí, avivando su sentimiento de gratitud por esas palabras—. ¡No quiero que te conformes con menos !

IV

Cuando Rory detuvo el auto de su madre frente a la librería, lo primero que les llamó la atención fue ver la cortina metálica cerrada.

Confirmaron la hora en el tablero del auto y apenas eran las 17:32.

Ambos jóvenes se miraron a los ojos con temor e Indie fue la primera en expresar lo que ellos ya pensaban:

—Esto no me gusta nada.

—¿Quieren que las espere aquí? —Rory miró primero a su novia, luego a su hermana sentada en el puesto posterior del auto.

Alzó su teléfono y se lo mostró a Emily—.

Puedes enviarme un mensaje para confirmarme que todo está bien o…

O si las cosas están mal, pues… Pues me quedaré aquí en caso de que necesiten ayuda.

—Está bien —lo besó con dulzura en los labios. Miró la fachada de la librería con un agujero en el estómago—. No sé qué puede haber pasado para que la tienda esté cerrada, pero… Te prometo que te mantendré informado, ¿está bien?

—De acuerdo. Espero tu mensaje. Si no me has escrito en veinte minutos, tocaré la puerta. ¿Vale?

—Vale.

Ambas chicas descendieron del auto y vieron a Rory apagar el motor y acomodarse un poco en la butaca del conductor. Las siguió con la vista y observó cómo Emily e Indie entraban por la portezuela de la cochera y después de qué manera esta se cerraba despacio a sus espaldas. Contuvo el aliento.

Dentro el silencio era sobrecogedor. Indie se sintió como si estuviesen en un juego de survival horror .

Se deslizaron por la cochera casi de puntillas, notando que los dos autos estaban allí.

El depósito estaba en la completa penumbra y una luz amarillenta, la que estaba cerca de la escalera, se colaba por la puerta, iluminando una porción de cajas y otros objetos.

—¿Crees que hayan salido? —preguntó Indie a los susurros, caminando detrás de Emily muy cerca de ella.

—No lo creo. No sé. Ambos autos están allí.

—¿Y si fueron caminando a la tienda?

—Lo dudo.

—Quiero que sepas algo —las hermanas se miraron a los ojos en la penumbra, con temor de entrar a la librería y más aún, de subir a la casa—, si las cosas vuelven a ponerse feas como ayer, me iré corriendo al Harmony y nadie me sacará de ahí en varios días.

—¿Feas como ayer? —Frunció el ceño e Indie supo en el acto que había dicho más de la cuenta. Intentó hacerse la desentendida al instante—. ¿Qué pasó ayer, Indie?

—Nada.

—Índigo… —insistió. Conocía muy bien a su hermana como para saber cuándo se estaba haciendo la estúpida—. ¿Qué pasó ayer? ¿Qué es eso tan feo que ocurrió ayer?

—Yo te lo diré.

La voz de Lucas en la puerta de la trastienda las hizo dar un salto memorable a las dos. Se abrazaron torpemente, sobresaltadas, y él les sonrió con dulce indulgencia.

—¿Qué hacen allí, hablando a los susurros en el depósito? —preguntó el padre con su tono cálido habitual.

—Teníamos miedo —admitió Indie adelantándose hacia él y abrazándolo con fuerza. Él la estrechó entre sus brazos y la besó varias veces en la cabeza—. Vimos la librería cerrada y nos imaginamos lo peor.

—Todo está bien —le aseguró mirándola a los ojos y reparó en Emily, que seguía igual de confundida—. Les juro que todo está bien —suspiró—. Su madre sigue encerrada en su habitación, procesando muchas cosas, pero estoy seguro de que al final de todo, estará bien.

—¿Qué está pasando? —demandó Emily—. No veo a mamá desde el lunes por la mañana y sigue sin salir de allí…

—Salió… —aseguró Lucas con una sonrisa suave—. Sí que salió, pero es una historia larga y me gustaría que la discutiéramos en un lugar donde los tres estemos cómodos. ¿Está bien?

—Bueno… —Emily recordó a Rory—. Papá…

Él volvió a mirarla con un rebote de tristeza y vergüenza en sus ojos.

—Rory se quedó afuera. Dijo que esperaría por nosotras para asegurarse de que todo estaba bien en casa. Lo llamaré ahora mismo para que pueda irse al Harmony tranquilo, ¿está bien?

—Claro, mi amor —sonrió—. Haz lo que debas hacer. Te esperaremos en la sala.

Indie y él comenzaron a subir las escaleras mientras al fondo se escuchaban los susurros de Emily al teléfono. La hermana menor no se hizo de rogar:

—¿Vas a cumplir tu promesa?

—Claro que sí. ¿Cuándo he faltado a una de mis promesas?

—Nunca. ¿Y lo harás ahora?

—Ahora mismo. Sí.

—¿Y mamá?

—Es complicado, Indie.

—¿Complicado cómo?

—Complicado como que la persona no quiere salir de su habitación por miedo a enfrentar sus errores y reconocer que hizo mal.