No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 20
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Capítulo 20

I

—¡Fiona!

Escuchar su nombre pronunciado así ese martes por la mañana, cuando estaba a solo un paso de poner un pie en el ayuntamiento, desde luego que la sobresaltó.

Giró sobre sus pies, miró a la escalinata a sus espaldas y vio a un hombre de barba, abrigado con una chaqueta oscura, avanzar hacia ella con una sonrisa que parecía nerviosa.

—¿Lucas Harper?

¿Qué se supone que haría ese sujeto a las puertas del ayuntamiento a esa hora? Fiona no lo perdió de vista hasta que se detuvo ante ella y pudo notar cómo, de su sonrisa, brotaban bocanadas de humo provocadas por el aire frío de esa mañana de finales de invierno.

—¡Fiona! —Rio mientras ella lo seguía mirando con detenimiento, confundida—.

¡Qué suerte encontrarla aquí! Tengo algunos minutos esperándola…

Verá… —Señaló hacia el estacionamiento, donde posiblemente estaba su auto aparcado—.

Dejé a las niñas en la escuela y me vine hasta acá de inmediato para ver si tenía suerte y…

Y… —Por fin reparó en la expresión irresoluta de ella y volvió a reír con un dejo de ternura—.

Lo siento… Se debe estar preguntando qué hago aquí a estas horas.

—Efectivamente.

—Me urge hablar con usted, Fiona… No sé si podríamos ir a un café aquí cerca a tomarnos algo… ¿La interrumpo?

—No. No. —dijo y dio un respingo, como si hubiese aparecido de pronto en la puerta del ayuntamiento de un momento a otro.

Su mente se había quedado dando vueltas ante esa supuesta urgencia y se preguntó qué habría pasado ahora con Emily y cómo podría eso repercutir, de nuevo, en el ánimo de su hijo.

Ya se estaba cansando un poco de esta montaña rusa de emociones.

Volvió a reparar en Lucas y miró su reloj—.

De hecho, tengo más de treinta minutos disponibles —eran las 8:27—.

Técnicamente, entro a mi trabajo a las nueve, así que…

—Señaló con sus ojos grises los papeles que llevaba entre los brazos—.

Si me permite, dejaré mis cosas en la oficina e iré a tomarme ese café con usted, ¿está bien?

—¡Desde luego!

Menos de cinco minutos más tarde, ya estaban sentados en una mesita de un local aledaño al ayuntamiento, donde algunos trabajadores aprovechaban para tomar el desayuno.

Fiona se acomodó en su silla, en el fondo dispuesta a defender su ánimo a cualquier costo.

No permitiría que otro nuevo contratiempo con la hija mayor de los Harper le arruinara su día, pero era inevitable pensar en las nuevas repercusiones que podría tener esto en Rory.

Respiró hondo e intentó no adelantarse a la urgencia de Lucas esa mañana.

—Y bien… —dijo removiendo el café pequeño que había ordenado por insistencia de su acompañante. Ya había tomado uno muy bueno en casa, antes de salir esa mañana—. ¿Qué es eso tan urgente que tiene que decirme, Lucas?

Los ojos de ella sobre los de él fueron condescendientes. No tanto como las veces anteriores, pero se encargó de que su mirada fuese lo más empática posible, a pesar de que se encontraba un poco a la defensiva por lo que se pudiese decir en esa charla inesperada.

—¿Por dónde empiezo…? —musitó él, muy nervioso.

—No lo sé, Lucas —ella le sonrió con un gesto afable—, pero sin ánimos de ser descortés, deberá darse un poco de prisa con esto, porque… Porque no tengo mucho tiempo, ¿sabe?

—¡Lo sé! —Y sin más vueltas, comenzó a contarlo todo.

Enlazó esta conversación con la última que habían tenido algún tiempo atrás sobre la posibilidad de que Emily fuese a Berkeley y si la familia Harper contaba o no con los recursos para ello y, dejando a un lado su lealtad hacia Claire, esperando no irrespetarla, narró con la mayor cantidad de detalles que le permitían esos veinte o veinticinco minutos todo lo ocurrido desde el fin de semana hasta ahora.

Fiona estaba estática y boquiabierta. Su gesto no era solo de sorpresa. En esos ojos grises, la mayor parte del tiempo dulces, se podían identificar matices de genuina indignación.

—Y supongo que usted respetará la promesa que le hizo a su hija, ¿no es verdad? —Se refería al acuerdo al que Lucas había llegado con Indie.

—Sí, sí, Fiona, pero no sé exactamente cómo…

—¿Cómo hacer a su esposa cambiar de parecer? —Alzó la ceja un poco. No quería emitir juicio, pero… ¿Cómo no? ¿Cómo no, si su hijo mayor estaba envuelto en toda esa farsa que no solo le causaba daño a la chica, sino también a él?

—Sí. Claire parece en un estado de…

—En un estado de irresponsabilidad absoluta.

En un estado de egoísmo consumado y perdóneme que se lo diga…

—Se echó hacia delante en la silla y encaró a Lucas Harper—.

¿Ustedes siquiera están conscientes de todo el estrés emocional al que han sometido a la pobre chica con toda esta mentira?

Emily ha atravesado una verdadera montaña rusa de emociones desde que el sobre de la universidad llegó, alentada por la farsa de que sus padres tendrían cómo hacerse cargo, económicamente, de su decisión.

¿Le parece justo hacer todo más difícil para Emily cuando esto se pudo haber evitado con una conversación franca, sincera, acerca de la verdadera situación económica de la familia y de las cosas que se pueden y no se pueden permitir?

—Lucas bajó la cabeza avergonzado—. Señor Harper…

—Por favor, Fiona…

—¡No! —Fue inflexible. Esta vez estaba furiosa.

Estaba furiosa por su hijo, pero muy especialmente estaba furiosa por Emily y por Indie—.

¡Señor Harper! Señor Harper, no le negaré que como padres quisiéramos darle todo…

¡Todo a nuestros hijos! Como padres quisiéramos que no vivieran las cosas que nosotros vivimos, que no experimentaran las decepciones que nosotros experimentamos, pero…

¡Pero la educación responsable también se basa en hacerles entender que hay límites!

¡A veces ellos también tienen que acostumbrarse a la idea de que hay cosas que no pueden lograr, a las pequeñas pérdidas, a los pequeños duelos!

¡A veces ellos también maduran entendiendo que renunciar a algo hoy no determinará para siempre que no p uedas alcanzarlo mañana!

Creí que un hombre como usted, de su sensibilidad, entendería esto y no solo eso…

¡Creí que lo haría cumplir en su casa! —Esas palabras fueron como sentir el contenido de un balde de agua helada sobre la cabeza—.

Emily ha estado padeciendo las consecuencias de una decisión que ni ella misma entiende.

La idea de ir a esa universidad, inalcanzable para algunos, en principio no era de ella, es una obsesión que se trazó su mujer para enorgullecerse de una fantasía con la que pudiera alardear por toda la ciudad, aunque eso la lleve a la ruina.

No dudo del buen criterio de la chica, pero…

Pero si no oye otra cosa en casa, salvo que Berkeley es como la lámpara mágica que le cumplirá todos los sueños y le abrirá todas las puertas, no es de extrañar que la prefiera por encima de cualquier otra opción…

¡Todos queremos lo mejor, todos ansiamos lo mejor!

¡Todos sentimos que nos merecemos esa suerte!

Pero… Pero usted sabe de sobra que ese espejismo que le están metiendo a la chica en la cabeza es precisamente eso: ¡una bomba de humo!

¡No quiero que piense que soy una mediocre!

—aclaró—. Pero alcanzar tus objetivos, la excelencia académica, un título y un conocimiento que te abra todas las puertas, no siempre se obtiene en una universidad que la familia no puede costear…

Con la motivación correcta, con el empeño correcto y con la guía adecuada, Emily puede acceder a todo el conocimiento que se proponga, tanto aquí como en California…

¡Y sin que eso destruya a los que ama! —Lucas se estrujó la cara con ambas manos, avergonzado—.

¿Sabe usted, señor Harper, que su hija menor llegó ayer al teatro hecha trizas después de que escuchó esa discusión horrible que menciona?

—Lo imagino…

—La niña corrió, hecha un mar de lágrimas, por las calles de Willowbrook buscando refugio en el Harmony, en mi hija, en mi familia…

No digo que esté mal, porque todos amamos a Indie sin condiciones en casa, pero…

¡Pero sus hijas prefieren a los Gallagher antes que a sus propios padres!

—Fue un golpe letal para Lucas—. Y eso es algo que solo han provocado ustedes…

¡Usted y muy especialmente su esposa, la misma que está fuera de control y quiere arrasarlo todo con su ambición!

Resopló e intentó calmarse. Se había dado cuenta de que su promesa inicial de no dejarse afectar por lo que Lucas Harper tenía que contarle esa mañana no le había funcionado en lo más mínimo.

El sujeto sentado ante ella tenía el mentón hundido en el pecho y ella decidió terminar el café que quedaba en el vasito.

Comprobó la hora en el reloj y notó que eran las 8:51.

Suspiró y alzó la vista para toparse de pronto con el rostro sonriente de Daniel Ashford, avanzando hacia ella con un vaso térmico en las manos.

Ni supo cuándo se le esfumó la indignación y le cobijó el rostro una sonrisa.

—¡Fiona! —dijo el arquitecto risueño. Le tomó la mano con delicadeza y se instaló en sus ojos grises—. ¡Cuénteme! ¿Cómo se siente hoy?

Ella desvió momentáneamente la mirada hacia Lucas Harper y Daniel Ashford percibió la ráfaga de una incomodidad paseándose por sus ojos grises, pero una vez volvió a reparar en el arquitecto, su sonrisa, así como el brillo en sus pupilas, fue sincero.

—¡Mejor! ¡Mucho mejor!

—¿Eso quiere decir que cada cosa está tomando su curso?

—Sí, y favorablemente, además.

—No sabe cuánto me alegra escuchar eso —fue sincero y ella lo sintió.

—Gracias, señor Ashford.

—La veré más tarde —le aseguró y pensó un par de segundos—. ¿Tiene compromisos para el almuerzo ?