Capítulo 19 #12
A la cocina entró primero Indie, luego Emily. Esta se quedó quieta al ver a Lucas junto al horno, el rostro tenso, inconfundible en momentos de crisis.
—Papá —dijo Emily—, ¿está todo bien?
Lucas las miró a ambas. En el rostro de Indie se dibujaba la cautela; la misma de la que se valía cuando comprendía más de lo que decía. Emily, todavía con el uniforme escolar, parecía desconcertada por la atmósfera cargada de la casa.
—Tu madre está un poco indispuesta —dijo, eligiendo sus palabras con cuidado—. La cena de celebración va a tener que posponerse .
Vio cómo su hija mayor se relajaba, sus hombros bajando, anunciando así un alivio genuino.
—Ah —dijo—. Está bien. Honestamente, estoy bastante cansada. Creo que voy a mi habitación. Me daré un buen baño y me pondré a hacer mis deberes.
Emily irradiaba una calma que no había estado presente esa mañana cuando había salido de casa. Lucas la estudió por un momento.
—¿Cómo fue tu tarde? —preguntó.
Emily sonrió y la sonrisa parecía genuina.
—Mejor de lo que esperaba —respondió—. Rory y yo hablamos sobre todo —su gesto fue radiante y Lucas agradeció un poco de esa energía benefactora—. Creo que vamos a estar bien.
El padre asintió, entendiendo lo que no estaba diciendo. Habían encontrado una manera de manejar la situación, algún tipo de acuerdo que les permitía seguir adelante. Se sintió aliviado como no lo había estado en días.
—Me alegra escuchar eso —dijo—. Ve a hacer tus deberes. Nos ocuparemos de la cena más tarde.
Emily se retiró en silencio, dejando a Lucas solo con Indie, quien había estado observando el intercambio en silencio. Cuando estuvieron solos, ella se acercó al refrigerador, fingiendo buscar algo mientras evitaba hacer contacto visual directo con su padre.
—Indie —susurró—, necesitamos hablar.
Ella se volvió hacia él, y Lucas pudo ver en sus ojos la mezcla perfecta de culpa y desafío que aparecía cuando sabía que había estado en lugares donde no debería haber estado.
—¿Sobre qué? —preguntó, pero su voz no conseguía sonar del todo inocente.
—Sobre lo que escuchaste esta tarde.
Indie cerró el refrigerador y se apoyó contra él, sus brazos cruzados en una postura defensiva que le recordó a un personaje, como si se tratase de la versión morena de Pippy Longstacking .
—¿Cómo sabes que escuché algo?
—Porque te conozco —respondió Lucas. Le sonrió apenas, sin fuerzas. Era tan sencillo cuando en lugar de hablar jugaban a que lo hacían. Extrañaba a la niña que fue a sus nueve años— y porque saliste corriendo de la librería justo cuando las cosas se pusieron feas aquí arriba.
Hubo un silencio largo. Indie lo miró durante un momento, como si estuviera evaluando cuánta verdad podía arriesgarse a revelar.
—¿Le dijiste algo a Emily? —preguntó Lucas en un tono casi imperceptible, alzando los ojos por encima de la cabeza de su hija y dirigiendo la mirada hacia el pasillo. En ese momento vio a la chica pasar al cuarto de baño, ajena a lo que sucedía en la cocina.
—No —respondió, susurrando también—. Le dije que había ido al teatro para contarle algo personal a Rowan. No mencioné a los abuelos ni nada de lo que pasó.
Lucas sintió un alivio que no había esperado.
—Gracias —dijo tomándole las manos entre las suyas y la niña dejó de estar a la defensiva para sentir una inmediata compasión por él—. Eso es… eso es importante.
—Pero, papá —ella se enderezó. Su postura le recordó que, a pesar de tener solo doce años, contaba con una comprensión de la justicia que a veces lo asombraba—, lo que están haciendo con Emily no está bien .
La declaración lo golpeó como una bofetada. No porque fuera inesperada, sino porque venía de su hija de doce años, dicha con esa claridad moral que solo los niños podían conseguir.
—Indie…
—No está bien, papá —insistió. La determinación en su voz le recordó qué clase de carácter estaba formando—.
Emily no sabe que no tienen dinero para esa universidad.
Está tomando una decisión creyendo que todo va a estar bien…
¡Y todo va a estar mal! ¡Ella no se merece que le mientan así, porque ella no querría que nosotros estemos mal solo por un capricho de mamá!
Lucas se quedó en silencio, procesando no solo las palabras de Indie sino la forma en que había articulado el problema. A los doce años, había identificado el dilema ético que él había estado tratando de eludir.
—Es complicado.
—No es complicado. —Indie lo miró, desafiante, y él no tuvo el valor de sostenerle la mirada—. Es injusto. Y es peligroso.
La palabra peligroso resonó en el aire entre ellos. Lucas se dio cuenta de que Indie había entendido no solo las implicaciones inmediatas de la situación financiera, sino las consecuencias a largo plazo para toda la familia.
—¿Qué quieres que haga? —preguntó. Se sorprendió, se sintió ridículo de estar pidiendo consejo a su hija adolescente.
—Quiero que hagas que mamá entre en razón —respondió ella sin vacilar—. Quiero que la convenzas de que le diga la verdad a Emily. Quiero que dejen de actuar como si tuvieran dinero que no tienen.
Era lo que Lucas sabía que debería hacer, articulado con una simplicidad devastadora que solo venía de alguien que no había aprendido todavía a complicar las decisiones morales básicas.
—Voy a intentarlo —prometió—. Voy a hablar con tu madre.
—¿De verdad? —Indie lo miró con esperanza cautelosa. Quería creer que era posible, pero había aprendido a protegerse contra la decepción.
—De verdad —aseguró Lucas—, pero necesito que me prometas que vas a mantener esto entre nosotros. Al menos hasta que pueda resolver las cosas con tu madre.
Indie asintió solemnemente.
—Te lo prometo, pero papá… Si no lo arreglas pronto, voy a tener que contárselo a Emily yo misma y no me va a importar que me castiguen o que se enojen conmigo.
Era una amenaza hecha con amor, pero una amenaza de todas formas. Lucas la miró, viendo en su hija de doce años una integridad moral que lo humillaba y lo inspiraba al mismo tiempo.
—No va a ser necesario —susurró abatido—. Voy a arreglar esto.
Dos horas después, la mesa del comedor estaba puesta nuevamente, pero esta vez solo para tres. Lucas había calentado la comida que Claire había preparado con tanto cuidado esa mañana, sirviendo porciones en platos que se veían pequeños y solitarios en la mesa grande.