No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 19 #11
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Capítulo 19 #11

Lucas entendió en ese momento que no había manera de hacerla recapacitar. Claire había cruzado algún tipo de línea emocional que la hacía impermeable a cualquier argumento racional.

—Está bien. Te voy a dejar sola por un rato.

Se dirigió hacia la escalera, consciente de que Claire se había quedado de pie en medio de la sala, rodeada de los restos de una celebración que se había convertido en desastre, con la comida a medio preparar en la cocina y el eco de palabras que nunca podrían ser retiradas.

Mientras bajaba las escaleras, Lucas se dio cuenta de que su familia acababa de cruzar un punto de no retorno. No había vuelta atrás desde este momento. No había manera de reparar lo que acababa de romperse.

En algún lugar en las calles de Willowbrook, Indie estaba corriendo hacia el único lugar donde sabía que podría encontrar seguridad: el Harmony Theatre, donde los Gallagher entendían que las familias podían atravesar crisis sin destruirse en el proceso.

Como si de alguna manera inexplicable hubiese tenido el poder de anticiparse a su llegada, Rowan estaba en la puerta del teatro cerca de su abuela cuando vio a Indie cruzar la avenida de forma temeraria, imprudente, enfocada más bien en las emociones que se revolvían dentro de ella y en sus lágrimas, que a duras penas le permitían mirar con claridad al frente .

El chirrido de las llantas de ese auto contra el pavimento hizo a Moira llevarse ambas manos al rostro, sobresaltada, pero fue un alivio ver cómo la hija menor de los Harper llegaba por fin a la acera ilesa, para de ahí precipitarse en los brazos de Rowan de una forma abrumadora, como un soldado que atraviesa corriendo una línea de fuego hasta alcanzar la zona segura en el último segundo sin haber recibido ni un solo rasguño.

—¡Índigo! —Rowan la estrechó contra su pecho contrariada y la abuela se acercó de inmediato para contener a las chicas.

Los sollozos de la morena eran incontrolables—.

¡Índigo! ¿Por qué estás así? ¿Qué pasó? —Pero no había caso.

La niña no paraba de llorar y la abuela Gallagher entendió que lo mejor era hacerlas pasar al teatro mientras la chica lograba calmarse.

Se sentaron en una de las mesitas de la caramelería.

Pasadas las tres de la tarde, las funciones programadas para ese lunes que parecía un infierno estaban por empezar, pero ni Moira tenía cabeza para ocuparse de la boletería, ni la tía Rosie de los snacks .

Solo Pops, ausente en su sala de proyección, ignoraba semejante drama.

Índigo comenzó a calmarse luego de minutos de llanto sostenido. Tomaba a sorbos pequeños una bebida que la tía Rosie le había puesto al alcance de su mano, sobre la mesa, y la abuela empezó a hacer preguntas:

—¿Emily aún está arriba?

—Sí —aseguró Rowan al instante—. Cuando bajé, la dejé hablando con Rory en la sala —volteó a ver a Indie y le peinó el cabello amorosamente con sus dedos. En ese momento ella se limpiaba la cara con una servilleta—. ¿Quieres que vayamos con ella?

La chica de doce años cabeceó un no de forma enérgica. Rowan la miró. En sus ojos verdes, esas motas doradas estaban más brillantes que nunca a causa del llanto, el miedo y la indignación. Les bastó verse fijamente para decirse, sin palabras, lo que Indie necesitaba en ese instante.

—Subiremos a la buhardilla, abuela —Rowan se puso de pie y ayudó a Indie a incorporarse tomándola entre sus brazos—. No te preocupes.

—¿Segura? —Moira dudaba—. ¿Estarás bien, Indie?

Ella asintió con su cabeza y tomaron la escalera que iba hacia la parte superior del teatro, pero no entraron a la residencia de los Gallagher.

No. Sino a esa puerta secreta que las conducía al tejado.

Allí, aunque era una fría tarde de febrero, Indie volvió a llorar con suavidad, envuelta en los brazos de Rowan.

—¿Qué pasó? —insistió tras dejarla llorar por minutos—. ¿Me dirás qué pasó? —Besó su cabeza una y otra vez y por fin la vocecita de Indie se escapó sin fuerzas de sus labios color rosa.

—Mis abuelos están hoy en la casa…

—¿Sí? —Frunció el ceño—. ¿Esos señores estirados de los que a veces me hablas?

—¡Sí, ellos! Los padres de mamá. Esos señores odiosos que se comportan como ricachones…

—¿Te hicieron algo? —Y al instante un sentido de justicia comenzó a moverse en su pecho—. ¿Te dijeron algo? ¿Te reprendieron por el piano, por la música, por el jazz…?

—No, no. No —la tranquilizó—. A mí apenas si me vieron.

—¿Y entonces?

Se miraron a los ojos, Indie se había incorporado con un gesto grave.

—Rowan, Emily no puede saberlo…

—¿Qué? —Se angustió a su manera. Se preocupó como lo haría una chica de doce años que apenas empieza a entender el mundo de los adultos.

—Mis padres no pueden pagar esa universidad…

—¿Cómo? —No entendía nada.

—Así: no pueden. No pueden y trataron de pedirle dinero a los abuelos.

—¿Y cuánto le pidieron?

—No lo vas a creer.

—¿Cuánto? —insistió—. ¿Mil dólares? ¿Cinco mil dólares?

—¡Doce mil dólares!

Rowan abrió la boca pasmada. Nunca había escuchado hablar de una cifra como esa en toda su vida. Miró a su alrededor abismada mientras Indie seguía desahogándose:

—Mis abuelos dijeron cosas horribles. —Rowan volvió a mirarla, perpleja—. Parece que mis padres ya les habían pedido dinero antes y… ¡Y se negaron a ayudar!

—¡Oh, mierda! —Ni le importó dejar escapar esa mala palabra de su boca—. ¿Eso quiere decir que Emily no irá a esa universidad?

—No lo sé, pero mamá… —Volvió a sollozar con suavidad—. Mamá casi enloqueció, Rowie. Comenzó a decirles cosas horribles, que nunca la habían ayudado, nunca la habían aceptado y cuando escuché cómo se puso, cuando escuché cómo les gritaba, fue demasiado y salí de casa asustada…

—Así que no sabes cómo terminó la discusión.

—Indie negó con la cabeza—. Y si tus padres no tienen dinero para enviar a Emily a esa universidad…

¿Por qué no hablan con ella? —Se alzó de hombros—.

Emily y Rory están sufriendo por eso… Ellos podrían ir a la misma universidad que está a solo una hora de aquí y todo sería más fácil, ¿no?

—No sé, Rowan… Yo realmente no lo sé, pero… ¡Pero, mamá me da miedo!

—Yo tampoco sé nada de esto, pero he escuchado a mamá hablar mucho con Rory y con los abuelos —suspiró—.

Ya sabes que nosotros no tenemos mucho dinero —Indie asintió sin juicio—, pero incluso para una familia como nosotros, es posible ayudar a mi hermano si va a esa universidad que está cerca de aquí.

Eso quiere decir que si mamá está dispuesta a apoyarlo, no es tan caro después de todo, ¿ves?

—Lo veo, pero parece que la que no quiere ver es mamá.

Hicieron un silencio en el que ambas se sumieron en una preocupación que ni siquiera entendían.

—¿Y si le decimos todo a Emily? —propuso Rowan en sus incontenibles impulsos de justicia—. ¡Ella debería saberlo!

—¿Y si nos metemos en un problema? ¿Y si mi madre me castiga por hacer eso? —Se miraron a los ojos con temor—. Si Emily sabe que está pasando todo esto, no irá a California, estoy segura.

—Y tu mamá se enojará peor…

—Se volverá loca, así es…

Volvió a inclinarse sobre el pecho de Rowan y ella la tomó entre sus brazos con todo el amor del mundo. Besó de nuevo su cabeza y acarició su cabello.

—Creo que lo que debemos hacer es mantener el secreto… —reflexionó Rowan intentando ser lo más sabia que podía a sus doce años—. Después de todo, creo que es cosa de adultos… Tu papá podría hacer cambiar de parecer a tu mamá, ¿no?

—No lo sé. Últimamente nada parece controlar a mi mamá —volvió a incorporarse angustiada—. ¿Y si envían a Emily a ese lugar y nos quedamos sin dinero? Los abuelos dijeron que era muy peligroso hacer eso… Dijeron algo de la librería y de la economía familiar…

—¿Crees que tu madre esté tan loca como para meterlos a todos en ese problema?

Índigo se tomó sus segundos para pensar en eso.

—Parece que sí, Rowie. Yo creo que sí.

Volvió a hundirse en su pecho, esta vez no tanto por la búsqueda de su contención, sino por el mero placer de estar entre sus brazos, de sentir su calor en esa tarde fría de finales de invierno.

Se quedaron así por minutos y minutos en los que no dijeron nada, salvo contemplar el paisaje de Willowbrook y ver a los autitos diminutos circular por sus calles.

—¿Te sientes mejor? —susurró Rowan luego de todo ese tiempo.

—Sí —lo aseguró con una sonrisa, además—. Contigo siempre, siempre estoy mejor.

VI

El aroma del asado se había vuelto amargo en la cocina de los Harper cuando Lucas se encontró solo, rodeado de los restos de una celebración que nunca había llegado a suceder.

La mesa del comedor seguía puesta con la vajilla de porcelana, las copas de cristal reflejando la luz de la tarde como pequeños fragmentos de una realidad que se había hecho pedazos durante la última hora.

Bajó el fuego del horno y retiró el asado, que se había cocido perfectamente a pesar del caos que había rodeado su preparación. Las papas y las zanahorias también estaban listas, esperando a una familia que ya no tenía nada que celebrar.

Claire permanecía encerrada en su habitación. Los sollozos habían cesado, reemplazados por un silencio que Lucas encontraba más perturbador que los gritos. Había golpeado la puerta una vez, ofreciendo té, disculpas, cualquier forma de consuelo, pero solo había recibido silencio en respuesta.

El Kit-Cat Klock de la librería marcaba las 16:37 cuando Emily e Indie aparecieron en la entrada trasera, luego de colarse por la portezuela de la cochera. Lucas las escuchó desde la cocina: el sonido familiar sobre el parquet de la librería, voces que se acercaban por la escalera.

—…y entonces le dije que no podía creer que hubiera hecho eso —narraba Indie, su voz adoptando el tono conspirador que usaba cuando compartía secretos—. O sea, fue súper dramático, pero necesitaba contárselo a alguien.

Lucas frunció el ceño. El tono de su hija menor sonaba forzado, como si estuviera representando una conversación en lugar de tenerla genuinamente.

—Claro —respondió Emily distraída—. Me alegra que hayas podido hablar con Rowan sobre eso.