Capítulo 19 #2
—¡Oh, Emily! —Claire se acercó, como si fuera a abrazarla, pero luego se detuvo, como si no estuviera segura de si tenía permiso después de todo lo que había pasado—. ¡Berkeley! ¡Mi hija va a ir a Berkeley!
—Claire… —comenzó Lucas, cauteloso.
—¡No, Lucas! ¿Te das cuenta de lo que esto significa? —Claire se volvió hacia él; la intensidad en su mirada rozaba lo febril, y a Emily le resultaba inquietante—. ¡Berkeley! ¡Una de las mejores universidades del país! ¡Nuestra Emily va a estudiar en Berkeley!
La hija observó a su madre celebrar y sintió como si estuviera viendo a una extraña. No había preguntas sobre cómo se sentía ella con la decisión, no había reconocimiento del dolor en su rostro, no había consideración por las complejidades emocionales que acompañaban una elección así.
Solo había triunfo. Como si Emily fuera un trofeo que había sido ganado.
—Mamá, no hay nada que celebrar todavía.
—¿Qué quieres decir? —Claire la miró con genuina confusión—. ¡Por supuesto que hay que celebrar! ¡Esto es lo más importante que ha pasado en esta familia!
Emily sintió que algo se quebraba en su pecho. Esta era la reacción que había temido, la razón por la que había evitado esta conversación durante tanto tiempo.
—Estoy muy cansada. Me voy a la cama.
—¡Pero Emily! —Intentó detenerla, frenética—. ¡Tenemos que hacer planes! ¡Tenemos que celebrar! ¡Mañana voy a preparar una cena especial para…!
—Mañana —interrumpió, dirigiéndose hacia la puerta de la cocina. Aunque avanzaba despacio, lo que quería era huir de ahí y hundirse en su cama a llorar por horas—. Podemos hablar mañana .
Mientras avanzaba por el pasillo como una sonámbula, Emily escuchó a Claire continuar hablando con Lucas sobre planes y celebraciones y todo lo que tendrían que hacer para prepararse para Berkeley. No escuchó la voz de su padre en respuesta.
Casi en la puerta de su habitación, se encontró con Indie parada junto a la suya, esperándola. Por un instante le pareció que su hermana estaba más alta que de costumbre.
—¿Realmente vas a ir a California? —preguntó Indie en voz baja.
Emily se detuvo al ver la confusión y algo parecido a la traición en los ojos de su hermana menor.
—Sí —susurró Emily—. Creo que sí.
Indie asintió, como si estuviera procesando información que no sabía cómo manejar.
—¿Y Rory?
Emily sintió que las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.
—No lo sé, Indie. Honestamente, no lo sé.
Su hermana menor la observó un momento más, luego se acercó y la abrazó con la fuerza torpe y sincera de quien todavía no ha aprendido a contener el amor cuando duele.
—Te voy a extrañar —murmuró contra el hombro de Emily.
—Yo también te voy a extrañar, enana —respondió Emily, intentando contener sus sollozos—. Más de lo que puedes imaginar.
Indie la estrechó con más fuerza. Permanecieron así por minutos y una vez se distanciaron, se miraron a los ojos y resolvieron volver a su habitación, ya habían tenido suficiente por esa noche.
Mientras Emily entraba a su dormitorio, pudo escuchar las voces elevadas de sus padres en la cocina.
No podía distinguir las palabras exactas, pero el tono era inconfundible: Lucas estaba enojado y Claire estaba siendo defensiva.
Cerró la puerta de su habitación y se dejó caer en su cama, sintiéndose como si hubiera envejecido años en el transcurso de una sola noche.
Afuera, comenzó a nevar nuevamente, y Emily observó los copos caer más allá de su ventana, pensando en cómo cada uno seguía su propio camino impredecible hacia el suelo.
Era extraño, pensó, cómo una decisión que se suponía que debía sentirse como libertad podía sentirse tanto como una pérdida.
Notó cómo de un momento a otro la casa volvía a enmudecer y no pudo negarse que el silencio le produjo alivio.
¿No se supone que ir a Berkeley era lo que todos querían?
¿Entonces por qué Lucas estaba atónito e Indie decepcionada?
Solo Claire parecía frenética con ese anuncio, pero…
¿Feliz por ella? Justo en ese instante lo dudaba.
El único, el único que había sentido dicha por ella de corazón, era el chico al que perdería gracias a su genial idea de irse a California.
California. Esa noche, con todo ese dolor desgarrándole el corazón, hasta la palabra parecía perder sentido y significado.
Se sentía como algo no perteneciente. Emily se quedó despierta mucho tiempo después de eso, contemplando el techo de su habitación y preguntándose si había tomado la decisión correcta o si acababa de cometer el error más grande de su vida.
No había manera de saberlo todavía. Solo quedaba tiempo, y esperanza, y la terrible certeza de que algunas elecciones, una vez hechas, cambiaban todo para siempre.
Ahora mismo lo estaba experimentando y solo habían pasado un poco más de 24 horas desde que hizo su elección.
Abajo, en la cochera, la discusión que Emily había dado por finalizada estalló con toda la fuerza que Lucas había estado conteniendo desde el momento en que Claire había comenzado a gritar.
—¿En qué estás pensando? —preguntó Lucas, cerrando la puerta que conectaba la cochera con la trastienda para asegurar que las niñas no pudieran escuchar—. ¿En qué demonios estás pensando, Claire?
—¿De qué hablas? —Ella se había apoyado contra el auto, con los brazos cruzados y una expresión defensiva propia de alguien que sabe que ha hecho algo mal, pero no quiere admitirlo.
—Hablo de la manera en que trataste a Emily ahí adentro. Hablo de las acusaciones que le hiciste. Hablo de cómo la hiciste sentir como si hubiera cometido algún crimen horrible cuando todo lo que hizo fue salir a hablar con su novio.
—Lucas, ella salió sin permiso…
—¡Ella tiene dieciocho años! —La voz de Lucas se elevó más de lo que pretendía—. ¡No es una niña pequeña que necesita supervisión constante!
—¡Precisamente! —Claire se apartó del auto con una postura combativa que Lucas había llegado a reconocer como señal de problemas—.
No es una niña pequeña. ¡A su edad ya debería empezar a actuar con responsabilidad!
¿Te imaginas lo que pudo haber pasado con el pavimento cubierto de hielo, en mitad de la noche, al atravesar una de las calles que llevan a ese maldito teatro que parece haberlos embrujado a todos ustedes?
¡Ya no está en edad de estar a merced de sus hormonas adolescentes!
Lucas la miró con incredulidad.
—¿Hormonas adolescentes? Claire, Emily acaba de tomar la decisión más madura y difícil de su vida. Acaba de elegir su futuro académico por encima de la comodidad emocional. ¿Cómo puedes reducir eso a algo tan básico como las hormonas?
—Porque si no fuera por Rory Luna, nunca habría dudado sobre Berkeley en primer lugar —respondió Claire—. Porque sin esa… distracción , esta decisión habría sido obvia desde el principio.
—¿Distracción? —Lucas sintió algo peligroso revolviéndose en su pecho—. ¿Le estás diciendo distracción al hecho de que nuestra hija está enamorada?
—Le estoy diciendo distracción al hecho de que está permitiendo que una relación adolescente influya en decisiones que van a determinar su carrera profesional.
Lucas se quedó en silencio por un momento, tratando de procesar no solo las palabras de Claire, sino la frialdad con la que las había dicho.
—¿Sabes lo que me molesta? No es que tengas opiniones sobre las decisiones de Emily. Es que estés tan dispuesta a celebrar algo que claramente la está destrozando.
—No la está destrozando…
—¡Claire! ¡La viste! ¡Viste su cara! ¡Esa no era la cara de alguien celebrando una victoria! ¡Esa es la cara de alguien que acaba de perder algo que amaba!
Claire guardó silencio por un momento y Lucas esperó que tal vez, finalmente, ella mostraría algo de comprensión por lo que Emily estaba enfrentando.
En lugar de eso, cuando habló, su voz tenía esa calidad fría, como si en ese instante hubiera decidido que tenía razón y que cualquier argumento en contra era debilidad:
—A veces —dijo— tenemos que perder cosas que amamos para ganar cosas que necesitamos.
—¿Y quién decide qué es lo que necesita? —preguntó Lucas—. ¿Tú? ¿Por qué tienes que ser tú quien decide qué es lo mejor para Emily?
—Porque soy su madre y porque tengo la experiencia suficiente para saber que el amor de los dieciocho años raramente sobrevive a la realidad del mundo adulto.
Lucas sintió como si le hubieran dado una bofetada.
—¿Eso es lo que piensas? ¿Que lo que Emily siente por Rory no es real?
—Pienso que Emily es una chica inteligente que está permitiendo que las emociones nublen su juicio y pienso que alguien tiene que protegerla de cometer errores que va a lamentar por el resto de su vida.
—¿Como cuáles? —Se encimó un poco sobre ella. Identificó algo en su voz que hizo que Claire retrocediera—. ¿Como casarse joven? ¿Como no ir a la universidad? ¿Como quedarse en un pueblo pequeño con alguien que ama?
La implicación estaba ahí, entre ellos, como una acusación mutua. Lucas vio cómo Claire se daba cuenta de lo que él había sugerido.
—Eso es diferente —dijo ella en voz baja, casi con vergüenza.
—¿Diferente cómo?
—Nosotros somos diferentes. Nosotros vivimos otra época. ¡Emily tiene oportunidades que nosotros nunca tuvimos!
—Emily tiene oportunidades que tú nunca tuviste —corrigió Lucas— y aparentemente, estás decidida a asegurar que las tome, sin importar el costo emocional y material de eso.
Ella se quedó en silencio por un momento y Lucas pudo ver que había tocado algo profundo e incómodo.
—Claire, Berkeley va a costar cuarenta mil dólares al año o más. Lo sabes, ¿verdad?
Y ahí estaba. La realidad que habían estado evitando, la conversación que habían estado posponiendo, la verdad que hacía que toda la celebración de Claire fuera no solo prematura, sino potencialmente catastrófica.
—Lo sé —dijo ella en un tono imperceptible que no había usado en toda la noche.
—¿Y cómo propones que paguemos eso?