Capítulo 19
I
El aire de febrero seguía cortando como cristal roto cuando Emily llegó a casa, las mejillas ardiendo por el frío y por algo más profundo que nada tenía que ver con la temperatura.
La casa y la librería de los Harper se alzaban ante ella con la familiaridad reconfortante de siempre, aunque esa noche todo parecía distinto, como si cruzar el umbral fuera a transformarla.
Cuando atravesó la trastienda y llegó a la librería, la luz cálida del local la recibió junto con algo que reconoció: Claire estaba de pie junto a la escalera de caracol que subía al primer piso, con los brazos cruzados y esa postura tensa que asumía cuando había estado esperando demasiado tiempo para tener una conversación que no quería tener.
—Emily Rose Harper —dijo sin moverse, y la chica sintió que el estómago se le contraía al oír su nombre completo pronunciado con una precisión fría, inequívoca señal de problemas serios—. ¿Te importaría explicarme dónde has estado durante las últimas tres horas?
Emily cerró la puerta del depósito detrás de ella y se quitó el abrigo, tratando de ganar tiempo para encontrar una respuesta que no fuera mentira, pero que tampoco revelara más de lo que estaba preparada para compartir.
—Salí a dar una vuelta —dijo, colgando el abrigo en el gancho junto a la escalera.
—¿Una vuelta? —Claire se movió despacio. Emily pudo ver en su rostro que había estado imaginando escenarios cada vez más dramáticos durante su ausencia—. ¿Una vuelta de tres horas en una noche de febrero cuando la temperatura está bajo cero?
—Necesitaba pensar —murmuró Emily, subiendo las escaleras, con la esperanza de que Claire interpretara el gesto como casual y no como la evasión desesperada que realmente era.
—¿Pensar en qué? —La voz de Claire, siguiéndole los pasos, había adquirido esa calidad cortante que aparecía cuando sentía que no estaba obteniendo respuestas satisfactorias—. ¿Y por qué tenías que hacer esa reflexión fuera de casa, sola, sin decírselo a nadie?
Emily, en la cocina, abrió el refrigerador y fingió buscar algo, para evitar hacer contacto visual con su madre. Podía sentir la tensión escalando en la habitación como vapor de agua caliente.
—Mamá, estoy bien. Llegué a casa sana y salva. No pasó nada.
—¡Esa no es la cuestión, Emily! —La voz de Claire se elevó, transformándose de esa frialdad controlada a algo más cercano a la histeria—.
¡La cuestión es que tienes dieciocho años, que son casi las doce de la noche, que hay nieve en las calles y que saliste de esta casa sin decir palabra a nadie sobre tus planes!
Emily cerró el refrigerador y se volvió hacia su madre, sintiendo cómo la culpa y la frustración se transformaban en incomodidad dentro de su pecho.
—Mamá, no hay necesidad de gritar…
—¡Hay toda la necesidad del mundo de gritar!
—Claire se acercó más y Emily pudo ver en sus ojos esa mezcla de preocupación genuina y furia maternal que aparecía cuando sentía que su autoridad había sido desafiada—.
¡Porque las conversaciones normales no están funcionando contigo!
¡Porque te estás comportando como si las reglas de esta casa no se aplicaran a ti!
El volumen de la discusión había aumentado lo suficiente como para que Emily escuchara movimiento en el pasillo. Pasos ligeros que reconoció como los de Indie, despierta por los gritos y tratando de determinar si debía asomarse a investigar.
—Claire, ¿qué está pasando? —La voz de Lucas llegó desde la sala, seguida por el sonido de pasos que se acercaban a la cocina.
—Tu hija —respondió Claire sin apartar la mirada de Emily— decidió salir esta noche sin decir nada y regresar como si fuera normal preocupar a toda la familia.
Lucas apareció en el umbral de la cocina, con el cabello revuelto y expresión de alguien que había estado dormitando en su sillón mientras leía. Su mirada se movió entre Claire y Emily, evaluando la situación.
—Em, ¿dónde estabas? —preguntó, y Emily agradeció su actitud: preocupación sin histeria, interés genuino, sin acusación.
—Fui al teatro —admitió Emily, decidiendo que parte de la verdad era mejor que seguir evadiendo—. Necesitaba hablar con Rory sobre algo importante.
El silencio que siguió fue tenso y cargado. Emily vio cómo la expresión de Claire se transformaba, pasando de furia general a algo más específico y peligroso.
—Por supuesto —había veneno en la voz de su madre—. Por supuesto que tenías que correr a ver a Rory. ¿Y qué era tan urgente, Emily? ¿Qué era tan importante que no podía esperar hasta mañana?
Emily sintió como si estuviera caminando sobre hielo que se agrietaba bajo sus pies. No existía manera de explicar la conversación que había tenido con Rory sin revelar todo lo que evitaba discutir con su familia.
—Era algo personal —susurró.
—¡Personal! —Claire soltó una risa que no tenía nada de humor—. ¿Personal cómo, Emily? ¿Personal como cosas que una chica de dieciocho años no debería estar discutiendo a solas con un chico en un teatro vacío a las once de la noche ?
La implicación estaba ahí, flotando en el aire entre ellas como una acusación venenosa, y Emily sintió que el calor subía por su cuello.
—Mamá, no es lo que estás pensando…
—¿No? —Claire se acercó más—. ¿Entonces qué es, Emily? ¿Qué es tan personal que requiere estas visitas nocturnas? ¿Qué es tan urgente que no puede esperar hasta que sea apropiado?
—¡Claire! —La voz de Lucas cortó el aire con una autoridad que Emily raramente había escuchado de su padre—. Para .
Se volvió hacia él con expresión de indignación.
—¿Me estás diciendo que pare? Lucas, tu hija está…
—Mi hija está parada ahí escuchando cómo su madre la acusa de cosas que no tienen base en nada más que tu imaginación. —Lucas se adentró en la cocina, posicionándose entre Claire y Emily—. Y mi otra hija está ahí, en el pasillo, despierta por los gritos, asustada.
Como si hubiera sido convocada por sus palabras, Indie apareció en la entrada de la cocina, descalza y en pijama, con el cabello revuelto por el sueño y expresión de alarma genuina.
—¿Qué está pasando? —preguntó con voz pequeña, sus ojos moviéndose entre los tres adultos y la tensión palpable que llenaba la habitación.
Emily sintió una oleada de culpa al ver a su hermana menor parada allí, confundida y preocupada. Todo esto era culpa suya. Su decisión, su secreto, su incapacidad para manejar las cosas mejor.
—No pasa nada, cariño —dijo Lucas con gentileza—. Vuelve a la cama. Es muy tarde.
—Pero mamá estaba gritando…
—Tu madre estaba preocupada porque Emily llegó tarde —explicó Lucas—. Pero ya está en casa y todo está bien.
Indie no se movió. En lugar de eso, miró a Claire con una expresión que Emily reconoció: esa mirada de juicio que Indie reservaba para situaciones que consideraba injustas.
—Mamá, Emily no hizo nada malo —dijo con una determinación que parecía ser muy suya.
La altivez de la chica de doce años no solo dejó un poco perpleja a Claire, también a los otros dos y Lucas supo, en ese instante como nunca, que no mentía cuando aseguraba que Índigo no era Emily.
Que su hija menor no sería una adolescente como cualquier otra—. ¡No tenías que gritarle así!
—Indie, no es tu lugar…
—¡Desde luego que es mi lugar! —La contradijo en el acto—. ¡Vivo aquí, así que es mi lugar! ¡Y no me gusta que le grites a mi hermana! ¡No me gusta que seas injusta con ella! ¡Lo odio!
—Indie —interrumpió Lucas antes de que Claire pudiera contraatacar, tomando a su hija por los hombros con amor para intentar calmarla—.
Ve a la cama. —Se miraron a los ojos. Los de ella tenían esas motas doradas contundentes que brillaban llenas de rabia—.
Ve a la cama, princesita, ¿sí? Mañana hay que ir a la escuela temprano.
El tono de su padre hizo que Indie entendiera que esta no era una sugerencia, pero antes de volverse para irse, dirigió una mirada más a Claire que comunicaba su desaprobación.
Una vez que escucharon los pasos de Indie perdiéndose a lo largo del pasillo, Lucas se volvió hacia Claire con expresión seria.
—Esto no está bien —dijo en voz baja—. La manera en que le hablaste a Emily no está bien.
—Lucas, ella salió sin permiso…
—Ella salió a hablar con su novio sobre algo que obviamente la estaba molestando. ¿Desde cuándo eso es un crimen?
Emily, que había estado observando el intercambio en silencio, sintió que este era el momento. Si iba a hacerlo, tenía que ser ahora, mientras sus padres estaban distraídos con su propia discusión .
—Envié la respuesta a Berkeley —dijo súbitamente.
Las palabras cayeron en la cocina como una bomba silenciosa.
Tanto Lucas como Claire se volvieron hacia ella, sus propias discusiones olvidadas ante la magnitud de lo que acababa de anunciar.
El padre creyó entender la naturaleza de su tristeza y el porqué de su urgencia. Las cartas estaban echadas.
—¿Qué? —susurró Claire.
—Envié la respuesta de aceptación a Berkeley —repitió Emily, y su voz sonaba extraña, incluso para ella misma, como si perteneciera a otra persona—. Ayer. Fui a decírselo a Rory. Ya está hecho.
El silencio que siguió fue absoluto. Emily pudo escuchar el sonido del Kit-Cat Klock abajo, como eterno centinela de la librería, el rumor suave del refrigerador, incluso su propio latido acelerado, pero lo que más la perturbó fue ver cómo la expresión de Claire se transformaba lentamente.
La furia que había estado dominando su rostro se desvaneció, reemplazada por algo que Emily no había visto antes: una especie de euforia contenida que hizo que sus ojos se iluminaran de manera casi frenética.
—¿Berkeley? —repitió Claire, y su voz había cambiado, adoptando un tono de incredulidad gozosa—. ¿Realmente enviaste la respuesta a Berkeley?
Emily asintió, sintiendo como si estuviera observando la reacción de su madre desde una gran distancia.
—Sí.
Claire se llevó las manos a la boca, como si tratara de contener una exclamación, pero Emily pudo ver la sonrisa que comenzaba a formarse detrás de sus dedos.