No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 18 #5
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Capítulo 18 #5

Mientras Daniel se alejaba hacia su sedán plateado, Fiona se dirigió hacia su propio auto, sintiendo que la reunión había sido productiva.

Daniel Ashford era un profesional competente con motivaciones personales comprensibles para este proyecto específico.

Su enfoque poco convencional, pero efectivo, sería lo que necesitaban para convencer al consejo municipal.

III

El mundo exterior se sentía suspendido entre el invierno que se despedía y la primavera que apenas se insinuaba en el aire.

La lámpara de escritorio en la habitación de Emily creaba un círculo dorado de luz sobre el pequeño mueble donde su computador Dell humeaba suavemente, la pantalla LCD iluminando dos sobres que descansaban junto al teclado como centinelas silenciosos de su futuro.

Berkeley. UNM.

Las palabras parecían palpitar cada vez que Emily las releía, promesas y temores enredados en un nudo que le apretaba el pecho. Llevaba tres horas frente al cursor parpadeante, intentando escribir una carta que sabía que podía deshacer, o redefinir, los últimos dos años de su vida.

Afuera, Willowbrook dormía bajo una fina capa de nieve que había caído durante la tarde, y Emily podía ver su propio reflejo fantasmal en la ventana: una chica de dieciocho años que se había convertido en mujer sin darse cuenta, enfrentando la primera decisión adulta de su vida.

Sus dedos se movieron hacia el sobre de Berkeley, tocando la superficie lisa del papel oficial con el logotipo de la universidad impreso en relieve.

University of California, Berkeley. Office of Undergraduate Admissions .

Las palabras habían perdido su novedad durante los días que había escondido el sobre de Claire hasta que había reunido el valor para enfrentar lo que significaba.

Querida señorita Harper, había comenzado la carta . Nos complace informarle que ha sido aceptada en la Universidad de California, Berkeley, para el semestre de otoño 2008 .

Nos complace. Como si la aceptación fuera un regalo simple, algo que se podía desenvolver y disfrutar sin consecuencias. Como si no supiera que aceptar significaría dejar atrás todo lo que había llegado a definir quién era durante los últimos años.

Emily cerró los ojos y permitió que su mente se llenara con imágenes de Rory: su sonrisa cuando la veía esperándolo después de clases, la manera en que sus manos se entrelazaban cuando caminaban juntos, el sonido de su risa cuando ella decía algo que lo sorprendía.

La forma en que la miraba cuando pensaba que ella no se daba cuenta, como si no pudiera creer que fuera suya.

Y físicamente… Emily sintió calor subiendo por su cuello al recordar la manera en que habían aprendido a conocerse durante los últimos meses.

No había sido precipitado ni irresponsable; había sido la progresión natural de un amor que había crecido desde la amistad genuina hacia algo más profundo y significativo.

Rory era cuidadoso con ella, reverente, como si entendiera que lo que compartían era precioso y frágil.

Pero también sabía, con esa claridad terrible que viene con los momentos de decisión importantes, que el amor no siempre era suficiente. Que a veces las mejores decisiones eran las que dolían más en el momento presente.

Berkeley representaba oportunidades imposibles de replicar en Nuevo México.

Programas académicos que la empujarían más lejos de lo que UNM podía llevarla.

Conexiones profesionales capaces de moldear el resto de su carrera.

La posibilidad de convertirse en esa versión de sí misma que apenas alcanzaba a vislumbrar.

«Tienes que pensar en tu futuro, Emily» Había dicho Claire esa mañana en el desayuno, con la firmeza que mostraba cuando estaba convencida de tener razón.

«Berkeley es una oportunidad que no se presenta dos veces y no tienes que preocuparte por el aspecto financiero.

Tu padre y yo hemos estado ahorrando para esto desde que eras pequeña.

Tenemos más que suficiente para cubrir todos los gastos».

Emily había asentido, sintiendo alivio y gratitud hacia sus padres por haber hecho posible que ella pudiera elegir basándose en lo que quería, no en limitaciones económicas.

La beca parcial que había recibido ayudaría, pero saber que su familia tenía los recursos para complementar lo que la beca no cubría la tranquilizaba.

Sus padres habían trabajado duro para darle esta oportunidad y rechazarla se sentiría como traicionar todos sus sacrificios.

Aunque había notado que su padre parecía más preocupado de lo usual.

Disperso durante las cenas familiares, taciturno cuando normalmente era él quien mantenía las conversaciones fluidas, pero Emily había atribuido eso a las tensiones normales de manejar un negocio, en especial durante los meses de invierno, cuando las ventas en la librería disminuían.

Su dedo trazó el borde del sobre de UNM, más pequeño, menos formal, pero cargado de diferentes tipos de promesas.

University of New Mexico. Albuquerque . A menos de dos horas de Willowbrook.

Lo suficientemente cerca para que Rory pudiera visitarla los fines de semana, para que ella pudiera volver a casa cuando quisiera ver a Indie, para que su relación tuviera una oportunidad real de sobrevivir la transición a la universidad.

Rory había estado trabajando para conseguir la transferencia a UNM para su segundo año.

Había visto las notas que dejaba por toda su habitación, recordatorios de fechas límite para solicitudes de becas, cronogramas de estudio que lo mantenían despierto hasta las primeras horas de la mañana.

Todo por la posibilidad de estar cerca de ella, de construir un futuro juntos .

Y ella lo amaba por eso. Lo amaba por su determinación, por la manera en que había reorganizado toda su vida alrededor de la posibilidad de estar con ella, pero también sabía que era esa devoción lo que hacía que su decisión fuera tanto más importante.

Si se quedaba en Nuevo México, estaría eligiendo la comodidad sobre el crecimiento.

Estaría eligiendo el presente conocido sobre el futuro desconocido y aunque una parte de ella deseaba hacer eso, otra parte más profunda sabía que se arrepentiría por el resto de su vida si no se daba la oportunidad de descubrir quién podría llegar a ser lejos de todo lo familiar.

Emily abrió los ojos y miró la pantalla de la computadora. El cursor seguía parpadeando pacientemente, esperando que encontrara las palabras para cambiar su vida.

Pensó en Indie, que había estado experimentando con arreglos musicales, empujando los límites de lo que creía posible.

Pensó en Rowan, que había recibido un bajo eléctrico para su cumpleaños y estaba aprendiendo a traducir todo lo que sabía del contrabajo clásico a un instrumento diferente.

Su hermana y su amiga estaban creciendo, evolucionando, tomando riesgos creativos que las llevaban hacia territorios inexplorados.

¿No se debía a sí misma la misma valentía?

Sus dedos encontraron el teclado y comenzó a escribir:

Estimados miembros del Comité de Admisiones de la Universidad de California, Berkeley:

Me dirijo a ustedes para confirmar formalmente mi aceptación de la plaza que me han ofrecido para el semestre de otoño 2008. Es con gran emoción y gratitud que acepto esta oportunidad de continuar mi educación en una institución de tan alto prestigio académico.

Cada palabra se sentía como una pequeña traición y una pequeña liberación al mismo tiempo. Emily sabía que estaba escribiendo el final de un capítulo de su vida que había sido hermoso y seguro, y el comienzo de algo que la aterraba tanto como la emocionaba.

Cuando terminó la carta, se quedó sentada en el silencio de su habitación, contemplando las palabras en la pantalla. En menos de una hora, habría cambiado el curso de su vida y la de Rory irrevocablemente, pero por primera vez en semanas, se sentía en paz con su decisión.

Berkeley no representaba una elección contra Rory. Representaba una elección por la versión de sí misma que aún no conocía, pero que intuía que valía la pena descubrir y, si su amor era tan real como creía que era, encontraría la manera de sobrevivir la distancia y el tiempo.

Emily leyó el email una vez más, sus ojos recorriendo cada palabra en la pantalla azul de Outlook Express . Su cursor se movió lentamente hacia el botón «Enviar», pausando por un momento sobre las letras blancas contra el fondo azul que cambiarían todo con un simple clic.

Respiró y presionó el botón.

La pantalla mostró el mensaje «Su mensaje ha sido enviado» y Emily experimentó en su propio cuerpo cómo una persona puede ser presa del alivio y del pánico casi al mismo tiempo.

Ya estaba hecho. No había vuelta atrás, no había tiempo para reconsiderar.

En este momento, en algún lugar en California, su aceptación estaba llegando a la bandeja de entrada de la Universidad de California, Berkeley.

Se quedó mirando la pantalla por un largo momento.

Así que de esa forma se veía un camino sin retorno posible.

¿Quién lo diría? Cerró el computador y se dirigió hacia su cama, sabiendo que esta noche se permitiría lamentar el final de la época más feliz que había conocido hasta ahora y también celebrar el comienzo de lo que esperaba sería la aventura más importante de su vida.

El aire de febrero cortaba como cristal roto mientras Emily pedaleaba por las calles desiertas de Willowbrook, cada respiración formando pequeñas nubes que se disolvían en la noche helada.

Sus manos, aferradas al manillar de su bicicleta, estaban entumecidas a pesar de los guantes, pero el frío físico era nada comparado con la sensación de vacío que se había instalado en su pecho desde que había presionado «Enviar» veinticuatro horas antes.