No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 18 #4
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Capítulo 18 #4

Durante los siguientes quince minutos, la reunión procedió con la eficiencia típica de Davies: revisión de costos, cronogramas potenciales, fuentes de financiamiento federal y estatal, requisitos de documentación histórica.

Daniel respondía a cada pregunta con el tipo de precisión técnica que impresionaba a la concejal, pero Fiona notó que había momentos en los que sus respuestas contenían algo más allá de simple conocimiento profesional.

—¿Y el cronograma para la presentación al consejo municipal? —preguntó Davies, consultando su agenda.

—Podría tener todo listo para la primera reunión de febrero —respondió Daniel—. Pero me gustaría incluir algo más que simples números y proyecciones técnicas.

—¿Qué tiene en mente? —Fiona se inclinó hacia delante, curiosa.

—Me gustaría contar la historia del teatro. No solo su valor arquitectónico, sino su importancia cultural para la comunidad. Los edificios son importantes, pero las historias que contienen son lo que justifica preservarlos.

Davies asintió con aprobación profesional y Fiona encontró la propuesta inteligente desde una perspectiva municipal. Una presentación que conectara emocionalmente con el consejo sería mucho más efectiva que simples números.

Fue entonces cuando el teléfono de Davies comenzó a sonar con la insistencia que caracterizaba las emergencias municipales.

—Disculpen —dijo, mirando la pantalla con expresión alarmada—. Es el alcalde Morrison. Debe ser sobre la situación del presupuesto de obras públicas que está programada para discusión el lunes.

Se puso de pie mientras contestaba la llamada y Fiona pudo escuchar fragmentos de una conversación que requería la atención inmediata de Davies.

—¿Ahora? —Davies consultó su reloj—. Entiendo. Sí, puedo estar allí en diez minutos.

Colgó y se volvió hacia Daniel y Fiona con una disculpa profesional ya dibujada en el rostro, como cada vez que las obligaciones municipales alteraban planes previos.

—Me temo que tengo que ausentarme. El alcalde necesita que revise algunos números presupuestarios antes de una conferencia telefónica con el departamento estatal que está programada para las cinco.

¿Podrían continuar sin mí? Fiona conoce todos los detalles administrativos mejor que yo, de todas formas.

—Por supuesto —respondió Daniel—. ¿Regresará o deberíamos programar otra reunión?

—Debería estar de vuelta en treinta minutos, cuarenta como máximo —Davies ya estaba recogiendo sus documentos—. Si terminan antes, pueden dejarme un resumen en mi oficina.

Una vez que Davies se había marchado, la sala de reuniones se sintió más espaciosa. Fiona adoptó el control de la reunión, como hacía cuando las circunstancias requerían flexibilidad administrativa.

—Bueno —dijo, revisando sus notas—. Podríamos aprovechar este tiempo para revisar los aspectos específicos que necesita para la presentación cultural.

—Perfecto —Daniel se recostó en su silla—. Aunque debo confesar que tengo una singular curiosidad sobre esos duendes que tuve la oportunidad de escuchar en mi primera visita —sus ojos brillaron como los de un niño travieso—. Los escuchaba corretear por el techo o dentro de las paredes.

La observación la tomó por sorpresa y Fiona se encontró sonriendo antes de poder adoptar una expresión profesional.

—¿Los duendes? —repitió y en un gesto que le provocó una suave risa a Daniel, Fiona se tomó la frente con la punta de los dedos mientras cabeceaba de un lado a otro—. ¿A quién se le ocurre hablar de duendes con un irlandés que además regenta un teatro de más de cien años?

—¡No tiene precio! —Su entusiasmo colmó toda la sala de reuniones y ese beige desvaído de las paredes cobró vida en segundos.

—¿Realmente planea incluir eso en una presentación municipal oficial?

—¿Por qué no? —Daniel se inclinó hacia delante con una expresión que combinaba humor con genuina curiosidad—. Un teatro que ha sobrevivido a más de un siglo de cambios culturales y económicos claramente tiene algún tipo de protección especial.

—Mi padre diría que tiene razón —admitió—. Siempre ha insistido en que el teatro tiene una personalidad propia.

—¿Y usted qué opina?

—Que la culpa es de las palomas que anidan en el techo.

La expresión de decepción de Daniel Ashford le provocó una risa contagiosa a ella, pero él no se daría por vencido:

—No, hablando en serio… —En sus ojos oscuros vio una pasión que ella casi desconocía—. ¿Usted qué opina?

Con esa mirada sobre ella, Fiona consideró la pregunta. Era una oportunidad para proporcionar información útil para la presentación, pero también se daba cuenta de que Daniel parecía interesado en su perspectiva personal.

—Creo que algunos lugares acumulan memorias más allá de lo que podemos explicar con meros tecnicismos —respondió—. El Harmony ha sido testigo de décadas de celebraciones familiares, actuaciones, momentos que marcaron la vida de muchas personas. Es posible que todo eso deje una huella.

—Exactamente —asintió con aprobación—. He trabajado en muchos proyectos de preservación y los edificios que valen la pena salvar siempre tienen esa cualidad. Una sensación de que las historias que han albergado han dejado una huella permanente.

—¿Siempre se aproxima a su trabajo desde esa perspectiva? —preguntó, curiosa sobre sus métodos.

Daniel se quedó en silencio por un momento, como si estuviera considerando cómo responder.

—Solo cuando el proyecto importa de verdad. Y este… este proyecto importa de verdad.

—¿Por alguna razón en especial?

—¿Puedo contarle algo que no incluiré en la presentación oficial?

Fiona asintió, reconociendo que información adicional siempre podía ser útil para entender las motivaciones de un consultor .

—Cuando entré al Harmony Theatre por primera vez la semana pasada, el espacio me resultó…

familiar. No sé cómo explicarlo —hizo una pausa—.

Mi esposa era violinista y solíamos frecuentar teatros históricos cuando viajábamos.

Había algo en la acústica, en la manera en que la luz se comportaba en el interior, que me recordó por qué esos espacios son importantes.

—¿Su esposa también trabaja en preservación? —preguntó, asumiendo una conexión profesional.

—Trabajaba —corrigió—. Falleció hace tres años.

El silencio que siguió fue respetuoso. Fiona sintió una comprensión inmediata de por qué Daniel podría sentir una conexión especial con proyectos que preservaban espacios donde la música había florecido.

—Lo siento. Debe ser significativo trabajar en la preservación de lugares donde ella habría encontrado inspiración.

—Sí, y curiosamente, es la primera vez en tres años que puedo estar en un teatro histórico sin sentir pérdida. Hay algo en la vitalidad continua del Harmony, en saber que sigue siendo un espacio activo para la comunidad, que lo hace sentir esperanzador.

Fiona asintió. Evidentemente, Daniel tenía motivaciones personales para este proyecto que iban más allá del simple profesionalismo, lo cual explicaba su dedicación excepcional al caso.

—El teatro ha sido fundamental para nuestra familia también —compartió—.

Especialmente después de que mi esposo desapareció —los ojos oscuros de Daniel estudiaron cada milímetro de su rostro—.

Mis hijos encontraron en ese espacio una forma de conectarse con la música y el arte cuando todo lo demás se sentía incierto.

—¿Sus hijos son músicos?

—Mi hija menor. Rowan toca contrabajo y su mejor amiga, Indie Harper, toca piano. Cuando tocan juntas en el teatro, es como si el espacio amplificara no solo el sonido, sino la conexión entre ellas.

Daniel sonrió con comprensión genuina.

—Eso es lo que los mejores teatros hacen. No solo proporcionan acústica; proporcionan un contexto donde las conexiones humanas pueden profundizarse a través del arte.

—Exacto —se encontró apreciando la comprensión intuitiva de Daniel sobre la importancia del espacio en la experiencia artística—. Por eso este proyecto es tan importante para nosotros.

—Y por eso voy a asegurarme de que tenga éxito —habló con una determinación que iba más allá del compromiso profesional—. El Harmony merece continuar siendo un lugar donde esas conexiones puedan suceder.

Ambos se sonrieron con una emoción especial. En ese momento escucharon pasos en el pasillo, indicando que Davies estaba regresando. Ambos se enderezaron, retomando posturas más formales.

—Espero que esta información sea útil para la presentación —dijo Fiona, adoptando su tono profesional.

—Absolutamente. Me gustaría incluir más detalles sobre las tradiciones familiares y comunitarias alrededor del teatro. ¿Sería posible programar otra conversación para obtener información más específica?

—Por supuesto —reconoció la utilidad práctica de proporcionar información detallada—. Cualquier cosa que pueda fortalecer la presentación .

Cuando Davies entró en la sala, encontró a Daniel y Fiona revisando los planos del teatro, discutiendo aspectos prácticos del proyecto de preservación. La reunión continuó por otros quince minutos con la eficiencia característica de la concejal, cubriendo los últimos detalles administrativos.

Al llegar la hora de despedirse en el estacionamiento del ayuntamiento, Daniel se acercó a Fiona con una sonrisa profesional pero cálida.

—Gracias por la información adicional sobre el teatro. Va a hacer que la presentación sea mucho más convincente.

—Me alegra poder ayudar —respondió Fiona—. Cualquier cosa que beneficie al proyecto…

Se estrecharon las manos, un gesto profesional apropiado, y Fiona notó nuevamente la fortaleza que evidenciaba experiencia práctica en construcción y restauración.

—Espero que podamos continuar estas conversaciones informativas —dijo Daniel, reteniendo la mano de Fiona un segundo más—. Sobre las tradiciones del teatro, por supuesto.

—Por supuesto —asintió Fiona—. El teatro tiene una historia rica que podría ser muy útil para la presentación.