Capítulo 18 #3
Fiona sintió un escalofrío de anticipación. Había escuchado a las niñas practicar durante meses, pero hacía tiempo que no presenciaba una de sus colaboraciones musicales completas y algo en como hablaban de esta pieza sugería que habían llegado a un nuevo nivel de sofisticación artística.
—La pieza original es para piano solo —explicó Indie, posicionando sus manos sobre las teclas—, pero Rowan creó una línea de bajo que… que es como si la música siempre hubiera estado esperando esa voz adicional.
Era una descripción tan poética que incluso Lucas, con su actual tendencia a evitar profundidades emocionales, se inclinó hacia delante con atención completa.
Indie comenzó con los primeros acordes de la pieza y la buhardilla se transformó.
La melodía de Yann Tiersen tenía esa cualidad cinematográfica que hacía que incluso los espacios familiares se sintieran cargados de posibilidad narrativa.
Era melancólica, pero esperanzadora, simple, pero emotiva, el tipo de música que parecía acceder a memorias de la infancia y sueños del futuro simultáneamente.
Fue cuando Rowan entró con el contrabajo que la magia comenzó. Su línea de bajo era una voz adicional que expandía la narrativa emocional de la pieza más allá de lo que cualquiera de las dos habría logrado por separado.
Durante tres años, Rowan había desarrollado una técnica de pizzicato que era suya, y ahora la aplicaba a esta música contemporánea con una sofisticación que sorprendió incluso a su propia familia.
Sus dedos danzaban sobre las cuerdas, creando una textura rítmica que sostenía la melodía de Indie mientras añadía profundidad armónica y comentario emocional.
Emily, sentada junto a Rory en el sofá, sintió lágrimas acumulándose en sus ojos sin entender por qué.
Lucas se encontró absorto en lo que estaba presenciando. No se trataba de la habilidad técnica de las niñas, aunque esa era impresionante; era la manera en que habían tomado una pieza de música existente y la habían transformado en algo suyo.
Cormac observaba con un asombro contenido, el que le nacía cuando presenciaba algo excepcional. Tras décadas en el teatro había visto de todo, pero aquella interpretación, en la quietud de su buhardilla, poseía una autenticidad que ninguna función profesional había logrado igualar.
Moira había dejado de fingir que organizaba la cocina y estaba parada en el umbral, cautivada por sus nietas musicales. La expresión de Rowan mientras tocaba la hacía parecer mucho mayor que sus doce años recién cumplidos .
Fue Fiona quien tuvo la reacción más profunda.
Viendo a su hija menor y a Indie crear esta música juntas, entendió que estaba presenciando algo que definiría el resto de sus vidas.
Habían encontrado en su colaboración musical una forma de expresión que era mayor que la suma de sus partes individuales.
Cuando la pieza llegó a su conclusión, con los últimos acordes del piano de Indie flotando en el aire mientras la línea de bajo de Rowan proporcionaba una resolución que se sentía tanto como final como promesa de continuación, el silencio que siguió fue denso con significado.
—Dios mío —murmuró Emily, y su voz contenía orgullo fraternal y asombro genuino.
—¿Eso lo arreglaron ustedes mismas? —preguntó Lucas, y por primera vez en toda la tarde parecía presente, completamente comprometido con lo que estaba sucediendo frente a él.
—La línea de bajo es de Rowan —dijo Indie con orgullo—. Yo solo toqué la versión original, pero ella… ella encontró una manera de que se convirtiera en nuestra música .
Rowan se sonrojó ante el elogio, pero en su postura se advertía una nueva confianza artística. Tomó una decisión creativa significativa, y funcionó. Confió en su instinto musical y creó algo hermoso.
—Es extraordinario —dijo Fiona. Hubo algo en su voz que hizo que todos los ojos se concentraran en ella—.
No sé mucho de esto —buscó la mirada de su padre, que le sonrió e inclinó la cabeza con indulgencia, como si le dijera con esto que no se menospreciara por nada—, pero siento que lo que acaban de tocar es arte real.
No es solo habilidad técnica o imitación de algo que ya existe. Es creación original.
Indie y Rowan eran talentos jóvenes creando expresión auténtica.
Cormac se acercó al bajo eléctrico que esperaba en su soporte nuevo.
—¿Y qué planes tienes para este? —preguntó, gesticulando hacia el instrumento que representaba el futuro musical de Rowan.
—Quiero aprender lo suficiente como para poder experimentar con Indie —respondió Rowan—. Imagínate esa misma pieza, pero con bajo eléctrico en lugar de contrabajo. El sonido sería diferente, pero la conversación musical… la conversación musical sería la misma.
Lucas sintió una punzada de respeto por la profundidad del pensamiento musical de la niña.
—¿Cuánto tiempo crees que necesitarás para llegar a ese nivel? —preguntó Emily.
Rowan consideró la pregunta.
—El señor Abernathy dice que mis fundamentos con el contrabajo me van a ayudar mucho. Tal vez para el verano pueda tocar algo simple. Para mi próximo cumpleaños… —Sonrió esperanzada—. Para mi próximo cumpleaños, Indie y yo podremos tocar cualquier cosa.
Era una promesa hecha con la certeza de alguien que había aprendido a confiar en su propia capacidad de crecimiento y todos los adultos presentes la escucharon con la seguridad de que se cumpliría, porque si habían aprendido algo a sus maneras, es que Rowan Luna jamás, jamás hablaba por hablar, sin importar su edad.
Mientras la tarde de cumpleaños se extendía hacia el atardecer, con conversaciones que fluían entre música, planes futuros y la comodidad de estar rodeado de personas que se preocupaban unas por otras, Fiona se encontró observando a los jóvenes en su buhardilla con satisfacción y aprensión.
Indie y Rowan estaban sentadas junto al piano, comparando técnicas de digitación y hablando sobre posibilidades musicales futuras, absortas en la intensidad que siempre había definido su vínculo.
Emily y Rory habían encontrado una esquina privada donde conversaban en voz baja, su lenguaje corporal delatando una intimidad evidente para cualquiera que supiera cómo leer las señales.
Y Lucas continuaba en su estado de observación superficial, participando animadísimo en conversaciones con Cormac y Moira que le venían de maravilla para desentenderse por los momentos.
Fiona frunció el ceño. ¿Serían esas las responsabilidades familiares de las que había hablado esa tarde en el café cerca del ayuntamiento?
De nuevo los ojos grises de Fiona se posaron sobre las niñas.
No. Allí no había pasado nada aún, pero cuando lo musical se hacía a un lado, cuando se miraban a los ojos y se reían…
¡Allí estaban esos destellos que identificó hace mucho!
En la forma en la que Rowan inclinaba su cabeza sobre el hombro de Indie y viceversa.
En la forma en la que se rozaban las manos sobre el teclado.
Era curioso, porque no, no era la misma calidad del diálogo corporal de Emily y Rory, pero era igual de íntimo.
¡No! ¡Lo era aún mucho más! Fiona se tomó el pecho.
¿Claire lo sabría ya? ¿Habría dicho cosas horribles de sus hijos en casa y Lucas había ido corriendo, evasivo, a hablarle esa tarde para disculparse y ponerla al tanto?
Lo dudó. Si la esposa de Lucas aborreciera de ese modo a sus hijos, los Harper no estarían allí esa tarde colmándole de dicha el día a su hija, así que suspiró y trató de serenarse.
No estaba pasando nada, al menos no por ahora.
Solo se trataba de un tableau perfecto de familias en transición, de jóvenes creciendo hacia la adultez, de música como lenguaje universal que conectaba generaciones y personalidades diferentes, pero también era un momento suspendido antes de que las decisiones difíciles transformaran todo lo que habían construido juntos. La calma antes de la tormenta.
II
El viernes por la tarde, la sala del ayuntamiento recibía una luz dorada que entraba por las ventanas occidentales y templaba la severidad de las sesiones municipales.
Fiona llegó cinco minutos antes, con una carpeta llena de formularios estatales y la eficacia sobria que emergía en ella cada vez que debía enfrentarse a una reunión importante.
La concejal Davies ya estaba en su sitio, portafolio abierto, la concentración marcada en el rostro.
Su traje gris conservador armonizaba con el cabello plateado recogido en un moño impecable.
La rectitud de su postura indicaba que esperaba una sesión productiva, aunque sin complicaciones innecesarias.
—Buenas tardes, Fiona —saludó Davies cuando la vio entrar—. ¿Los formularios están listos?
—Completamente —respondió Fiona, tomando asiento frente a ella—. El departamento estatal respondió más rápido de lo que esperaba. Por lo visto, los proyectos de preservación patrimonial tienen prioridad este año fiscal.
—Excelente. Eso debería facilitar las cosas para el señor Ashford.
Fue en ese momento que Daniel apareció en el umbral de la sala y Fiona notó la presencia que traía consigo. Cuando sonrió al verlas, Fiona reconoció la misma calidez profesional que había notado en encuentros anteriores.
—Señoras —dijo, acercándose confiado—. Espero no haberlas hecho esperar.
—En absoluto —respondió Davies, adoptando su modo de reunión eficiente—. Estábamos revisando los formularios estatales que Fiona preparó. Todo parece estar en orden para proceder con la solicitud formal.
Daniel se sentó frente a ellas y abrió una carpeta que contenía lo que parecían ser planos arquitectónicos y fotografías detalladas del teatro.
—Perfecto. He estado trabajando en el análisis estructural completo desde mi visita del miércoles y tengo noticias muy alentadoras.